Borges y Artigas: reflexiones sobre autonomía y federalismo Borges y Artigas: reflexiones sobre autonomía y federalismo
no lo dejamos”. Tajante y cargada de
mea culpa dijo la ex-presidenta Cristina
Fernández en un acto en la ciudad de
Paraná en ocasión del Bicentenario de
aquella ciudad litoraleña (2013). La referencia
histórica generó polémica y críticas
en los medios de comunicación, centrándose
especialmente en el anacronismo
conceptual utilizado por la ex -jefa de
Gobierno para referirse a la Argentina.
Más allá de tratarse de un discurso
político y del contexto (un acto público,
la euforia discursiva, etc.) y sin ánimo de
juzgar a la líder como si fuera historiadora
(es abogada) es válido un análisis de
su frase y esbozar algunas preguntas útiles
para un abordaje inicial sobre la autonomía
y el federalismo ¿A qué se refiere
la ex-presidenta con el adjetivo “argentino”?
¿Artigas quería ser porteño? ¿O de
las Provincias Unidas? De igual modo ¿a
quiénes enrostra haber impedido al prócer
sumarse a la gloriosa nación argentina?
¿Acaso las acciones de los porteños
en contra de Artigas y sus ideas, pueden
ser una herencia nacional? ¿Están incluidos
los entrerrianos, tan cercanos a
Artigas, en ese “nosotros”? ¿O los patagónicos
(como ella) tan lejanos en la década
de 1810 a los sucesos posrevolucionarios?
En estas preguntas encontramos algunas
líneas para repensar nuestras
ideas de autonomía y federalismo en el
año del Bicentenario de la Declaración
de Independencia de las Provincias Unidas
de Sudamérica, y teniendo como antecedente
que en 2015 hemos conmemorado
otro bicentenario: el del Congreso
de los Pueblos Libres en Concepción
del Uruguay liderado por Artigas. Y
ambas efemérides se corresponden en
Santiago del Estero con los 200 años del
primer (1815) y segundo intento (1816)
autonomista que encabezó el coronel
Juan Francisco Borges, el santiagueño
precursor de la Autonomía Provincial.
Comencemos por esbozar algunas similitudes
entre las figuras de Artigas y
Borges ¿Qué une sus trayectorias? ¿Qué
puntos de conexión existen? Varios.
Ambos tuvieron estos atributos en común:
nacieron en la década del sesenta
del siglo XVIII (Artigas en 1764 y Borges
en 1766), pertenecieron a familias destacadas
o “decentes” como les llamaban en
la época, se plegaron sin vacilar a la Revolución
de Mayo, fueron líderes militares
en batallas contra ejércitos realistas
(Borges, para apoyar al Ejército del Norte,
fundó el cuerpo de Patricios Santiagueños
y Artigas resultó vencedor en la
Batalla de las Piedras en mayo de 1811),
fueron insumisos y se pusieron en contra
de las autoridades que pretendieron
doblegarlos (Borges contra el cabildo y la
gobernación del Tucumán, Artigas contra
el directorio porteño) y ambos, por
lo menos en un primer momento, fracasaron
en sus proyectos (Borges no pudo
concretar la Autonomía y Artigas vio
languidecer su Liga de Pueblos Libres).
Artigas: oriental,
¿nacional y popular?
Hay un consenso entre los historiadores
en ubicar a José Gervasio Artigas
como uno de los voceros más importantes
de la “causa federal”, más allá de
lo que eso signifique. Pero quisiéramos
destacar la perspectiva de un historiador
norteamericano, quien escribió un
notable libro sobre nuestro país: hablamos
de Nicolás Shumway y La invención
de la Argentina. Aquí el autor estudia lo
que él denomina “las primeras ficciones
orientadoras de la Argentina, tal como
aparecen en los escritores y pensadores
más importantes del país entre 1808 y
1880”. Shumway, al esbozar una genealogía
de la tradición nacional y popular
frente a la tradición liberal en Argentina,
encuentra una pieza clave en las ideas de
Artigas. él sostiene que el caudillo oriental
es el primero en haber articulado los
conceptos básicos del populismo, y señala
al poeta Bartolomé Hidalgo como
quien le diera una voz y un rostro humano
a esos pensamientos abstractos.
A través del análisis que hace este autor
de las numerosas intervenciones de Artigas
que están documentadas (discursos,
cartas, reglamentos) encuentra que
aparecen una y otra vez temáticas que
mucho tiempo después hallarán mayor
congruencia en la formulación del discurso
populista. Pero cuidado. No debemos
caricaturizar la elaboración conceptual
de Shumway. No nos está diciendo
que Artigas sea Juan Domingo Perón. La
cuestión es mucho más sutil.
Pero hagamos algunas precisiones
biográficas sobre el caudillo oriental, en
especial de su carrera política. Ya dijimos
que nació en 1764. Su abuelo vino a
estas tierras de Sudamérica acompañando
al fundador de Montevideo. Es decir
que los Artigas, de estirpe aragonesa,
formaban parte de las familias precursoras
de esta ciudad. Trabajó desde joven
en la campaña, en estancias propias
o ajenas, y esta familiaridad con el medio
rural le ayudó tiempo después a lograr
la empatía con gauchos, indios y
negros durante su liderazgo de la Banda
Oriental y el Litoral. La efervescencia
política que trajo la Revolución de
Mayo a ambos lados del Río de la Plata
encontró a Artigas siendo un hombre
maduro. Tenía 47 años en 1810.
Para aquella época, cuando el promedio
de vida era mucho menor que el
de hoy, estar en los umbrales de los 50
lo convertía en un hombre mayor, por
eso el apodo de “El Viejo” que le
enrostraban algunos de sus
aliados o enemigos.
Sin dudarlo, Artigas
se ofreció a las autoridades
de Buenos Aires para
trabajar en favor de
la revolución. Pronto
tuvo su bautismo
triunfal en el terreno militar, con la Batalla
de las Piedras. Pero a medida que el
curso revolucionario comenzó a complicarse,
empezaron los desacuerdos entre
Artigas y la dirigencia porteña. Esas desavenencias
se agigantaron con la actitud
de Buenos Aires en relación con la Banda
Oriental, sobre todo cuando se firmó
el “armisticio” con Montevideo. .
Por supuesto que los conflictos se
agudizaron mucho más con la realización
de la Asamblea del año XIII, en
donde los cinco diputados orientales
fueron rechazados. Claro, los legisladores
vinieron con las famosas “Instrucciones”
que los obligaban a bregar por la declaración
de la independencia y la adopción
de un sistema federal. Es interesante
recordar cómo habían sido elegidos
estos diputados. No lo fueron por el dedo
de Artigas. Fueron electos por asambleas
con una gran participación popular.
Veintitrés pueblos se reunieron en
Tres Cruces (inmediaciones de la sitiada
Montevideo) y en esa asamblea Artigas
pronunció sus famosas palabras:
“Mi autoridad emana de vosotros y ella
cesa por vuestra presencia soberana. Vosotros
estáis en el pleno goce de vuestros
derechos. Ved ahí el
fruto de mis ansias
y desvelos”.
De allí salieron
los enviados a
Buenos Aires
cuyos diplomas
fueron
impugnados.
En 1814
las adhesiones
hacia el liderazgo de Artigas crecen,
se forma una liga de provincias bajo
su influencia y se recupera Montevideo.
Triunfos para Artigas. Al mismo tiempo
los debates con la dirigencia porteña llegan
a un punto álgido cuando Posadas,
primer Director Supremo, firmó un decreto
infamante para el caudillo, en el
que lo califica de traidor.
Así llegamos a 1815. La mayoría de
los especialistas coinciden acerca de la
estatura política que alcanza Artigas. Dice
Shumway: “A mediados de 1815 Artigas
estaba en lo más alto de su influencia.
Tras proclamar al Uruguay, Entre
Ríos, Corrientes y Santa Fe como la Liga
de los Pueblos Libres del Litoral, y él su
protector, era el gobernante de facto de
toda la región”. Por su parte, dice Félix
Luna en Los caudillos: “Ha llegado acaso
al cenit de su trayectoria. Su estrella
luce en todo el ancho territorio acuchillado
que cabe entre el Paraná y el océano,
entre el Río de la Plata y las Selvas del
Matto Grosso y aun brilla mucho más
allá, en las provincias mediterráneas”.
Es además el año de la realización del
Congreso Oriental en Arroyo de la China
(actual Concepción) en donde los representantes
de las provincias bajo dominio
artiguista deliberaron sobre el futuro
de la organización de este territorio que
aún no había llegado a ser un país unificado.
Cuando algunos representantes
de aquel congreso fueron a Buenos Aires
a tratar de negociar, se encontraron con
las respuestas esperadas: o se sumaban
de manera incondicional al futuro congreso
-que se realizaría en Tucumán- o
podrían tomar su propio camino y proclamar
la independencia total de aquella
Liga. Artigas no aceptaba ninguna de las
opciones.
Los avances del federalismo
en el interior, según Tulio Halperìn
Donghi, se debieron
más a coincidencias ocasionales
que a afinidades profundas.
Lo cierto es que en
este contexto y en sintonía
con un momento de
importante poder de Artigas
y sus aliados, un santiagueño
liderará una rebelión
que buscaba poner
el acento en la soberanía
local para proclamar la autonomía.
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