Pura Vida CADA VUELTA AL PAGO ES COMO REGRESAR A CASA TRAS UNA LARGA GIRA CON LA MÚSICA

Horacio Banegas: "Yo no he logrado sentir nostalgia extrema por Santiago, porque vive dentro de mí"

El artista santiagueño junto a Marcelo Toledo y otros grupos folclóricos se presentarán este sábado en la peña "Mi origen y mi lugar".

12/10/2018 -

H ace 20 años que se afincó en Buenos Aires. Sin embargo, Horacio Banegas siempre vuelve al pago, como quien sale de gira, y luego regresa a casa. La vuelta tiene esta vez un gusto a encuentro, porque el sábado 13, desde las 22, en el espacio Casa TerraViva, de San Martín y Santa Fe, compartirá la peña “Mi origen y mi lugar” junto a Marcelo Toledo, Mósoj Ñaupa, Del Estero, Yván Herrera y Lucy Ramos.

“Yo no he logrado sentir nostalgia extrema por Santiago, porque Santiago vive permanentemente dentro de mí. Eso es constante. Yo no le he cantado a la provincia desde la añoranza, o he escrito canciones extrañando las cosas de Santiago; no me ha sucedido, porque siempre pienso y siento que Santiago vive dentro de mí”, dijo Horacio Banegas, feliz de poder encontrarse con colegas y con el público para agradecer el apoyo permanente a su manera de hacer arte.

“Para el santiagueño, es como un deber gratificante agarrar una guitarra y poder cantarle a la gente. Y esta vez es algo especial porque con Marcelo (Toledo) tampoco hemos tenido muchos encuentros, entonces, poder compartir nuestras canciones, estar juntos, y abrir ese espacio a otros jóvenes me da mucha felicidad, sobre todo aquí, en Santiago, que es nuestro lugar. El espíritu de nuestra música ronda siempre por Santiago del Estero”, remarcó.

Y sobre esa añoranza que acompaña el desarraigo, Banegas comentó: “Es muy característico del provinciano, del santiagueño que vive en Buenos Aires o en algún otro lugar del país, viven con nostalgia esa lejanía y extrañan. A mí lo que me pasa es que yo vuelvo siempre a la casa adonde he formado una familia, he criado a mis hijos, entonces, es como volver de gira, como lo he hecho en toda mi carrera. Aún estando en Santiago salía de gira y volvía a mi casa. Tal vez ese sea el motivo por el que no extraño. Para mí es como volver de trabajar a mi casa, a mi lugar”.

¿Quién hubieses sido de no ser quien sos hoy?

Y mirá, estoy a mitad de camino de lo que intuyo que soy. Yo tengo una muletilla de la que me he agarrado siempre y me he convencido que es así: “No sé quién es Horacio Banegas en su totalidad, voy detrás de él en su búsqueda, año tras año, mientras voy transitando la vida. Voy en la búsqueda de eso. Seguramente concluirá cuando sea el momento final de mi vida”.

¿Y cómo te imaginas a ese Horacio detrás del cual vas?

Yo creo que estoy a mitad de crecimiento, de evolucionar, de mi aprendizaje. Yo siempre he sido una persona muy curiosa, de buscar y buscar, y entonces esa es la búsqueda que hago dentro de mí hasta con los textos que escribo y las cosas que me van sucediendo en mi carrera. Yo creo que con el paso del tiempo uno va logrando una madurez interior, una madurez artística y eso abre una perspectiva de un libro abierto hasta el final de mis días.

¿Con qué expectativas encaras esa búsqueda permanente?

Yo creo que siempre he tenido un alto porcentaje de autocrítica para hacer mis cosas, para desarrollar mis cosas. No tengo una expectativa de querer lograr esto o aquello, porque simplemente sé que va a suceder lo que tiene que suceder con mi obra, con mi nombre, con lo que voy dejando como ser humano, en el momento justo. Cada ser humano, cada artista va viviendo lo que el pueblo le devuelve. Uno hace, está en la tarea de hacer permanentemente y de aprender, y luego recibe todo eso del pueblo. La gente es la que determina la luz que iluminará el camino de un artista y si la obra tiene la solidez que debe tener.

Te has dedicado no solo a componer y cantar sobre los escenarios, sino también a producir…

Yo he sido un artista autogestionado siempre. He tratado de evitar la dependencia de compañías discográficas, representantes, managers, porque considero que yo solo sé lo que hago y porqué lo hago y de qué manera lo siento. Nunca he querido entrar en discusiones ni con productores o compañías discográficas. He editado discos dando, después de producirlos, licencias a BMG, DBN, Epsa, a muchas compañías. Pero la autogestión y la producción han sido siempre para mí como un aprendizaje.

Te escucho decir que sólo vos sabes lo que haces y por qué. Entonces, cuál sería la respuesta ¿del para qué cantas?

Hay un escrito que abre nuestros shows. Es un texto en el que hago una desnudez de mi ideología, mis sentimientos, y del arte que he sentido siempre y he tratado de madurarlo, preservarlo y recrearlo siempre. El texto dice así: “Canto porque tengo las cosas enérgicas de mi pueblo: los afectos perdidos, los sueños ganados. Por el respeto a los mayores, la quietud, el desamparo. Canto porque ya estamos pueblo y yo, a mitad de crecimiento como una perspectiva en el tiempo. Por eso canto. Porque mi pueblo es pregunta, porque mi pueblo también es respuesta, y siempre será un respetuoso silencio. Por eso canto. Porque en los umbrales del infinito, mi raza se siente sojuzgada, a veces querida, a veces usada, a veces minimizada. Por eso canto. Por la verdad, por la búsqueda del mañana y la necesidad del nosotros, por la revalorización del prójimo y la rebelión de la palabra. Por eso canto”.

¿Adónde has llegado como productor?

He llegado a producir, a través de Ciudad Desierta (su productora), dos discos de Coco Banegas, un disco de Natalia Barrionuevo, Esteban Echaniz, de Santa Fe, y también mis hijos, el “Mono” y Jana, han sacado su segundo disco también a través del sello Ciudad Desierta. El disco “Reminiscencia”, del “Mono”, fue la felicidad total porque logramos con un producto independiente estar en una terna en los premios Gardel a la música, y luego ganar en la categoría. Mientras otros artistas agradecían a las multinacionales a las que pertenecen, nosotros habíamos llevado a ese ámbito, a esa gran fiesta, a Ciudad.

¿Qué es lo que cuidas del artista como productor?

Para mí es fundamental que exista un criterio unificado, una estética y un color para cada artista. Eso lo tiene que lograr el artista. No me gustan mucho los que hacen covers de obras conocidas. Para mí es fundamental que la propuesta tenga un rasgo personal, que tenga sus propias canciones y que exista un hilo conductor a través de las canciones propias del artista. Eso es fundamental para proyectar en el tiempo ese trabajo.

Con tus dos hijos en el camino de la música. ¿Te ves, en los pasos que van dando ellos?

Me veo ahí porque los chicos se han criado con la música mía, viéndome trabajar y producir y defender todo mi proyecto artístico. Entonces hoy veo con felicidad que tienen el mismo eje en sus producciones y que cuidan cada detalle. Tienen un alto sentido profesional para encarar sus trabajos. También me veo en las canciones que componen. Es como que hay una armonía en la parte compositiva, de la visión artística que tenemos.

¿Qué aporta la música en los tiempos que vivimos?

La música es un alimento permanentemente porque alimenta nuestro espíritu y es una vía de escape para lo que vivimos, para las cosas negativas que nos tocan transitar. Yo que vengo de un hogar muy humilde, en el que comíamos salteado, en el que nos acostábamos varios días solo con un mate a la noche, sé de las necesidades de la gente porque lo he vivido, no me lo han contado. Luego he decidido trabajar, no de la música, para poder criar a mis hijos, para que no les falte nada y sé el sacrificio que hace la gente a diario. Entonces, la música es como que les viene a lavar el alma en esos momentos en los que se sienten atravesados por situaciones tremendas, como no tener para comer. Ojalá que el pueblo, la gente sepa transitar esto que nos toca vivir, con paz, con la alegría que significa estar vivos.

 
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