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Se busca traductor: la creatina, los portales y el peligro de leer ciencia sin subtítulos

Por Ivana Emilia Bonofiglio, licenciada en Enseñanza de las Ciencias y docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas de UADE.

 Ivana Emilia Bonofiglio licenciada en Enseñanza de las Ciencias y docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas de UADE

Ivana Emilia Bonofiglio, licenciada en Enseñanza de las Ciencias y docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas de UADE

05/11/2026 01:15 Santiago
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Hace poco se viralizó un estudio publicado en la revista Nature que analizó, principalmente en ratones, qué efecto podía tener la creatina sobre las plaquetas, las células de la sangre que intervienen en la coagulación. Los investigadores observaron que la suplementación con creatina volvía a estas plaquetas más reactivas y que, en animales que ya tenían células tumorales, esto podía favorecer la aparición de metástasis.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores de la Universidad de Fudan, en China, trabajaron con ratones a los que les implantaron células tumorales de distintos tipos de cáncer. Luego los dividieron en dos grupos y solo uno recibió suplementación con creatina. 

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Cuando los científicos analizaron los pulmones de los ratones, descubrieron que el grupo al que se le había administrado creatina presentaba una mayor cantidad de metástasis que el grupo que no había recibido el suplemento. Al estudiar qué podía explicar esa diferencia, observaron que sus plaquetas estaban más activas de lo habitual y, en términos simples, parecían ayudar a las células tumorales que circulaban por la sangre a evitar al sistema inmunológico y alcanzar otros órganos.

Para comprobar el papel de esas plaquetas, las extrajeron y las transfirieron a otros ratones que no habían recibido creatina. También en estos animales aumentó la metástasis. Esto permitió asociar el fenómeno con los cambios producidos en las plaquetas. Pero todavía quedaba una pregunta fundamental: ¿estos resultados podían trasladarse a los seres humanos?

Para responderla, los investigadores realizaron una prueba con 11 voluntarios sanos, a quienes administraron 20 gramos diarios de creatina durante 14 días, una dosis aproximadamente cuatro veces superior a la recomendada habitualmente. El seguimiento completo se le realizó solamente a cuatro de ellos y se observaron cambios en la actividad de sus plaquetas.

Luego, esas plaquetas humanas fueron utilizadas en otro experimento: se las transfirió a ratones con el sistema inmunológico debilitado que previamente habían recibido células tumorales y sí, en esos animales también se observó un aumento de las metástasis.

Entonces, ¿qué permite afirmar este estudio? Que en ratones con células tumorales preexistentes, la creatina produjo cambios en las plaquetas que favorecieron la metástasis; y que una dosis elevada de creatina durante 14 días modificó algunos indicadores de actividad plaquetaria en un pequeño grupo de personas sanas.

Pero hay algo igualmente importante: lo que el estudio no demuestra. No demuestra que la creatina provoque cáncer en seres humanos, ni que genere metástasis en personas. Tampoco permite concluir que las dosis habitualmente recomendadas produzcan el mismo efecto observado en el experimento. Para responder esas preguntas harían falta estudios específicos en seres humanos.

Y acá es cuando entran en juego los medios de comunicación. Varios portales se hicieron eco de esta noticia, publicando titulares sensacionalistas diciendo que la creatina aumenta la incidencia de la aparición de células cancerígenas, siendo que el artículo no lo menciona en lo absoluto y ni hablemos de los influencers.

Existen miles de pseudoentrenadores físicos que promueven o detractan el uso de suplementos dietarios, siendo la creatina uno de los más populares y estudiados a nivel mundial. Muchos influencers que opten por el estilo natural utilizarían este estudio para justificar su elección y está perfecto que cada uno elija de acuerdo con su preferencia. Ahora, lo que no está bien es que utilice esta información para justamente infundir temor sobre el uso de un suplemento. Incluso existen estudios que indican que la creatina sería de utilidad para combatir el cáncer.

Cualquier persona promedio que encuentre esta noticia le consultará inmediatamente a la IA, y acá nos encontramos con otro gran problema. La inteligencia artificial ya es sabido que es una gran aliada, siempre y cuando se pueda interpretar y enmarcar correctamente. No es lo mismo preguntarle "¿la creatina genera cáncer?" porque el resultado podría ser una verdadera ruleta rusa.

Si la IA prioriza las noticias indexadas de las últimas 24 horas, podría terminar validando el terror del titular. Si prioriza el consenso científico histórico, dirá que es segura, pero tal vez omita explicar el estudio nuevo.

La IA puede ser un gran escudo contra el clickbait, siempre y cuando se le dé el contexto correspondiente. Para que esto ocurra, es importante primero decirle que busque el paper y aísle la información, que nos pueda "traducir a lenguaje cotidiano" los resultados obtenidos, resaltando que la persona que consulta no tiene formación científica en el campo, pedirle que exponga las limitaciones del estudio analizado, factor muy ignorado por el periodismo sensacionalista, y el consenso general sobre la temática abordada. 

Y nunca dejar de consultar a un profesional, claro está. Porque interpretar un estudio requiere comprender cómo fue diseñado, qué se midió, cuáles son sus limitaciones y hasta dónde permiten llegar sus resultados. Y trasladar esa evidencia a una recomendación concreta, como lo puede ser determinar una dosis adecuada de creatina para una persona, requiere justamente de conocimiento profesional y de evaluar cada caso en particular.

La intención del artículo no es la de infundir miedo o controversia sobre un suplemento muy utilizado en el mundo deportivo, sino que informa los resultados de un estudio. El sentido ya va más allá y, en tiempos de posverdad, en la que un resultado de una investigación puede ser maquillado para generar un efecto en la población, ya depende de los medios que se hacen eco. 

Aprender a interrogar la información, ya sea cuestionando lo que leemos o usando una IA como intérprete metodológico, es el antídoto más efectivo contra la desinformación. Porque cuando logramos entender cómo se construye realmente el conocimiento científico, el miedo desaparece, el ruido mediático se apaga y, finalmente, nos quedamos con los datos.

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