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Las Nobles Argentinas: Una historia de fe y alcurnia en el siglo XX

Por Eduardo Lazzari, historiador

Las Nobles Argentinas- Una historia de fe y alcurnia en el siglo XX  Por Eduardo Lazzari

Las Nobles Argentinas: Una historia de fe y alcurnia en el siglo XX . Por Eduardo Lazzari.

24/01/2026 22:28 Santiago
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 El territorio argentino actual fue uno de los más pobres en los tiempos de la dominación española en América. La falta de recursos naturales más allá de la supervivencia, sumada a los enormes espacios sin poblar, llevó a estas regiones a una vida sin demasiados lujos ni exquisiteces institucionales. Esta es la razón por la que durante los tres siglos de la etapa colonial no hubo nobleza en estas tierras. Se destaca por ser el único, el marquesado de Yaví, ubicado en la zona cercana a San Salvador de Jujuy, uno de cuyos titulares, Juan José Fernández Campero, fue héroe y mártir de la Independencia, además de diputado del Congreso General Constituyente de 1816 reunido en San Miguel del Tucumán. Es el único título de nobleza hereditario, al que se suma a título personal el conde de Buenos Aires que recibiera Santiago de Liniers, por su participación en la Reconquista y la Defensa de la capital del virreinato del Río de la Plata, frente a las invasiones británicas.

   El proceso de desarrollo vinculado a los negocios agropecuarios que permitieron a la Argentina insertarse en la economía mundial a fines del siglo XIX, produjo una aspiración social por parte de los grandes terratenientes de la pampa y de las acomodadas élites de las provincias del interior que se manifestó en signos materiales como la construcción de castillos a la inglesa en los campos, palacios a la francesa en las ciudades y mausoleos a la italiana en los cementerios, terminados los cuales se consideraban a sí mismos como integrantes de la "nobleza criolla", que para algunos fue una aristocracia y para otros una oligarquía. Siempre hubo personajes que se convirtieron en nobles por matrimonios con europeos. El caso más representativo es el de Máxima Zorreguieta, que llegó a la corona holandesa a través de su matrimonio con el entonces príncipe Guillermo de Orange en 2002 y se convirtió en la reina Máxima de los Países Bajos.

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   Sin embargo, en el siglo XX, hubo varias mujeres argentinas que se convirtieron en nobles por derecho propio, las únicas de nuestras tierras, como fruto de su filantropía dentro de la Iglesia Católica, convirtiéndose en las más grandes benefactoras que la Santa Sede tuvo durante esos tiempos. Fueron designadas por el Papa como integrantes de la corte vaticana y recibieron el título, primero de marquesas pontificias y luego de condesas. Son fascinantes las vidas de Mercedes Castellanos de Anchorena, de María Unzué de Alvear y de Adelia Harilaos de Olmos. La omisión de su memoria forma parte de la mala costumbre de aplicar criterios sociológicos como pautas morales de premio o castigo a la que cierto sector de la historiografía es bastante afecto: "si es rico, no puede ser bueno".

 MERCEDES CASTELLANOS DE ANCHORENA

   María de las Mercedes Castellanos de la Iglesia nace en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1840 en el hogar formado por Aarón Castellanos y Secundina de la Iglesia, siendo bautizada en la iglesia de la Merced el 27 de octubre de ese año. Aarón iba a destacarse en su vida como uno de los pioneros de la colonización de inmigrantes en la provincia de Santa Fe donde una estación ferroviaria lo recuerda. Mercedes se casa con Nicolás Hugo de Anchorena en la iglesia del Socorro el 24 de setiembre de 1864, día del onomástico de la novia. Será un prolífico matrimonio ya que nacerán once hijos, de los cuales ocho llegarán a su adultez. El más notable de los retoños es Aarón de Anchorena, pionero de la aeronáutica argentina y constructor del palacio que hoy es la residencia de descanso del presidente del Uruguay en la barra de San Juan, cerca de Colonia.

-Mercedes  Castellanos de Anchorena- 

   Doña Mercedes queda viuda a los veinte años de casada en 1884, heredando una incalculable fortuna, cuya administración supo delegar en colaboradores de confianza, que le permitieron incrementarla y dedicar el resto de su vida a tareas benéficas, entre las que se destacan decenas de conventos y escuelas religiosas en todo el país, el sostenimiento de instituciones de carácter social y varios templos católicos. Entre estos últimos se destaca la iglesia del Santísimo Sacramento, quizá el edificio religioso más lujoso de la Argentina, surgido de una charla con el arzobispo porteño Antonio Espinosa, a quien luego de contarle que iba a construir un palacio para vivir, le dijo que no podía hacerlo mientras "Dios no tuviera un palacio en Buenos Aires". Sus donaciones a las obras de la Santa Sede en el país y en el mundo la hicieron acreedora del título de condesa pontificia

   Vivió en el Palacio Anchorena, ubicado frente a la plaza San Martín de Buenos Aires, sede hoy de la Cancillería Argentina, y rebautizado como Palacio San Martín. Allí murió en 1920, a los ochenta años, y fue sepultada en la iglesia "palacio" que creó para Dios en su ciudad natal. Su tumba en la cripta de la Basílica es cercana a la del cardenal Santiago Luis Copello, primer purpurado latinoamericano de habla hispana. A pesar de las soberbias construcciones en las que vivió, sus costumbres eran austeras y todo el personal que trabajó para ella, tanto en Buenos Aires como en sus estancias, gozó de condiciones laborales muy adelantadas para la época. Queda como testimonio el pueblo con iglesia, escuela y viviendas que se levantó en su estancia de Azul, "San Ramón".

MARÍA UNZUÉ DE ALVEAR

   María de los Remedios Unzué Gutiérrez Capdevila nació en Buenos Aires el 21 de noviembre de 1861, siendo bautizada en la iglesia de San Miguel Arcángel el 27 de diciembre de ese año. Era hija de Saturnino Unzué y de Concepción Gutiérrez Capdevila, y el padre es recordado por el asilo de niñas huérfanas que sus tres hijos levantaron en su homenaje en la ciudad de Mar del Plata, una de las joyas de la arquitectura argentina. Criada en cuna de oro, se casa el 8 de julio de 1885 con Ángel Torcuato de Alvear, de quien enviudará sin hijos, a los veinte años de casada, curiosa coincidencia con Mercedes Castellanos. Es cuñada del presidente Marcelo Torcuato de Alvear.

-María Unzué de Alvear-

    Dedicará su vida a la filantropía, viviendo entre su palacio de la calle Alvear y su estancia en Rojas. Lamentablemente ambos edificios han sido demolidos. Trabajó incansablemente en la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires y fue la presidenta de la comisión que organizó el Congreso Eucarístico Internacional de 1934, el primero en Sudamérica, al que asistió el Secretario de Estado vaticano, cardenal Eugenio Pacelli, quien sería papa Pío XII. Construyó gran cantidad de escuelas, el hospital de Rojas, delegaciones municipales y en el noroeste de la provincia de Buenos Aires se la recuerda por haber sido la creadora de las ollas populares durante la crisis de 1930. Ella, junto a sus empleados domésticos, se instalaba en los cruces de los caminos rurales para brindar alimento y abrigo a quienes se habían quedado sin trabajo en esos años. Por su contribución social y pecuniaria a las obras de la Iglesia Católica fue nombrada condesa pontificia.

   Es la donante del templo nacional, hoy basílica, de Santa Rosa de Lima en la esquina de Belgrano y Pasco de Buenos Aires, construido como iglesia votiva del Congreso Eucarístico del 34. Allí se conserva el ascensor que usaba para llegar al balcón desde el que asistía a misa cada domingo. Muere el 18 de enero de 1950, habiéndose enfrentado con el gobierno de Juan Perón a raíz de la intervención de la Sociedad de Beneficencia porteña. La cripta de Santa Rosa estaba destinada a su tumba, donde ya se encontraba sepultado su esposo. Al llegar el cortejo fúnebre a la iglesia, un oficial de justicia informó a los familiares de un decreto emitido por el presidente, prohibiendo la sepultura en las iglesias. Fue llevada, de apuro, al panteón familiar del cementerio de la Recoleta, y en 1955 finalmente pudo reposar en la iglesia que es su homenaje.

ADELIA HARILAOS DE OLMOS

   Adelia María Harilaos nace el 16 de julio de 1865 en Buenos Aires, en un hogar formado por Horacio Harilaos y Carolina Senillosa, herederos de apellidos reconocidos sin fortuna debido a la mala administración de ambos cónyuges. Adelia vivió los avatares familiares, pero su encanto le permitió enamorar a Ambrosio Olmos, un hombre treinta años mayor que ella que había logrado amasar una gran fortuna como proveedor del Ejército durante la campaña del desierto, quien había llegado a ser gobernador de Córdoba, provincia que lo recuerda con múltiples homenajes. Se casaron en 1902 y Adelia enviuda en 1906, heredando todos los bienes de su esposo. Rápidamente delegó la administración de los campos, sobre todo la estancia San Ambrosio, en Río Cuarto, una de las más extensas del país y poseedora de un casco que fue llamado el "Versailles Argentino".

-Adelia Harilaos de Olmos-

    Desde su viudez dedicó su vida a la filantropía y fue una de las grandes promotoras de la Sociedad de Beneficencia. Fue la donante del aula magna de la Universidad Gregoriana de Roma. En el país se cuentan decenas de edificios dedicados a escuelas, asilos y conventos debidos a su generosidad. Fue la madrina del nombramiento de la Basílica de San Francisco en Buenos Aires y construyó el convento de las Esclavas, que hoy es su tumba. Participó activamente de la organización del Congreso Eucarístico de 1934 y en sufragio a su colaboración con la Iglesia fue nombrada condesa pontificia. 

   En tiempos de enfrentamiento entre algunos sectores del catolicismo y el gobierno de Perón, Adelia protagonizó un encuentro en la esposa del presidente. Evita estaba preparando su viaje a Europa en 1947, y fue a la casa de la condesa a preguntarle que había que hacer para ser una noble vaticana. Adelia, ya octogenaria, le contestó sencillamente: "Hay que portarse bien, mi'jita, hay que portarse bien". Esta reunión le valió a Adelia el rechazo de sus viejas compañeras de la Sociedad de Beneficencia. Murió en Buenos Aires el 15 de setiembre de 1949. La casa que habitara y donde recibió como huésped al cardenal Pacelli en 1934 es hoy el ministerio de Cultura de la Nación y la donación de su último hogar, otro viejo palacio Anchorena, a la Santa Sede se ha convertido en la Nunciatura Apostólica. Todos sus bienes fueron donados a la Iglesia Católica, y su gran estancia cordobesa es hoy una escuela agro-técnica en manos de los salesianos.

   Estas mujeres han sido prácticamente olvidadas por el relato histórico de nuestro país. Dispusieron de cuantiosas fortunas, puestas al servicio de la Iglesia, institución a la que las tres consideraban la portadora natural de la beneficencia en el país. Recordar aspectos de la historia de los argentinos es una tarea que muchas veces es grata, y sin duda este caso es uno de ellos

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