Por Lucas Klobovs.
Milei dijo que hay gente que sufre: los datos explican por qué tuvo que decirlo Milei dijo que hay gente que sufre: los datos explican por qué tuvo que decirlo
En una entrevista en la TV Pública, Javier Milei dijo algo que hasta ahora había evitado decir: que hay gente que sufre, que está mal, y que eso hay que reconocerlo.
Para un presidente que construyó buena parte de su identidad comunicacional sobre la certeza del rumbo, la intolerancia al relato del dolor ajeno y la seguridad absoluta del éxito económico, la frase no es menor. Es una señal. Y como toda señal, merece ser leída en contexto.
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Lo que muestran los números
El último relevamiento mensual de QSocial registra, por tercera vez consecutiva, una caída en la evaluación positiva de la situación del país. Y los valores alcanzados son los más bajos desde el inicio de la serie histórica.
La evaluación negativa de la economía nacional subió doce puntos y se ubica en el 48%. Pero quizás el dato más significativo no es el presente, sino la percepción del futuro: el escepticismo sobre lo que viene pasó del 36% al 52%. Más de la mitad de los argentinos ya no cree que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Eso es un cambio de estado de ánimo, no solo de opinión.
Los números de la vida cotidiana explican por qué. El 79% señaló que los precios aumentaron mucho o bastante en el último mes, diez puntos por encima de lo registrado treinta días antes. El endeudamiento creció: a comienzos de año, el 53% decía que su nivel de deuda había aumentado mucho o bastante; ahora, ese número llegó al 67%.
El 79% tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes. El consumo de ropa o calzado cayó al 21%, el valor más bajo de toda la serie. Siete de cada diez argentinos necesitan algún mecanismo para financiar sus gastos cotidianos. Más del 60% registró algún despido en su círculo cercano en los últimos tres meses.
La paciencia social se resquebraja
Hay una variable que el Gobierno debería mirar con particular atención: lo que en QSocial llamamos paciencia social, es decir, la creencia de que el esfuerzo que está haciendo la sociedad hoy es un sacrificio que valdrá la pena mañana. Esa creencia cayó del 42% al 35%.
Y lo que hace al dato especialmente relevante es dónde se registraron las caídas: no solo en la oposición o en los sectores críticos del Gobierno, sino también dentro del electorado afín. Cuando la paciencia se erosiona entre los propios convencidos, la señal es más seria que cualquier otro dato.
El programa económico de Milei siempre tuvo una lógica implícita que la sociedad aceptó, en distintas proporciones: el ajuste duele ahora, pero hay un beneficio futuro que lo justifica. Esa ecuación es la que está siendo cuestionada. No necesariamente porque la gente haya abandonado el apoyo al rumbo, sino porque el horizonte del alivio se percibe cada vez más lejano.
El vínculo que se enfría
Los indicadores económicos son una parte del problema. La otra es más difícil de gestionar: el vínculo afectivo con el Presidente.
El índice que QSocial construye para medir esa dimensión registró una nueva caída y tocó uno de los valores más bajos de toda la serie. Pero el agregado no es lo más informativo: lo son los subíndices. Los que más se resienten en este momento son dos: el de empatía, que mide la capacidad del presidente para ser percibido como un líder cercano y sensible a lo que vive la gente; y el de confianza, que cuantifica la creencia en su honestidad y en su capacidad para tomar las decisiones correctas.
Empatía y confianza. Cercanía y credibilidad. Son exactamente los dos atributos que sostienen a un líder en un momento de crisis económica, cuando los resultados todavía no llegan pero se le pide a la gente que siga esperando.
El giro y la pregunta que queda
En ese marco, la frase de Milei en la TV Pública adquiere otro peso. "Hay gente que sufre, que está mal, y hay que reconocerlo" no es solo una declaración de empatía: es una respuesta a un deterioro medible en su vínculo con la sociedad.
El Presidente parece haber leído que el costo de seguir negando el malestar ya era mayor que el costo de reconocerlo. Es un movimiento correcto desde la lógica de la comunicación política. En momentos de crisis económica, la percepción de que el líder entiende lo que se vive puede sostener apoyo incluso cuando los resultados no acompañan. La gente puede tolerar el sacrificio si siente que quien lo pide lo comprende, lo que no tolera es la indiferencia.
Pero hay una pregunta que los datos no pueden responder y que solo el tiempo va a dirimir: ¿fue una actuación o fue un cambio de actitud? ¿Una frase calibrada para frenar la caída en los índices de empatía, o el inicio de un nuevo tono que se va a sostener en el tiempo?
Fuente: Infobae.








