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Una novela policial con eje en el narcotráfico y en las vueltas del destino

- 21:48 Viceversa

Hugo Rodríguez presentará el próximo jueves 31 de octubre su última novela, “El otro gemelo”. La misma será analizada por el Dr. Guillermo Ruiz Alvelda, el Dr. Alberto Tasso y la Prof. Norma Sayago. Este evento se desarrollará en la Casa de la Cultura “Argañaraz Alcorta” de nuestra ciudad.

Al respecto de esta obra, Hugo Rodríguez expresa: “La idea primigenia para esta novela era abordar una temática policial que tuviera como eje el narcotráfico. Todo pasa por el crecimiento formidable del consumo de la droga y, desde luego, se concatena con las causas que determinan el incremento en tiempos de crisis de la familia, cuyos efectos más visibles son el deterioro de los valores y el crecimiento delictivo, especialmente en los más jóvenes.

“A partir de allí la novela policial se fue transformando y gradualmente tuvo un enfoque diferente, especialmente por la gravitación que tiene el tema de la relativización de los valores. La problemática familiar tuvo un relieve diferente, fue más abarcativa. En realidad, se trata de temas complejos que distan mucho del viejo esquema: papa, mamá, hijos o de circunscribir el problema de la droga al consumo en forma casi excluyente”.

El cambio en los valores sociales

Al hablar de la sociedad en que vivimos, Rodríguez explica: “El fuerte cambio en el mundo durante los dos últimos siglos es impactante. Algo mucho más complejo y profundo en el plano social, político, militar, religioso, legal, medicinal, etc.

En el plano familiar, algunos pueden detenerse en el divorcio, en la ausencia creciente de vínculos formales que determinan la fragilidad de la convivencia, en los conflictos que provoca la convergencia de orígenes diferentes para la formación de los hijos por la diferencia de protagonismos de los mismos padres, en la parte traumática por la ausencia de lazos afectivos y sus efectos como la falta de sensación de pertenencia, de protección, de seguridad, de ternura que se explica en una familia.

Lo que sí resulta paradójico, cuando se analiza el tema en forma global, es la vinculación con otros aspectos en los que se ha evolucionado a través del tiempo y su incidencia en las vigencias de nuevos valores como la libertad, el respeto por los derechos humanos, la salud, en el formidable cambio del rol de la mujer, no solo en lo intelectual como en lo social, en el crecimiento en materia de conocimiento.

El rol de la mujer y el individualismo

Entre la larga lista de facetas cuyo cambio es significativo actualmente, pero cuyo desarrollado trajo aparejado una involución, Rodríguez marca como ejemplo “el rol de la mujer hasta no hace mucho fue algo secundario, pero en la actualidad determina un protagonismo notable. Pero también sería un error no advertir la incidencia en el ámbito familiar, en la crisis de parejas, en la transmisión de valores, en la autoestima de los hijos. Todo esto nos obliga a un replanteo de roles del que aún no terminamos de acomodarnos. En este plano estoy demasiado lejos de un juicio de valor, simplemente remarco una realidad”.

“Otro aspecto determinante es el crecimiento del egocentrismo en desmedro del alterocentrismo. Pareciera existir una corriente fuertemente individualista que va diluyendo la noción del tú, del nosotros y, por ende, al fundamento del amor relacionante”.

El argumento

Al hablar sobre lo que trata su novela, Hugo Rodríguez dijo: “He intentado reflejar un esquema no convencional que le permita al lector una mirada sutil, que vaya más allá de lo aparente. Una pareja de abogados tiene un accidente cerca de Las Termas. Ella está embarazada. Rompe bolsa y al llegar a la cirugía descubren que son gemelos. La partera que la atiende decide asumir el rol de Dios y sin que sepa nadie, entrega uno de ellos a un matrimonio mayor amigo. Él es policía.

Mi idea era plantear una fantasía donde seres de un mismo vientre asumen caminos diferentes, radicalmente distintos a partir de las circunstancias e influencias, radicalmente distintos a partir de las circunstancias e influencias que transmitimos los padres y la sociedad, la educación, los pequeños y formidables gestos de ternura, de protección, de pertenencia, que cada día entregamos o negamos a nuestros hijos.

Aquí están marcados dos caminos extremos, por causas muy definidas, pero incluso con nuestros propios hijos se producen disparidades en sus conductas que son el resultado de formaciones diferentes por tiempos y circunstancias distintas.

Poco más de cuarenta años después se produce en Santiago un enfrentamiento entre dos bandas de narcotraficantes. Una de ellas, la rosarina produce una matanza en otra que intentaba ocupar nuevos espacios de venta en un barrio, para luego intentar escapar. La rápida acción de la policía los persigue y cierra su paso en la cercanía de Fernández. Allí se da el enfrentamiento final. Cuando el jefe del operativo ve el cadáver del narco descubre que su rostro es idéntico al de su amigo subcomisario de la Policía Federal. Cuando lo llama por celular, escucha su voz balbuceante, atravesada por el dolor y la angustia. Le pregunta dónde está. El federal le responde que en su oficina y que estaba sintiendo síntomas como si hubiese sido baleado, que apenas podía respirar y no entendía nada.

Apelando a la prudencia, el amigo le pide que se llegue a la morgue para reconocer un cadáver. Cuando lo hace, su sorpresa es mayúscula, pero también, como policía, un signo de interrogación para resolver su propia identidad”.

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