Dolar Oficial: - Dolar Blue:- Dolar CCL:- Dolar Bolsa: - Dolar Mayorista: -

EL LIBERAL . Santiago

Belgrano: su fallecimiento, 20 de junio

Por Antonio V. Castiglione, Presidente del Instituto Belgraniano de La Banda (Para El Liberal).

20/06/2026 01:15 Santiago
Escuchar:

Belgrano: su fallecimiento, 20 de junio Belgrano: su fallecimiento, 20 de junio

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

Hoy 20 de Junio, recordamos dos fechas: la del fallecimiento del Gral. Manuel Belgrano, y del día de la Bandera, feriado nacional dispuesto por ese motivo. 

 En abril de 1814, siendo jefe del Ejército del Norte, Belgrano solicitó licencia por razones de salud, para instalarse unos días para reponerse, en casa de sus abuelos, en El Yugo, Loreto, Sgo. del Estero. 

También te puede interesar:

Justo coincidió en la fecha en que el Cnel. San Martín llegó a la ciudad de Santiago, también aquejado de vómitos y dolencias, y se hospedó en casa de Pedro Carol, primo de Belgrano, sita hoy en la esquina de 9 de julio y 25 de Mayo. Fue esa una circunstancia excepcional e histórica, en que los dos Padres de la Patria estuvieron en Santiago, y que lamentablemente no pudieron encontrarse, por estar ambos enfermos. 

Belgrano visita sus abuelos (El Yugo, Loreto, mayo de 1814)(Hugo A. Argañarás, 2025). 

En abril de 1820, Belgrano se encontraba en Tucumán, agobiado y exhausto, con su hidropesía a cuentas, una enfermedad que le impedía eliminar los líquidos corporales y lo hinchaba, por lo que cada tanto debía recibir punciones para poder eliminarlos. Por ello informó al Director Supremo, I. Álvarez Thomas, que sufría del pulmón y del pecho, razón por la cual renunciaba como Jefe del Ejército del Norte. 

Como carecía de recursos, ya que lo que tenía lo había entregado a la Patria, viviendo únicamente de su sueldo, parte del cual donado, y el resto impago y en mora, al aceptársele la renuncia pidió al gobernador Bernabé Aráoz prestada una suma de dinero para poder costear el viaje. Éste se la negó argumentando "falta de recursos". Su amigo José Celedonio Balbín se la prestó, a quien le prometió su pronta devolución. 

Partió de Tucumán, acompañado por varios fieles amigos, entre ellos el médico Dr. Robert Redhead, el capellán Villegas y los ayudantes Helguera y Salvigni. Llevaba su corazón partido con el recuerdo de su hija Manuelita, quien quedaba al cuidado de su madre, Dolores Helguera. Por testamento dispuso que la niña quedara bajo la protección de su hermano Domingo, quien debía otorgarle una educación esmerada. 

 El traslado de Belgrano a Buenos Aires fue lisa y llanamente una tortura, por sus padecimientos, en especial el cruce de Santiago del Estero, por el camino real, debido a sus dolores por el cuerpo hinchado y el movimiento del carruaje. Al llegar a cada posta, Belgrano debía ser bajado en andas entre todos sus ayudantes y llevado directamente hasta una cama. Sus tobillos, muñecas brazos y cuello estaban hinchados de líquido. Su corazón, riñones y aparato digestivo sufrían las consecuencias. Tan doloroso que Belgrano no podía viajar sentado, lo hacía recostado sobre un colchón colocado en el piso de la diligencia. 

 En una posta cordobesa, Belgrano solicitó al suboficial Helguera que llamase al maestro de posta pues deseaba conversar con él, y de éste recibió una insolente como sarcástica respuesta: "Dígale Ud. al Gral. Belgrano, que si él quiere hablar conmigo, venga él a mi cuarto, que hay igual distancia". 

Al llegar a Buenos Aires, en mayo dictó su testamento, designando albacea a su hermano el sacerdote Domingo Estanislao, a quien le solicitó pagara todas sus deudas, y el remanente fuera destinado para su hija Manuela Mónica.

20/6/1820, Belgrano fallece en Buenos Aires. 

El día 20 de junio, en pleno invierno, a las 7 de la mañana de un día frio y lluvioso, falleció nuestro General, en la casa que había sido de sus padres.

Belgrano falleció en la pobreza, tanto que al morir, no tenía para pagarle los honorarios al médico que lo había atendido en su última enfermedad, el Dr. Redhead. Al punto que en agradecimiento, le entregó su reloj de oro en pago. Sus restos mortales fueron amortajados con los hábitos de la orden de Santo Domingo, a la que pertenecía como Terciario y enterrado en un humilde ataúd de pino. 

En el aliento postrero, se le escuchó exclamar: "¡Ay, Patria mía!". 

Reloj de oro que perteneciera a Belgrano (M.H.N.).

Al fallecer, Belgrano, prácticamente nadie se enteró de ello, tanto que en esa oportunidad no tuvo absolutamente ningún reconocimiento público. Solo el periódico "Argos", informó su deceso. Fue enterrado al frente de su casa, en la iglesia de Santo Domingo. 

La indiferencia pública con que se lo trató post mortem en Bs. As., se reflejó en el hecho de que durante un año (desde junio de 1820 a julio de 1821) la gente pasó por encima de la losa bajo la cual estaba sepultado, sin saber que él estaba allí. Esa losa había sido improvisada en el mármol de un mueble familiar, cortado de la cómoda de su hermano Miguel, a la que se le grabó el epitafio: "Aquí yace el Gral. Belgrano". 

Fue el 29/07/1821, que el gobierno de Buenos Aires hizo celebrar unas honras y un funeral solemne en la Catedral Metropolitana. La Legislatura decretó ese día honores fúnebres a la memoria de Belgrano, la fortaleza hizo la señal de un cañonazo, en señal de duelo, se suspendieron las diversiones públicas; a las 10:30 el ejército formó en la plaza con banderas enlutadas y acudieron a la Catedral los miembros del Gobierno y representantes extranjeros. Pronunciaron elogios fúnebres José V. Gómez y fray Cayetano Rodríguez. Y por la tarde, se reunieron todos los compañeros del muerto, durante la Revolución. 

Cincuenta y dos años después, el 24/09/1873, en el 70º aniversario de la gloriosa batalla de Tucumán, se inauguraba en la plaza de Mayo, la estatua ecuestre del Gral. Belgrano, obra de Albert Carriere, que había sido costeada por una suscripción nacional. El presidente Domingo Sarmiento en su discurso dijo: "puede asegurarse que jamás una gloria más pura no más modesta, se había modelado en el bronce de la inmortalidad".

Bartolomé Mitre, el orador del acto, dijo: "no era un general del genio de San Martín, ni un economista del alcance de Vieytes, ni un jurisconsulto de la ciencia de Castro, ni un tribuno de la elocuencia de Castelli, ni un escritor del temple de Monteagudo, ni un pensador de la profundidad de Moreno, ni un político de la talla de Rivadavia -sus contemporáneos, compañeros y amigos de la Revolución-; pero fue todo eso en la medida de sus facultades, con un alma grande y pura y un carácter elevado y sencillo; y por eso uno de nuestros grandes hombres del pasado y en el presente, como lo será en los tiempos venideros". "De él puede decirse que "fue grande sin pretenderlo y encontró la gloria sin buscarla en el camino del deber" (Mitre, Historia de Belgrano, Tº IV, 395). 

Estatua del Gral. Belgrano, erigida en 1873, Plaza de Mayo. 

El 20 de junio de 1903, con motivo de cumplirse los 83 años de su fallecimiento, se inauguró su mausoleo, obra cumbre del escultor italiano E. Ximenes, en el atrio de la iglesia de Santo Domingo. Debemos destacar que el traslado de los restos del General, desde la sencilla y prácticamente desconocida fosa cavada debajo de la puerta de ingreso a la iglesia, al hermoso y artístico Mausoleo que hoy los contiene, fue logrado gracias a una contribución nacional de niños escolares, con un aporte de $ 0,10.- por donante. Belgrano no pudo recibir mejor ofrenda que esa. 

 Mausoleo de Belgrano, en Santo Domingo, 1903 (José A. Basbús, 2020). 

Quizás quien mejor denuncie la ingratitud a que hacemos referencia hacia Belgrano, sea el santiagueño R. Rojas, en su conferencia el 18/6/1920, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en oportunidad de las honras tributadas al cumplirse los cien años de su fallecimiento: "Esta apoteosis de Belgrano nada significaría en mis labios, si ella no implicara para los argentinos de hoy un acto de arrepentimiento. Porque yo no conozco manera más justa de glorificar después de la muerte a este varón insigne, como lo es la de recordar la injusticia con que sus compatriotas lo trataron. Cuando su cuerpo realizaba la hazaña, sólo recibía, a cambio de ella, la ingratitud colectiva. Por eso he venido a esta cátedra, no para hacer de tan alta gloria motivo de esparcimiento académico, sino para hablaros de la grandeza civil de Belgrano, de la lección que su vida y su muerte son todavía para nosotros, por aquella íntima angustia con que retribuyeron sus servicios gobiernos y muchedumbres entregados, con bárbaro regocijo, a las primeras orgías de la libertad" (A. Castiglione, Belgrano, 2022, pág. 81).  

La gloria de Belgrano comenzó después de su muerte. 

Lo que debes saber
Lo más leído hoy