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Crónica del comedido

Por Belén Cianferoni

30/08/2026 01:55 Viceversa
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Crónica del comedido Crónica del comedido

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Queridos, qué bueno tenerlos, porque vamos a intentar llegar a un punto medio. Estoy por tratar un tema sensible para muchos. Así que piensen que soy solo una mensajera de palabras adornadas; no soy la máxima verdad sobre el tema.

Necesito pensar esto con ustedes, que siempre me iluminan con su presencia.

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Vamos a hablar de los comedidos.

Así que vayamos despacio.

Estuve averiguando exhaustivamente con distintas personas que considero que saben sobre el tema, sobre la concepción misma de un comedido.

Le pregunté a mi madre y me dijo que una comedida soy yo y se burló. Intentaré hacer caso omiso de esa definición y seguiré buscando información.

Le pregunté a doña Celsa Bonetti sobre los comedidos y me comentó que son seres demasiado serviciales.

Surgió el primer concepto de la idea: "servicial" y, sobre todo, la cantidad: "demasiado".

Hay algo de excesivo en el comedido.

Seguiré investigando.

Después de que le pasó la risa a mi señora madre, me comentó que un comedido es alguien que ayuda hasta el punto de lo innecesario y ridículo.

Aquí se reiteró lo servicial y la cantidad de ayuda que proporciona. Pero me aumentó el elemento ridículo, que me ayudó a poder encontrar una orilla para seguir adelante por este río tan indomable que son mis pensamientos.

Mi hermana Eugenia aumentó, entre risas e ironías, que lo que estaba haciendo era de comedida y que los comedidos no terminan bien.

Un par me dijeron directamente que un comedido es un metido. Otros, un curioso.

Para Graciela Córdoba era alguien que viene sin que le pidan ayuda.

El comedido siempre está atento.

Me quedé pensando.

Y creo que estoy en condiciones de generar una definición del comedido.

El comedido es una persona servicial que no conoce el punto exacto en el que la ayuda deja de ser ayuda y empieza a convertirse en una intromisión.

Es ese ser humano que escucha un "no hace falta" y entiende "insistí un poquito más".

Es aquel que ve que estás intentando abrir una botella y aparece diciendo:

—Dame, yo te la abro.

Todavía no terminaste de hacer fuerza y ya tenés a una persona apropiándose de tu botella, de tu problema y, si lo dejás, de tu existencia.

Pero hay distintos tipos de comedidos.

El comedido preventivo

Está el comedido preventivo, que es un adelantado a su época. Vos todavía no necesitás nada y él ya está ofreciendo.

—¿Querés que te lleve eso?

—No, gracias.

—Bueno, pero por las dudas.

¿Las dudas de quién? Digo yo.

El comedido solucionador

Después tenemos el comedido solucionador. Este es peligroso porque no solamente se mete: resuelve.

Le contás que tenés que ir al médico y sigue la siguiente conversación:

—Tengo que conseguir un turno.

Y cuando terminaste la frase, ya llamó al hospital, consiguió el turno, habló con la secretaria y te mandó un audio diciéndote:

—Listo. Te conseguí para el martes a las ocho y cuarto.

Vos no sabías que necesitabas ayuda. Ahora tenés turno a las ocho y cuarto y estabas ocupado a esa hora.

El comedido opinólogo

Está también el comedido opinólogo, que tiene una característica maravillosa: jamás desperdicia una opinión.

Puede entrar a una conversación que comenzó con:

—Hoy compré pan.

Y terminar diciendo:

—Yo creo que el problema de este país es la educación, que no les enseñamos a comer bien y dejar las harinas afuera de la dieta.

Esperá, amigo. Estoy por hacer una hermosa remojada de pancito en la salsa de mi vieja. Dejame vivir.

Nadie sabe cómo llegó ese comedido hasta ahí, justo cuando estaba con la bolsa de los mandados.

Pero llegó.

Y habló.

El comedido investigador

Tenemos el comedido investigador, que es primo hermano del curioso. Este necesita información.

—¿Y qué pasó?

—Nada.

—Bueno, pero algo habrá pasado.

—No.

—¿Y por qué no?

—Porque no.

Y ahí el comedido investigador siente que la conversación se puso interesante.

Es imparable.

El comedido maternal

Está también el comedido maternal, que es una especie particularmente poderosa.

No pregunta si necesitás comer. Te pone un plato adelante.

No pregunta si tenés frío. Te trae una campera.

No pregunta si estás cansado. Te manda a dormir.

Y si le decís que no necesitás nada, te mira como si hubieras cometido una falta moral.

Conozco muy bien esta especie.

Mi padre era uno de estos.

El comedido profesional

Y finalmente tenemos al comedido profesional.

Este ya no es una persona. Es un sistema.

Sabe quién necesita qué, dónde conseguirlo, cuánto cuesta, quién conoce a quién y a qué hora hay que llamar.

El comedido profesional puede solucionar un problema que todavía no existe.

En defensa de los comedidos

En defensa de los comedidos, ser comedido no es necesariamente algo malo.

Hay algo hermoso en las personas que están atentas. En quienes se ofrecen a ayudar, en quienes miran alrededor y se dan cuenta de que alguien necesita una mano.

El problema aparece cuando esa mano viene con GPS.

Te ayudan y también te ponen el cómo, cuándo, dónde y hasta te convencen de por qué necesitás ayuda.

Sí, sé que existe una diferencia entre acompañar y manejarle la vida al otro.

Es completamente diferente ofrecer y disponer.

Hay una diferencia abismal entre preguntar:

—¿Necesitás que te ayude?

y directamente agarrarte lo que tenés en la mano.

El comedido sea una criatura tan interesante por las intenciones que tiene escondidas en su ser.

En la mayoría de los comedidos hay una buena intención, pero en otros hay intenciones ocultas. Eso es lo más difícil de discutir.

¿Cómo le explico a alguien que está tratando de ayudarte que, por favor, deje de ayudarte?

¿Cómo le decís?:

—Gracias, pero no necesito que resuelvas esto.

Sin que parezca que estás rechazando su cariño.

Y, sobre todo, ¿cómo sabemos nosotros cuándo estamos ayudando y cuándo estamos invadiendo?

Aquí estoy yo, viviendo en ese abismo.

La parte incómoda es que todos tenemos un comedido adentro.

Todos.

A veces aparece cuando creemos saber qué es mejor para otra persona.

Cuando damos un consejo que nadie pidió.

Cuando opinamos sobre una decisión ajena.

Cuando pensamos que porque queremos mucho a alguien tenemos derecho a intervenir en todo.

El comedido no es solamente ese señor que se mete en una conversación ajena.

También puede ser uno mismo.

Yo, por ejemplo, después de esta investigación exhaustiva, ya tengo mis sospechas.

Pero no voy a decir nada.

No sea cosa que me esté convirtiendo en una comedida.

Aunque, si necesitan que investigue más sobre el tema, avísenme.

Ya tengo varias personas a las que puedo preguntar, un par de comedidos de ley.

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