Por padre Mario Ramón Tenti
Licencias concedidas a Mama Antula para su tarea apostólica Licencias concedidas a Mama Antula para su tarea apostólica
Por padre Mario Ramón Tenti Especial para EL LIBERAL
Para llevar adelante su tarea apostólica, Mama Antula no solo experimentó el llamado de Dios, la inspiración para salir a evangelizar, y la fuerza del Espíritu que la anima, sostiene y acompaña en su misión, sino que necesitaba de parte de las autoridades religiosas y civiles la autorización: "permisos y Licencias" pertinentes, sobre todo tratándose de una mujer y laica. A lo largo de todo su apostolado, que comenzó el mismo año de la expulsión de los Jesuitas en 1767 y termino con su muerte en 1799, solicitó y tramitó estas autorizaciones con ciertas dificultades al comienzo y luego, a medida que su obra y su testimonio de fe se fueron haciendo público, con mayor celeridad y amplitud de concesiones.
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Después de la llamada "primera misión" en la ciudad de Santiago del Estero y poblaciones vecinas: Silípica, Loreto, Atamisqui, Soconcho y Salavina, María Antonia se dirige al norte para conseguir los permisos necesarios del Obispo y del Gobernador de la Provincia del Tucumán.
El Obispo, don Juan Manuel Moscoso y Peralta le concede el 11 de septiembre de 1773 amplias facultades para llevar a cabo el ministerio de los Ejercicios. Los detalles de los permisos y licencias concedidos suelen pasar desapercibidos y no siempre se visualiza la importancia de los mismos en el contexto histórico y social que fueron otorgados. En primer lugar, es importante rescatar que las Licencias se le otorgan luego del conocimiento de los frutos que los Ejercicios tuvieron en Santiago del Estero y en Jujuy dónde Mama Antula ya los había organizado con notable éxito. No era una desconocida la que solicitaba dichas autorizaciones, sino una mujer santa cuyo testimonio de vida y apostolado comenzaba a dar frutos de santidad en medio del pueblo. Sin dudas que la mano de Dios obraba sobreabundantemente a través de ella.
El Obispo le concedió facultades para "pedir limosna" y solventar así los gastos de los Ejercicios; exhorta a los curas y vicarios de la Provincia del Tucumán a acompañar dichos Ejercicios, fomentándolos, dando las pláticas espirituales, confesando, etc. Igualmente autoriza a tener un oratorio para celebrar la Misa en la casa donde se diesen los ejercicios y le otorga "Indulgencia" por 50 días a quiénes participen de los mismos. Y lo más sorprendente es que autoriza a María Antonia a fundar algunas casas de recogimiento, siendo ella la Abadesa, en las ciudades y localidades por donde peregrine organizando los Ejercicios.
Junto a estas licencias exhorta a Mama Antula a continuar "con tales altos fines con el fervor y espíritu que hasta el presente ha proseguido".
Después de haber organizado numerosas tandas de Ejercicios en la Provincia del Tucumán, Mama Antula llega a Buenos Aires, la capital del virreinato a fines de 1779. Se dirige al Obispo Fray Sebastián Malvar y Pinto y el Virrey Don Juan José de Vértiz y Salcedo solicitando autorización para organizar los Ejercicios. En primera instancia no le conceden lo solicitado y luego de unos meses, al ver el obrar de Antula, terminan autorizando su requerimiento: "así por esto, como por otras señales que notamos, y finalmente por Aquel que elige lo que es débil y enfermo para confundir lo robusto y fuerte nos movió el ánimo, le concedimos lo que deseaba" (Informe del Obispo de Ba As sobre Mama Antula al Papa Pío VI del 15 de enero de 1784). Igualmente, el Virrey Vértiz le concedió las facultades solicitadas (Carta de Ambrosio Funes al Padre Juárez del 7 de octubre de 1784).
En Carta al Padre Juárez del 28 de noviembre de 1781 María Antonia manifiesta las gracias y concesiones que el Obispo le dispensan a la obra: "Así viéndolo, este Príncipe ha practicado conmigo a favor de esta empresa muchos beneficios, siendo uno de ellos y el más necesario el de pagar la casa, que mensualmente gana 55 pesos así mismo, me tiene concedido muchas indulgencias a los ejercitantes, ampliando así para los que entran, como para los que indujesen y que por sus medios lograsen de este beneficio; el Excmo. Señor Obispo me tiene concedido licencia para que se diga Misa durante cada semana en la casa particular donde se practican los Ejercicios, la que existe inmediato a la iglesia de San Miguel".
Con el deseo de "caminar para donde Dios fuese servido mientras dure la vida, y si me fuera posible andar todo el mundo en la demanda.." Antula decidió cruzar el río de la plata y dirigirse al Uruguay para organizar allí los Ejercicios. Para tal fin solicitó la autorización al Provisor del Obispado de Buenos Aires, Dr. Riglos quién le concedió la Licencia el 29 de mayo de 1784: "le concedemos licencia, por lo que toca a la jurisdicción ordinaria Eclesiástica, para que así lo ejecute con todas las facultades que, por escrito, o de palabra le han sido concedidas hasta aquí por el Sr Obispo Antecesor y por nosotros sin limitación alguna".
Para hacer más atractiva su misión y recoger mayores frutos de santidad entre los participantes de los Ejercicios María Antonia solicita al Papa gracias especiales a través de su amigo el Padre Juárez radicado en Roma. Por medio del Rescripto Pontificio del 17 de septiembre de 1785, el Papa Pío VI le concede "Indulgencias Plenarias" a los que participen de los Ejercicios organizados por la Sierva de Dios.
Por último, mencionamos la Licencia del Virrey Arredondo a María Antonia para construir la Casa de Ejercicios de Buenos Aires el 17 de diciembre de 1794.
Es interesante ver, desde una mirada de fe, como se van entrelazando y retroalimentando, las acciones apostólicas de Antula y las licencias y permisos otorgados para tal fin. Suele interpretarse a veces de manera negativa la espera demasiado larga y sufrida (aunque no lo es tal para ese tiempo) de las facultades solicitadas. Sin embargo, me parece necesario leer e interpretar estas circunstancias a la luz de la historia salvífica de Dios. Leemos en Eclesiastés 3: "todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo". Los planes de Dios no siempre coinciden con los nuestros, sus tiempos son diferentes, auscultarlos y conocerlos requiere una mirada de fe.
Han pasado muchos años de aquel tiempo colonial en el que Antula ya era reconocida "santa", y sin embargo, recién ahora será canonizada, y nosotros seremos los privilegiados que podremos vivir este acontecimiento de gracia y bendición para toda la Iglesia, especialmente para la que peregrina en Santiago del Estero. Por eso, creo, que la mayor "licencia" que Dios le concede a Antula a través de la Iglesia, es la de seguir ganando almas para el Reino de Dios a través de su testimonio que se manifiesta en la fe de sus devotos. Al igual que ayer, su figura sigue convocando a miles de hermanos deseosos de escuchar el Evangelio, conocer la vida y el ministerio de Jesús y seguir sus pasos anunciando y haciendo presente el Reino de Dios.








