Dolar Oficial: - Dolar Blue:- Dolar CCL:- Dolar Bolsa: - Dolar Mayorista: -

EL LIBERAL . Santiago

Crónica mi frutinovela

Por Belén Cianferoni.

17/05/2026 01:00 Santiago
Escuchar:

Crónica mi frutinovela Crónica mi frutinovela

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

La última vez que escribí un poema fue el 20 de febrero de 2024 a las 15:50. Había pagado unos impuestos, acomodado papeles que había dejado papá, y estaba lidiando con muchos procesos y problemas laborales.

La rutina diaria para vivir, entre bocado y mandado. Había almorzado un pollo al curry espectacular que mi mamá había aprendido a hacer viendo tutoriales, y estaba dispuesta a digerirlo mientras hacía una breve pausa del trabajo.

También te puede interesar:

En esos momentos entre alumnos o entre proyectos, me gusta anotar ideas y pensar qué hacer. Lo hago en las notas del celular.

Estaba en mi escritorio, tenía mis ideas, mi alfajor mousse, un sahumerio con la imagen de mi padre. Y nada. Antes podía escribir diez poesías por día, de las cuales una o dos eran entendibles, pero disfrutaba chapotear entre verso y verso. Y de última, si era una bazofia, era mi bazofia, de la que nadie se enteraba. Mi pequeña y deforme poesía, que solo yo amaba.

Me puse a escribir: ponía una oración y borraba, ponía unas palabras y borraba, ponía una letra y borraba. Todo me parecía insulso, aburrido, apático. Poemas de nada que no decían nada. No eran poesías feas: eran oraciones sin sentido, encarriladas en un tren que te llevaba al tedio sin paradas.

¿De qué iba a hablarles? ¿Qué iba a decir? Murió mi padre y me quedé muda. La poesía no era suficiente, porque el dolor busca la manera de borrar todo.

Era un ser adulto con monotributo, responsabilidades y con un padre menos. ¿Qué iba a decir en la poesía? Pero lo peor fue lo que vino después, porque siempre se puede hablar de la muerte desde la poesía.

Lo peor fue pensar: "Estoy perdiendo el tiempo, podría estar diseñando una clase". Lo pensé, dejé el poema —le pedí permiso, obvio; una no es una bestia tampoco—, y me fui a ver qué tenía que hacer en el día: diseñar, acomodar todo para no andar a las apuradas.

Y así pasaron las semanas, como si nada, en el silencio absoluto y alejada de ese mundo misterioso y fractal. De pronto, sentí la necesidad de escribir un mensaje, de hacer una broma. Mi mamá compró un mango riquísimo; lo miraba y estaba enamorada de ese mango tan bello, amarillo con naranja. Lo comía y sentía un cariño extra al permitirme disfrutar ese momento. Por un solo instante, fui una mujer comiendo un mango en su comedor, mirando el techo.

Me reí mucho. Pensaba que todos andaban de aquí para allá buscando quién sabe qué, y yo, así como si nada, comiendo un mango. Je. Me puse a escribir una broma sobre eso y no paraba; seguía, seguía, y sin quererlo quedó una pequeña crónica.

Miraba ese pequeño artefacto literario que había creado y le agradecí el viaje y la experiencia. De nuevo mis amigas crónicas, tanto tiempo sin escribirlas. Las dejé un tiempo cuando me diagnosticaron esclerosis múltiple, de la misma manera que dejé la poesía cuando mi padre falleció.

Pero un buen día, de la nada, volvió. La miro con ojos de ahora y tiene muchos errores que corregiría, incluso gramaticales. Pero como lo dije antes: es un poco el amor que te hace ver algo especial únicamente a tus ojos.

Ese amor huidizo que nunca me deja y se llama escritura. Escribí una crónica, luego dos, tres, diez; las mandé al genio de Oscar Gerez, y siguieron saliendo más: veinte, treinta. Empecé a investigar, a escribir con más fundamentos, me fui a las fuentes, a los que saben, y aprendí mucho.

Volvió la escritura en mí cuando menos lo esperaba. Miro esa primera crónica que publiqué en El Liberal y hoy podría haber sido tranquilamente una frutinovela. Se llama Crónica de un amor huidizo y está todavía online en elliberal.com.

Qué viaje el encontrar caminos para sanar el dolor. Ayer estábamos hablando con Pili, mi amiga peluquera ,de quien también escribí una crónica sobre su manera de cortar el pelo y acariciar el alma, y pensamos en todo lo que devolvemos a su origen: ella devuelve mi pelo a su forma originaria, y yo devuelvo ahora toda la energía de mi padre y de su poesía a su mundo.

Me quedaré aquí, para habitar entre las crónicas y las gentes sencillas de esta maravillosa provincia, que me dan un motivo para seguir escribiendo, día tras día.Gracias. Y en breve, muy en breve, van a conocer otra forma en la que manejo mi dolor.

Lo que debes saber
Lo más leído hoy