Por Mónica Gutiérrez.
El evangelio según Milei El evangelio según Milei
El Presidente salió a pedir paciencia. Al filo de una semana marcada por una creciente irascibilidad, Javier Milei pareció tocar tierra. Los datos oficiales que dan cuenta de la caída de la industria y de la construcción durante febrero lo pusieron de frente a una realidad que el staff gubernamental se empeña en ignorar. "Pedimos paciencia, el rumbo es correcto", concluye Javier Milei luego de reconocer que los últimos meses fueron duros.
No es poco para el libertario que viene de un raid de posteos incendiarios contra el periodismo, a quien hace responsable de las siete plagas que desafían la divinidad libertaria. Fue el Indec, no los endemoniados periodistas, el que dio cuenta de una caída de la actividad industrial del 8,7% en febrero. El primer bimestre del año acumula un retroceso del 11,9%. No hay rubro de la actividad fabril que escape a este desplome. La caída vertical de la demanda interna se combina con una mayor apertura importadora que desplaza a la producción nacional.
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Milei admite que la economía viaja a distintas velocidades. "No todos están mejor los procesos de mejora no avanzan a la misma velocidad para todos", reconoce. Aferrado a los "fundamentals", asegura que la economía "empieza a levantar vuelo".
Milei atribuye todas estas desgracias a razones estrictamente políticas. "Es el costo que dejaron los irresponsables psicópatas kirchneristas que intentaron hacer volar la economía". Se refiere a las elecciones de medio término. De la interna en lo más alto del poder, mejor ni hablar.
La corrosiva defensa que el jefe de Estado hace de su ministro coordinador se inscribe en ese pantanal. No le está siendo sencillo equilibrar las tensiones entre los vértices de lo que alguna vez, allá lejos y hace tiempo, fue su triángulo de hierro. Las revelaciones que arroja la investigación judicial en torno a las peripecias de Manuel Adorni mantienen a las audiencias pendientes de una atrapante sitcom. Los personajes que entran y salen del Adornigate sostienen en tono pochoclero las pantallas en el prime time.
Si no fuera que el asunto está arrastrando al gobierno a un lodazal, sería hasta divertido. Justo cuando Marcelo Grandio, el amigo viajero, productor contratista de la TV Pública, se llama a silencio, sale a escena la escribana de "Manu". En términos mediáticos, hay que reconocer que "nació una estrella". Extrovertida, campechana, Adriana Nevechenko entretuvo, pero no ayudó. Su aporte fue un divague, una descripción disparatada acerca de un mamarracho indigno de un funcionario de tan alto rango. Los detalles de las operaciones inmobiliarias que la profesional presentó ante la Justicia y los medios, lejos de aclarar, oscurecieron. "Que yo sepa no hubo inmobiliaria, la operación se hizo entre amigos el hijo de una de las vendedoras es amigo de Adorni". Nevechenko dijo que el departamento no se compró en 12 cuotas como se dijo, sino con una hipoteca por saldo de precio, y que "Manu" tiene que pagar los USD 200.000 en noviembre. Un crédito blandísimo si tenemos en cuenta que puso solo USD 30.000 para tomar posesión y el resto a pagar a las dos jubiladas prestamistas sin interés alguno. Amigas son los amigas.La pregunta sobre de dónde Adorni va a sacar el cash para honrar su deuda con las sexagenarias no es, obviamente, asunto de la escribana, que, locuaz hasta lo exasperante, cuanto más habla, más lo hunde.
El tren de vida de quien es "apenas un funcionario" sigue sumando opacidades. El regreso del viaje a Nueva York, en el que fue a "deslomarse", fue para la pareja en vuelo de línea. Un business one way por el que se pagaron USD 4.995 aprox. por PAX. Uno de los cuales fue saldado por Jefatura de Gabinete. El restante, con el patrimonio ganancial. El levantamiento del secreto bancario, financiero y fiscal de las cuentas de los Adorni, así como el de las cuatro susodichas jubiladas, se espera permita la trazabilidad del turbulento perfil patrimonial del ministro y su señora esposa.
Mientras estos asuntos no se resuelvan y Adorni permanezca en su cargo bajo creciente estado de sospecha, el gobierno está atrapado en arenas movedizas.
La encendida defensa del otorgamiento de créditos hipotecarios a funcionarios de alto rango, uno de los cuales fue eyectado de su puesto por la ministra Sandra Pettovello, abrió otro frente de tormenta. ¿Haber tomado ese crédito mató gente? ¿Violenta el derecho a la vida? No ¿Alguien perdió la libertad por eso? preguntó Milei a sus entrevistadores de la TV Pública, que lo miraban arrobados. En el evangelio según Milei, no se vulneraron los valores morales porque "no hubo daño a nadie". El marco moral con el cual se maneja Milei es estrecho. El ejercicio del poder político demanda otros parámetros. No todo lo que no mata es éticamente neutro. No todo lo legal es ético. No todo lo moralmente aceptable encuadra dentro de la ética. Las defecciones éticas tienen consecuencias políticas. El gobierno, que ya debería saberlo, pide paciencia, pero sus funcionarios se manifiestan ansiosos por resolver sus situaciones personales en un contexto de dificultad y carencia.
El análisis ético de las conductas de los funcionarios públicos introduce una dimensión filosófica. La moral muchas veces se presenta como certeza: "esto es bueno y esto es malo". La ética, en cambio, introduce duda y argumentación. Por eso, cuando en política alguien apela a la superioridad moral, suele apoyarse en un marco moral dado; pero el debate público serio debería moverse en el terreno ético, donde las afirmaciones se justifican y se discuten. La ética pública no mide solo daño: mide privilegio y ejemplaridad. Ese choque entre discurso y conducta es lo que, en ética pública, se llama disonancia normativa. No siempre una conducta es ilegal, pero puede ser lesiva para la credibilidad.
Ya sobre el final de una semana de furia para la narrativa presidencial, cabe preguntarse si el recurso del odio encuadra en el marco moral que pretende imponer Milei. Si el NOLSALP no odiamos lo suficiente a los periodistas, la consigna con la que desde lo más alto del poder se instiga a odiar a los periodistas, resiste la cuestión moral con la que nos fatiga el primer mandatario. La actitud odiante con la que Milei impregna sus batallas no mata, pero tiene potencialidad para dañar de manera irreversible la credibilidad, el trabajo, la vida y la salud de quienes son sometidos a su escarnio.
El poder político no solo administra recursos: administra ejemplos, coherencia. La ejemplaridad es una forma silenciosa de autoridad. Cuando se pierde, no hay relato que la sustituya.
Fuente:Infobae.








