Por Eduardo Lazzari.
Anécdotas de la historia: Mayo, el mes de la Patria Anécdotas de la historia: Mayo, el mes de la Patria
La historia argentina tiene algunas características originales que vale la pena destacar. Quizá la más significativa es el hecho de recordar dos fechas como las fundacionales del país. El 25 de mayo de cada año recordamos el inicio de la Revolución de 1810 en Buenos Aires, y el 9 de julio la Declaración de la Independencia jurada en San Miguel del Tucumán en 1816. A lo largo de los más de dos siglos de existencia de la nación han existido discusiones sobre la necesidad de establecer si un evento es más importante que el otro.
El oficio de historiador tiene la enorme ventaja de investigar y escribir sobre los hechos, dejando de lado las consideraciones y valoraciones de carácter competitivo. Podemos atrevernos a decir que ambas fechas son fundamentales y que la primera hizo posible la segunda, y que la segunda dio sentido permanente a la primera.
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Pero también es cierto que los hechos de mayo de 1810 fueron conmemorados desde los primeros tiempos del país, como algo imprescindible para el desarrollo de lo que hoy es la Argentina, a tal punto que el primer monumento construido en el país fue la pirámide en homenaje a la Revolución inaugurada el 25 de mayo de 1811, es decir a sólo un año de producidos los hechos. Esta es la confirmación acerca del valor que los contemporáneos entendían que el 25 de mayo tenía, ya que había comenzado un proceso sin retorno hacia la creación de una nueva comunidad nacional. El primer Triunvirato en 1812 estableció un protocolo para festejar las fiestas "mayas", las que hasta la actualidad se conmemoran.
El segundo hecho de mayo que le da a este mes el carácter de mes de la Patria es que el 1° de mayo de 1853 en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, se sancionó la Constitución Federal que organizó definitivamente al país. Por eso, en el recuerdo de hechos y personajes, de anécdotas y episodios, proponemos un viaje en el tiempo retrocediendo hacia los inicios del siglo XIX, 216 años atrás.
Las causas del proceso revolucionaerio de 1810
Las circunstancias que desataron en la inmediatez la Revolución de 1810 se produjeron en la península ibérica, cuando la Junta Central de Sevilla decide su propia disolución e intenta ser reemplazada por un Consejo de Regencia. Vale recordar que los españoles europeos crearon esa Junta con delegados de las distintas juntas regionales para enfrentar la crisis política desatada por la abdicación del rey Carlos IV y la prisión de Fernando VII, ambos hechos forzados por Napoleón Bonaparte, cuyos ejércitos habían invadido España. La desaparición de la Junta ocurrió el 29 de enero de 1810, por lo que la noticia no tardó en llegar a los dominios americanos, provocando una reacción en cadena de norte a sur. En el Plata los eventos bélicos de las invasiones británicas de 1806 y 1807 habían generado un sentimiento general de desamparo por parte del sistema político español, a la vez que atizaron la autoestima general de los porteños como capaces de forjar su destino.
El 19 de abril fue destituido el capitán general de Venezuela don Vicente Emparan por el cabildo de Caracas. El 22 de mayo el cabildo de Buenos Aires destituye al virrey del Río de la Plata y el 25 lo reemplaza por una Junta Gubernativa. El 20 de julio comienzan las revueltas en Santa Fe de Bogotá que culminan con la caída del virrey de Nueva Granada, Antonio José Amar y Borbón. El 14 de setiembre se sublevó Cochabamba, el 24 Santa Cruz de la Sierra y el 6 de octubre Oruro, todo esto en el Alto Perú (hoy Bolivia). El 16 de septiembre de 1810 se produce el grito de Guanajato, en México, encabezado por el cura Miguel Hidalgo. Dos días después, en otro extremo de la España americana se forma una Junta de Gobierno en Santiago de Chile. Y procesos similares se producen en 1810 en muchas ciudades de la América española.
Este sencillo listado muestra que la Revolución de Mayo de 1810 está enmarcada en un proceso regional que buscó salidas similares a la crisis provocada por la desaparición del poder imperial español. Hay que destacar que la claridad ideológica de los revolucionarios, sumada al apoyo que los distintos cabildos de las futuras provincias le dieron a la Junta de Buenos Aires, ésta pudo sostenerse y es un gran blasón de nuestra historia que la junta porteña con pretensión virreinal y que sería nacional fue la única de todas las desarrolladas en América que nunca más volvió a caer en manos imperiales. Es un gran mérito producto de los fundadores políticos de la patria y de los héroes de la independencia que lograron algo formidable en contra de las corrientes de la historia. Es correcto afirmar que es una revolución porque logró hacer desaparecer un sistema reemplazándolo por un proceso que no se detuvo a pesar de las grandiosas dificultades que enfrentaron las autoridades fácticas del Plata.
Los grandes personajes
Desde el cabildo abierto de enero de 1807 que destituyó definitivamente al virrey Rafael de Sobremonte y lo reemplazó provisoriamente por el héroe de la reconquista de Buenos Aires Santiago de Liniers, comenzaron a destacarse algunos personajes que merecen el recuerdo y, sobre todo, algunos detalles de sus vidas y personas. Ese cabildo abierto, habitualmente olvidado por la historiografía patriótica, fue el primer gesto revolucionario del Plata, ya que una organización de alcance regional y comunal se atribuyó, sin que le correspondiera, una decisión de alcance virreinal.
JUAN JOSÉ PASSO (sí, con doble s) era el primogénito de Domingo del Passo y Manuela Fernández de Escandón, una familia que era propietaria de la panadería ubicada frente al convento franciscano porteño. Abogado de la Universidad de Córdoba, fue fundamental en la estrategia de los criollos favorables a la destitución del virrey Baltasar de Cisneros el 22 de mayo de 1810 en el cabildo abierto.

Cuando la votación era incierta, fue invocado al grito de: "Sálvenos Dr. Passo, sálvenos", y entonces propuso unificar las mociones para el fin de mandato de Cisneros, logrando la victoria. Fue secretario de Hacienda de la Junta de Gobierno elegida al 25 de mayo, luego miembro de los dos triunviratos, diputado y secretario del Congreso General Constituyente de 1816, y diputado del Congreso de 1824. Fue quien proclamó la Independencia el 9 de julio de 1816. La conmemoración histórica ha sido mezquina hasta hoy con este prócer, central en el tiempo de la Revolución y de los gobiernos surgidos de ella durante casi dos décadas.
JUAN JOSÉ CASTELLI fue llamado el orador de la Revolución. Sus discursos y sus argumentos fueron fundamentales en momentos dramáticos de la vida del Plata. Nieto de un veneciano, Antonio, e hijo de un griego, Ángel, casado con una porteña, María Josefa Villarino. Fue abogado por la Universidad de Chuquisaca. Su vida fue tormentosa en todos los aspectos: lo político, lo militar y lo familiar. El memorable discurso del 22 de mayo de 1810 cambió el curso de la votación en contra del virrey y modificó la historia para siempre. Arrebatado, sufrió la prisión como consecuencia de sus actos y finalmente su vida acaba con una paradoja: el gran orador muere al extirparle su lengua, convertida en un tumor. Sus últimas palabras, escritas minutos antes de su muerte, son "Si ven al futuro díganle que no venga". Era 1812.

CORNELIO JUDAS TADEO SAAVEDRA es el jefe de la revolución de 1810. Nace en Potosí, en una familia de plateros que se trasladan a Buenos Aires para ampliar sus negocios. Es curioso que las imágenes lo muestran como militar cuando su oficio era el de comerciante y hacendado. Pero su participación como jefe de milicianos en las invasiones inglesas de 1806 y 1807, además de su capacidad de mando, lo ubican en ese rol. Salvó a Liniers en el levantamiento de 1809 encabezado por Martín de Álzaga. Su carácter moderado lo presenta como conservador, aunque fue el jefe popular de la revolución, su presidente y murió con el mayor respecto de los argentinos en 1829. Sus restos ocupan el túmulo principal del panteón de los ciudadanos meritorios del cementerio de la Recoleta.

Santiago del Estero se suma a la Revolución
La constitución de la Junta Gubernativa Provisional del Río de la Plata, única que en toda América se atribuyó el reemplazo de un virrey, y las noticias de los acontecimientos porteños rápidamente a todos los rincones del viejo virreinato, desde Buenos Aires hasta Chuquisaca, y desde Mendoza hasta Concepción del Uruguay. La madre de ciudades recibe el 10 de junio la comunicación de la Junta y el cabildo decide consultar al gobernador de Salta para actuar.
Recibida la respuesta Santiago del Estero adhiere a la revolución y se forma una Junta de Vecinos integrada por José Bravo, José Carol, Miguel Costa, Manuel Jiménez y Blas Achával.
Se desata entonces un tiempo tumultuoso, de idas y vueltas, donde se destaca la elección de un diputado para enviarlo a Buenos Aires. Fue elegido Juan Lami, cuya designación fue impugnada por Juan Borges, debido a la falta de consulta al clero y a los vecinos más destacados.
Ello motivó una nueva votación que nombró al cura Pedro Francisco de Uriarte (foto), primer párroco de Loreto y pariente de la primera santa argentina, María Antonia de Figueroa, "Mama Antula", quien viaja a Buenos Aires en 1811. Es sin duda el primer prócer de la independencia en Santiago del Estero. Borges comienza entonces a tallar fuerte en la política santiagueña.

El próximo domingo, si Dios quiere, en estas queridas páginas de EL LIBERAL, continuaremos transitando en la lejanía temporal los acontecimientos del mayo que nos dio la libertad.








