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Perón y el Che

Por Daniel Milki Militante Peronista

11/11/2023 16:34 Opinión
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Fueron treinta y dos ciudadanos de Guatemala y tres del Salvador. Habían llegado a la Argentina el año anterior (1954), al obtener asilo en la embajada de nuestro país en Guatemala. Después del golpe organizado por la CIA, que derribo al presidente, el Coronel Jacobo Arbenz. Todos habían compartido el refugio diplomático con un médico argentino de 27 años que, al despedirse de ellos, les dio cartas de recomendación para sus padres y amigos en Buenos Aires. A los asilados se los recuerda como los prisioneros secretos de Perón. Y al joven médico que trato de ayudarlos, cuyo apodo aún no lo había recibido: "El Che"

En Junio de 1954, la invasión del territorio de Guatemala por una fuerza armada irregular (CIA) y el bombardeo a la capital conmovió profundamente a América Latina, teniendo una repercusión inmediata en Argentina. Juan D. Perón no oculto su disgusto por la descarada intervención norteamericana en Guatemala y dio instrucciones a la cancillería para que la posición expresada en la OEA, donde México, Chile, Uruguay y Argentina votaron en contra de la intervención en Guatemala.

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La evolución en ese país había interesado a Juan D. Perón desde el primer momento, cuando el joven Coronel Arbenz, rodeado por un grupo de militares revolucionarios, emprendió un decidido programa de reformas agrarias y un cambio político que desde la perspectiva peronista mostraban cierto parentesco con el Justicialismo.

A fin de recibir información confiable sobre lo que pasaba en Guatemala Juan D. Perón designo a Nicasio Sánchez Toranzo, ex radical con quien consultaba temas políticos, como embajador en Guatemala y de inmediato hizo nombrar a su hermano José Antonio Sánchez Toranzo, como jefe de servicio de Inteligencia del Ejército.

La cuestión de Guatemala, sin embargo no era sencilla. Jacobo Arbenz había recibido el apoyo del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), construido sobre los cuadros del partido Comunista. En un contexto donde existía una campaña internacional de prensa destinada a alertar sobre el peligro que los comunistas terminaran dominando a los inexpertos militares del Coronel Arbenz.

También complicaba la posición ante la invasión a Guatemala una doctrina argentina sobre el asilo territorial que en esos mismos momentos se había discutido en la X Conferencia Internacional de Caracas. La doctrina reforzaba el principio de no intervención y en cuanto a los exiliados políticos sostenía que debía limitarse su potencial actividad hostil hacia el gobierno que los había desterrado. En la nombrada Conferencia la delegación Argentina se enfrentó a de los Estados Unidos, aunque tomo como reaseguro denunciar también la intervención comunista en el hemisferio, sin mencionar el lugar. Los representantes argentinos encabezados por el canciller Gerónimo Remorino, recibieron instrucciones de no atacar la política de Estados Unidos en América Latina, sino al "bradenismo", una fórmula que personalizaba el conflicto en el ex embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires. 

Spruille Braden, archienemigo de Perón, aunque siempre resulto funcional a los intereses políticos de este, estaba, precisamente invitando al derrocamiento del gobierno de Guatemala. Por eso, el día que finalmente entraron en la capital de Guatemala los hombres armados por la CIA, el embajador Sánchez Toranzo, recibió de Buenos Aires un mensaje breve y dramático: Habrá las puertas de la Embajada. En las cuarenta y ocho horas siguientes unos trescientos hombres entraron en tropel a la sede diplomática Argentina. Uno de ellos era el médico Ernesto Guevara, que sin embargo conservaría la privilegiada condición de invitado por el embajador Sánchez Toranzo. Y una treintena, serian luego los incómodos prisioneros de la cárcel de Villa Devoto, a quienes un año más tarde se los puso en calle sin ninguna explicación, exactamente igual que el día en que se los detuvo.

Los trescientos refugiados en la embajada se redujeron con el correr de las semanas hasta estabilizarse en menos de doscientos, que permanecieron esperando los salvoconductos para abandonar el país. El nuevo gobierno impuso la condición de que los exilados debían partir hacia el país cuya embajada los había recibido, aunque la mayoría prefería radicarse en México, por la cercanía que había entonces con sus familias.

Desde el primer momento el gobierno argentino había revelado preocupación por los refugiados en su Embajada; al principio se contaba medio centenar de oficiales jóvenes, pero estos gradualmente fueron renunciando al asilo. Quienes permanecieron hasta que se los traslado a nuestro país fueron los sindicalistas, algunos intelectuales jóvenes y líderes estudiantiles, muchos de ellos efectivamente comunistas. En las calles se cazaba comunistas, a los que se sometía a juicio sumario y posterior fusilamientos.

La sorpresiva carta de un refugiado famoso

Fue en Guatemala, en 1954, donde el joven médico antiperonista Ernesto Guevara se reconcilio con Juan D. Perón. En cartas desprolijas e indignadas, Ernesto Guevara explico a su familia y a amigos lo que había podido ver sobre la intervención estadounidense en Guatemala, la entrada de forajidos armados hasta los dientes en la capital y la despiadada persecución contra los sindicatos y las organizaciones civiles. Fue entonces cuando Ernesto Guevara escribió a su padre una carta que produjo sorpresa a su familia en Buenos Aires: Argentina es el oasis de América, hay que darle a Perón todo el apoyo posible, definición que seguramente lo asombró también a él, que había salido convencido de su antiperonismo y debía rectificarse a la vista de la experiencia de Guatemala.

Fuente: García Lupo

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