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Crónicas del Indio en La Banda 

Por Belén Cianferoni.

07/06/2026 00:19 Viceversa
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Crónicas del Indio en La Banda  Crónicas del Indio en La Banda 

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¿Cómo está ese mate, mis queridos croniqueros? ¿Todo bien? ¿También les llueven las facturas como a mí? Y no necesariamente de crema o de membrillo.

Se me está volviendo un hábito despertarme temprano, antes de trabajar, para tomar mate sola y en silencio. Como quien necesita limpiarse la cabeza de redes sociales. No hago nada. Escucho sonar el celular y rompo mi pacto de quietud en nombre de la urgencia y la curiosidad.

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Era un mensaje de mi hermana Majo: una captura de pantalla del diario con la triste noticia de la muerte del Indio. ¡Miércoles, che! Hace unos días murió Marjane Satrapi, la autora de *Persépolis*, y ahora esto.

Se me está despoblando el barrio.

Así se habrán sentido cuando murió Goyeneche o Jacinto Piedra. De pronto, una parte fuerte de tu vida se fue porque es natural y correcto que pase, y una queda ahí, entre los engranajes de la existencia.

Se van porque les llegó la hora... pero que alguien pare ese reloj, por favor. No quiero que siga moviéndose. Pero no hay chantaje, esfuerzo ni cirugía que logre corregir el reloj cuando se desangra en la pared. Nada lo detiene.

El Indio estaba en la banda sonora de mi vida. Apareció de la nada junto con mi adolescencia, como un toro escapando de la muerte, y se quedó pastando.

A veces no lo entendía. Otras veces, él podía leerme y describir lo que me estaba pasando sin que yo le dijera nada. Era misterioso y maldito detrás de esos lentes oscuros y de esa voz tan particular.

Mucha gente decía que quería conocerlo y sacarse una foto con él. Yo no. La verdad es que ya nos conocíamos, aunque él no lo supiera. Él sabía de mi tristeza congénita, de mis emociones, pero, sobre todas las cosas, cuidaba la fragilidad de mi psiquis.

Así que ayer fui a un bar en busca de mi lomito bajonero para velarlo con seres queridos y un fernecito. Me propuse sentar mi humanidad a la mesa y le pedí a la mujer que atendía, en La Banda, si podía ponerme Los Redonditos un momento.

La moza, divina y sonriente, me dijo:

—No vendemos pastas, solo minutas. Discúlpeme.

Yo la miraba sorprendida, algo enojada para mis adentros, pero el desconocimiento no era culpa suya. Así que le hablé en modo hermana mayor que quiere compartir algo que considera bello, como quien regala un consejo.

—Hay una banda que se llama Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. ¿Podría pasarme un par de canciones? Solo un momento. Es que murió el cantante y estoy triste.

Con mucho cariño anotó en el papel de las órdenes mientras repetía:

—Los Redonditos enganchados.

Pasó de sonar música hecha a computadora, de DJ, a empezar con esas guitarras, ese bajo, ese saxo, esa batería, y de pronto llegó su voz.

Nos quedamos cantando las canciones bajito, tarareándolas y jugando a seguir el ritmo con las piernas y con los dedos sobre la mesa. Esa manera casi animal en la que te toma la música, te pasa por las venas y te come las articulaciones. Se apodera de vos y volvés a tener la edad que tenías cuando escuchaste esa canción por primera vez.

Vuelvo a tener trece años.

Parece que me subo al último bondi rumbo al fin del mundo y encuentro a mi yo adolescente escuchando música y siguiendo las letras hasta memorizarlas en la piel.

Todo eso pasó entre bocado y bocado de lomito con papitas. Pero bueno, se acabó la comida, se tomó el último trago y la última canción también se fue con el tiempo.

Pedimos la cuenta y la señorita me preguntó sobre Solari:

—¿Es una banda nueva? ¿Murió joven?

—Tenía setenta y siete años —le comenté.

Y ella, sorprendida por la banda, me preguntó:

—¿Y por qué suenan tan actuales?

La miré y le dije:

—Es que el futuro llegó hace rato.

Se rio un poco y me fui.

La miré y pasé de odiarla por no conocerlos a entenderla. Incluso sentí un poco de envidia porque ella experimentó a Los Redondos por primera vez. Y con el cariño de saber que, por un instante, nos volvimos amigas.

Je, que curioso, en una de sus canciones "¡¿Lobo estás?!, el mismo decía... "El mundo es tan chico, viejo, sin embargo, nunca supe de alguien como vos". Que cosa este artista, me sigue acompañando después de su muerte con su ironía y su humor.

Así como me pasaron Los Redondos a mí, yo se los paso a ustedes, a mis sobrinos, a todos los peques que están por experimentar esa nueva vida de adolescentes.

Ahí está el Indio para acompañarlos cuando les salgan las heridas.

Saludos, gente. Y no se olviden de que "Crónicas de una Vedette" la obra que actúa María Rosa y que escribí para ustedes, sigue presentándose en La Banda. Este domingo, a las 20:30 horas, en San Martín 48, Salón Ele Be.

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