Por Diego Ramos , Politólogo.
Teología pública y orden mundial: un nuevo Génesis en marcha Teología pública y orden mundial: un nuevo Génesis en marcha
Nadie duda que, en estos tiempos geo políticos, todas las seguridades se han caído. No existen garantías del orden jurídico internacional, no solo desde el secuestro de Nicolás Maduro, sino también desde la fuerte intención que Donald Trump tiene en romper con la OTAN, violar toda estructura jurídica y principios internacionales que mantenían una cierta estabilidad necesaria para construir la paz.
Crear el escenario de la inexistencia de las seguridades es necesario, no para forjar un nuevo orden mundial, sino algo mucho más complejo y novedoso: la creación de un nuevo mundo- el Génesis- del "dios del norte" que viene, no solo a contradecir el sentido de la creación de Yahvé Dios, sino a remplazarlo.
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La nueva creación impone un diseño de destrucción y deshumanización, oponiéndose a los primeros capítulos del libro del Génisis que relata como Dios, en medio de la creación, otorga la responsabilidad al hombre de gobernar "hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganando, y todas las fieras de la tierra "
Lo religioso-teológico en el Génesis geo político del "dios del norte" es de carácter impugnador sobre el sentido civilizatorio de la creación. Su diseño no contempla el gobierno del hombre civilizante, ha decidido que las fieras tomen el control, que cada acto de ferocidad sea una sentencia que indique que, la lucha por la civilización-humanización de la historia ha fracasado. La ferocidad es una reacción animal capaz de devorar, destruir, incluso comerse las tripas de sus presas.
Si Trump propone su propia creación, entonces, es necesario reconocer y anteponer el mandato de Dios hacia el hombre de someter a las fieras como un hecho político, de una gobernanza teológica. De hecho, la civilización -en el proceso de la historia-, como parte del diseño de la creación, ha consistido en el intento de someter la ferocidad a la política, es decir, el caos al lenguaje, al diálogo.
El imperio del "dios del norte" está desesperado, siente que ha perdido la hegemonía en la guerra comercial con China y necesita, como todo imperio, nutrirse de las periferias, destripando los recursos naturales, saqueando todo lo que requiere con el objetivo de mantener dicha hegemonía. Trump viene con un nuevo Génesis destructivo, God Bless the U.S.A Bible o la Biblia Trump, como la señalan algunos fue utilizada como símbolo político y cultural dentro de la campaña electoral 2024, pero significa mucho más que un título devocional, es una operación simbólica, política y teológica a la vez.
Hay una disputa teológica pública entre Trump (que cree ser dios o al menos siente que es su vocero aquí en la tierra) y Jesús de Nazaret. Frente al diseño geo político teológico destructivo del "dios del norte", la multiplicación de los panes, que narran los Evangelios en la Biblia, representa la experiencia de teología pública hecha por Jesús en Tiberíades, llamada así justamente en honor al emperador romano Tiberius creado por Herodes. Fue en el mismo corazón del imperio, en la ciudad que honra al emperador y simboliza las políticas imperiales de saqueo, expropiación de tierras, cobro de impuestos, hambre y miseria donde Jesús decide organizar al pueblo en grupos de a cincuenta y de a cien.
Tiberíades no es un dato neutro, es lugar del orden del imperio, del poder como dominación. Frente al hambre, como hecho político, Jesús lo resuelve del mismo modo, como un hecho político. Una teología pública que encuentra las mediaciones en medio de la gente para alimentar al pueblo: "aquí hay un joven que tiene pescado y otro que tiene pan". Una teología pública que no bendice Tiberíades, por el contrario, rechaza al imperio y sus políticas. Una teología pública que construye desde las periferias, desde la exterioridad
Pensar desde la exterioridad significa mirar la realidad desde la vida negada, no desde las instituciones que la administran. En América Latina, la exterioridad no es una idea, consiste en los pueblos empobrecidos, los cuerpos descartados, las mayorías excluídas del sistema económico y político, detrás de la ferocidad imperial. No están "afuera" por accidente, sino expulsados estructuralmente.
"Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña", finaliza el texto de la multiplicación de los panes en el Evangelio de San Juan. El nazareno no acepta la matriz colonial-imperial de dominación y destrucción, la rechaza, la detesta y la combate. Las teologías públicas están puestas sobre la mesa, el interrogante teológico político no es inocente, como tampoco es inocente su respuesta: ¿qué teología hay detrás de nuestras prácticas y discursos políticos y eclesiales?, ¿a quién bendice, a Tiberíades o a Jesús de Nazaret?
Donald Trump y sus socios proponen mucho más que un nuevo orden, han desatado la furia de una "nueva creación" donde dominan las bestias. Su teología pública es de destrucción. La multiplicación de los panes en el corazón del imperio es, en cambio, la teología pública humanizante, que no se resigna a pensar que la historia por la civilización ha fracasado.








