Por Belén Cianferoni.
Crónica de la ciudad que escribimos todos los días Crónica de la ciudad que escribimos todos los días
Parece que cuando todo está desacomodado y los changuitos se desconocen, tiene que venir la madre a poner orden. En este caso, la madre somos nosotros: los santiagueños. La Madre de Ciudades, que no solo cumple 473 años, sino que también nos recuerda que una ciudad no se sostiene por sus edificios ni por sus avenidas, sino por la memoria que decide conservar.
En estos días de cumpleaños, Santiago del Estero se llena de actos, banderas, bombos y palabras solemnes. Pero entre tanta celebración, ocurrió algo que merece ser contado con calma: la Editorial Multimedial de la Municipalidad publicó El Municipio en el Siglo XVIII, del licenciado Héctor Peralta Puy. Un libro de historia, que se adelantó a una lucha. un acto de resistencia.
También te puede interesar:
Porque mientras el mundo parece enamorado de la velocidad, de los titulares que buscan clics y de las historias falsas que se viralizan antes de ser comprobadas, alguien decidió sentarse a investigar. A leer archivos. A contrastar documentos. A preguntarse cómo se organizaba esta ciudad cuando todavía no existían las redes sociales, ni la inteligencia artificial, ni la ansiedad de opinar sobre todo sin saber casi nada.
El libro de Peralta Puy habla del Cabildo, de los mercados, de las calles, de las acequias, de las decisiones cotidianas que fueron construyendo Santiago del Estero. Pero, en realidad, habla de algo más profundo: del trabajo humano. Del trabajo silencioso de quien investiga durante años para ofrecernos una verdad documentada, en una época donde la mentira puede fabricarse en segundos.
Y justo ahora, cuando desde algunos rincones del mundo se intenta instalar una especie de "argentinafobia", acusando al país entero de ser racista a partir de relatos simplificados o directamente inventados, este libro aparece como una respuesta elegante y firme. No una respuesta agresiva, sino una respuesta cultural.
Los pueblos no se defienden solamente con discursos políticos. También se defienden escribiendo su historia, preservando su memoria y contando quiénes son desde sus propias voces. Santiago del Estero sabe de eso. Lo sabe porque su literatura nació entre el monte y las hadas, entre la algarroba y los fonemas alargados y dulces de nuestra lengua. Somos "una contradicción maravillosa que habita la región del NOA", y que nuestra escritura costumbrista, rural Y postmoderna ha sabido abrazar la diversidad cultural y de género para ofrecer una mirada profunda y poética del alma santiagueña.
Estamos acostumbrados a escribir sobre quienes somos bajo nuestros propios conceptos, sin pedir permiso para existir ni para nombrarnos.
Lo mismo ocurre con proyectos como La Bibliodera, donde jóvenes de distintos barrios y edades escriben cuentos, crónicas y relatos que hablan de su mundo. Allí, cada texto es una pequeña semilla de futuro. Porque escribir no es solamente recordar el pasado; es también imaginar la ciudad que queremos habitar mañana.
Utilizan el terror como excusa, pero ellos saben, los que escriben que esta en sus manos el reconocerse como propio lo nuestro.
Escribir por nuestro futuro significa crear un futuro con memoria. Significa no negar nuestras raíces, pero tampoco quedarnos atrapados en ellas. Significa tomar el legado de quienes nos precedieron y transformarlo en una herramienta para construir una sociedad más justa, más inclusiva y más consciente de su identidad.
En tiempos de inteligencia artificial, esto adquiere un valor enorme. La IA puede generar textos, imágenes y respuestas en segundos. Puede imitar estilos, ordenar datos y hasta parecer creativa. Pero no puede reemplazar la experiencia humana de vivir una ciudad, de sufrirla, de amarla, de caminar sus calles bajo el sol de enero ni de escuchar un bombo que hace temblar el pecho.
No puede reemplazar la memoria de una abuela que cuenta una leyenda del monte. No puede reemplazar la voz de una mujer que escribe sobre su vida rural. No puede reemplazar el testimonio de una disidencia que encuentra en la literatura un lugar para existir.
Por eso, en el cumpleaños 473 de Santiago del Estero, tal vez el mejor regalo que podemos hacernos no sea solo celebrar nuestra antigüedad. Tal vez sea comprometernos a seguir escribiendo nuestra historia con honestidad, con rigor y con amor por esta tierra.
Que no nos cuenten quiénes somos desde afuera. Que no nos reduzcan a estereotipos ni a relatos falsos. Que no nos hagan olvidar que esta ciudad, la más antigua del país, sigue viva porque cada generación vuelve a escribirla.
Y nosotros, los santiagueños, tenemos esa tarea hermosa: ser hijos de una madre antigua y, al mismo tiempo, autores del futuro que todavía no existe.
Felicidades Santiagueños, sigan orgullosos de quienes son, y citando a Atahualpa como siempre: "para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás".








