Por Marita Rodríguez Cazaux.
Pablo Albornoz: una escritura que no busca agradar sino persistir Pablo Albornoz: una escritura que no busca agradar sino persistir
E n vísperas del 23 de abril, cuando el libro vuelve a ocupar un lugar central en la conversación cultural, me interesa detenerme en ciertas escrituras que no responden a la lógica de la exhibición, sino a algo más silencioso y, quizás por eso, más perdurable.
Conocí a Pablo Albornoz en el marco de las antologías Letras del Face 8 y 14, impulsadas por Editorial Dunken y compiladas por Juliana Farina Boretti y María de los Milagros Balduzzi, donde resultaron seleccionados dos relatos breves del autor. Recuerdo aquellas lecturas: muchas voces, muchos intentos por decir. En ese contexto, la voz de Albornoz no buscaba imponerse. Y, sin embargo, quedaba.
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Había algo ahí que no se cerraba del todo. No por falta, sino por elección. Como si el texto no quisiera agotarse en lo que mostraba.
En Flash, por ejemplo, todo parece organizarse desde una escena mínima: una lámpara, un rincón, una caja de fotos. Pero hay algo en la forma en que esa escena se arma la luz de costado, la quietud, lo que no se dice que genera una leve incomodidad. Y de pronto, casi sin énfasis, todo se invierte: el que mira es mirado. No como un golpe de efecto, sino como una revelación que ya estaba ahí, latente.
En Cobra, en cambio, el movimiento es distinto. Todo pasa por la voz. Una conversación, aparentemente simple, que va dejando ver mucho más de lo que dice. La historia de Carlos su trabajo, su padre, su hijo aparece sin dramatismo, como si las cosas simplemente fueran así. Y sin embargo, en medio de ese fluir, surgen momentos muy precisos, como esa imagen de "los ojos marrones como la pomada cobra", donde de pronto todo se concentra.
Ahí es donde se percibe algo difícil de lograr: escribir con sencillez sin caer en lo simple.
No es casual que estos textos formen parte de una antología que reúne autores de distintos países. Hay en esta escritura una economía que permite ese diálogo, sin necesidad de explicaciones. Y al mismo tiempo, hay algo en la posición del propio autor que resulta particular: un cierto desinterés por cualquier forma de énfasis.
El tiempo ha pasado no tanto como distancia, sino como decantación y la pregunta ya no es qué prometía aquel escritor, sino qué ha hecho con esa promesa. En el caso de Albornoz, da la impresión de que la respuesta no está en mostrarse más, sino en sostener una relación más lateral con la escritura. Un talento que no parece urgido, que puede demorarse, incluso correrse, sin por eso desaparecer.
Su novela Barro que merecería un análisis aparte ya dejaba ver esa búsqueda. En su momento señalé allí una "genuina intención de vivir lo humano desde el caudal interior hacia lo universal", junto a un "innegable talento" para construir un vínculo con el lector. Pero es en estos relatos breves donde esa intensidad aparece más desnuda.

Podría pensarse y no deja de ser una imagen posible en cierta cercanía con el personaje de El ciudadano ilustre: no tanto por la historia en sí, sino por esa relación ambigua con el reconocimiento (sea este mucho o poco, pero parece tenerlo sin cuidado), por esa tensión entre estar y no estar del todo.
Tal vez, en un tiempo donde todo parece necesitar visibilidad inmediata, lo más singular sea justamente otra cosa: una escritura que no se explica, que no busca agradar, y que, sin embargo, permanece.
Y en esa permanencia discreta, incluso algo esquiva hay una forma de valor que no siempre se advierte enseguida, pero que, con el tiempo, se vuelve difícil de ignorar.
Otros textos breves del autor
Mandarina
La capacidad de rebote de la semilla de mandarina siestiada, es la evolución de la naturaleza.
Mandarina siestiada: Dícese de la mandarina comida sentado en un cordón de la calle o cantero durante las horas de la siesta o inmediatamente después de un asado. Las semillas de la mandarina siestiada deben ser lanzadas por la boca a modo de proyectil, donde se puede comprobar la capacidad de rebote de la misma, como claro signo de la evolución de la naturaleza. Semilla rebotadora, semilla que puede elegir su suelo.
La lágrima de la Maruca.
Encuentro en la agenda, con letra poco legible y en tinta negra y espesa: El Club Social, mantel a cuadrillé, olor a café expreso, "El club es para uso exclusivo de sus socios" un cartel enchapado. Aquí solía venir mi papá. Recuerdo visitarlo cuando teníamos hora libre en la escuela Normal, y nos veníamos a la plaza 9 de Julio, todos guardapolvos abiertos, como médicos apurados. Me cruzaba a pedir plata para los videos juegos de la galería Cristal, otro lugar, con otro olor a café, otro "club". Me siento ajeno a todo esto. No es precisamente un lugar para pedir "una lágrima". El mobiliario es antiguo y contrasta con un televisor LED, colgado a la pa
red, donde están pasando un partido de futbol de no sé qué países, porque de todas formas las razas, las etnias y las nacionalidades están mezcladas. En este club, como en muchos clubes de café, no hay espacio tangible para las féminas, aunque la Maruca procuró su lugar y se la respeta. Aquí los hombres divagan en quimeras, soluciones para el mundo, vasitos de soda y políticas de cartón de huevo.
Algunos se hacen llamar doctores, aunque no lo sean. Y la escultura que está en diagonal al frente, la otra mujer excluida, con las gambas abiertas, mendiga sensatez ante los discursos que le acerca el viento. "Un cortado chico" me animo a pedir. Porque miembro de ese club es mi papá (aunque no esté yendo) y no es extensivo a sus hijos, menos si uno de ellos es observador y pueda escribir algo así; hecho que me lleva a comprender también, como me ignoran con recelo los del Bar de Roberto.
Yo suspiro. Aquí hay que pedir un "cortado" no una "lágrima", a pesar del que el mundo que los doctores quieran salvar esté llorando.
Sobre Marita Rodríguez Cazaux
Escritora, docente y referente en el ámbito de la formación literaria en Buenos Aires, Marita Rodríguez Cazaux ha desarrollado una trayectoria sostenida en torno a la lectura, la escritura y el acompañamiento de nuevos autores.

Su trabajo se ha desplegado en talleres y proyectos editoriales, donde ha participado como coordinadora, jurado y editora.
Su mirada crítica se caracteriza por una lectura atenta de las voces narrativas y por su interés en los vínculos entre experiencia y lenguaje. A lo largo de los años, ha acompañado procesos de escritura diversos, consolidando un lugar propio dentro del campo literario independiente.








