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Crónica de los que se la bancan hasta el final

Por Belén Cianferoni. 

12/07/2026 00:23 Santiago
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Alguien quedó estable por ahí? Veo un par agarrados del ventilador, otros mudos y unos cuantos hechos un nudo de los nervios.

La vida es así, chicos. Hay que pelearla hasta el final.

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Con este Mundial estoy aprendiendo tanto. Tal vez porque me veo reflejada en cada jugada, en cada decisión.

El equipo dio vuelta un partido memorable contra Egipto. 

Estar perdiendo, estar en la lona y, aun así, seguir hasta terminar con el viento a favor requiere un entrenamiento mental que muy pocos tienen.

¿Cuántas veces dije "hasta aquí", empujada por la desesperación o el miedo? Porque tener miedo es completamente válido. 

Estar asustada. Querer saltar, como los gatos, hacia otro lugar. También es válida la autopreservación.

Pero hay otro ejercicio, mucho más difícil: mantener la compostura cuando todo se cae a pedazos y encontrar la forma deseguir en eje.

A veces me pregunto por qué me gusta tanto el fútbol. ¿Por qué esa necesidad de sufrir y de gritar goles que hacen once personas a cientos de kilómetros de distancia y que probablemente nunca conozca?

Porque yo también soy eso. Es una parte constitutiva de mi existencia.

Yo no corro ni para salvar mi vida. La noción de velocidad la perdí hace muchos años. Pero cada vez que veo correr a la Albiceleste, o a los chicos de Independiente con esa casaca roja brillante, siento que corro con ellos.

Estas piernas que dejaron de funcionar vuelven, por un rato, a hacerlo.

Esa es la magia del fútbol. El relato que construimos entre todos mientras dos delanteros intentan romper una defensa. Estrategias, errores, coraje. Como en la vida.

Y hay otra cosa que admiro: la elegancia para levantarse cuando la vida te dice "basta".

Hay un periodista al que realmente banco por su elocuencia y por la forma en que piensa: Tomás Rebord.

El chisme es este.

Rebord trabajó durante años con el mismo equipo de producción, que además eran sus amigos. Cuando el canal de streaming Blender despidió a todo ese equipo después de un reclamo salarial, él decidió que no iba a hacer el programa sin ellos. 

Mientras estaba de vacaciones, incluso recibió una intimación para volver a conducir. Su respuesta fue simple: no hay programa sin su gente.

Y dijo una frase que me quedó resonando:

"Nunca voy a hacer un programa sobre los cadáveres de mis amigos."

Después apareció en un video, vestido de talibán, porque es capaz de hacer humor incluso en sus momentos más oscuros, anunció que el programa pasaba a la clandestinidad y volvió a empezar desde cero, con un sistema propio de suscripciones.

Perdió casi todo.

Y, sin embargo, decidió empezar otra vez.

Desde acá, todo mi apoyo y mi fuerza como hagovera.

Ahora bien, después de toda esta información que parece innecesaria para una crónica, ¿por qué lo traigo a colación?

Porque quiero preguntarles, amigos croniqueros: ¿de dónde sacan las fuerzas para seguir cuando todo está roto, craquelado, y avanzar es como caminar descalzos sobre vidrios?

Hoy escribo este sábado para tirar un poco de energía y de fuerza. No solo para el equipo, sino para todos nosotros, que tenemos que encontrar la manera de dar vuelta nuestros propios partidos.

Tal vez solos.Tal vez con menos ayuda.Como lo está haciendo Rebord.Tal vez débiles.

Tal vez con miedo.Como yo, estos últimos días.Pero lo vamos a lograr.

Y cuando todo termine, vamos a hacer un asado.Porque vamos a salir campeones.Fuerza, croniqueros.

Que miedo y plata nunca tuvimos.

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