Por José Mario Simón Docente jubilado de UNSE
FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS
Quienes traspusimos varias décadas en la vida, hemos tenido una educación primaria y secundaria donde se enfatizaba lo nacional, lo nativo. Rescato de mi memoria los quince minutos obligatorios de danzas folklóricas en los bailes públicos. Como también las clases de música en el patio cubierto de la Escuela Normal "José Benjamín Gorostiaga" donde nos enseñaban a bailar gato, chacarera, zamba, el pericón nacional, cueca, etc. Allí entonábamos "Mama Vieja", "Debajo de la Morera", "Paisajes de Catamarca" además, por supuesto, el Himno Nacional, el "Himno a Sarmiento", la "Marcha de San Lorenzo" y otras que ya no recuerdo. En esas clases conocimos los instrumentos musicales autóctonos como la caja, el bombo y la quena.
De la enseñanza de esa época quedó en mi memoria que: las Malvinas fueron, son y serán argentinas. En esos años no entendía la importancia del lema, pero la persistencia escolar signó en mi espíritu, y en la masa generacional contemporánea, el convencimiento que la corbeta inglesa Clío nos había expoliado injustamente parte de nuestro territorio, en 1833. Y ese sentimiento reprimido por tantos años, es el que brotó espontáneo y exultante en la Plaza de Mayo, en los primeros días del mes de abril de 1982. No fue una manifestación de apoyo al gobierno de turno, sino al ejercicio de defensa de la soberanía que se había materializado con el desembarco en Malvinas de un pelotón de infantes de marina al mando del teniente GIACHINO, primer mártir del operativo.
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¿ Podemos reclamar justificadamente soberanía sobre las islas?
Total y absolutamente SI! Por herencia natural de las posesiones españolas.
Casi desde la llegada de Colón a este continente y antes de ser descubiertas, las islas ya pertenecían a España. El Papa Alejandro VI por medio de las Bulas INTER COETERA y DUDUM SI QUIEDEM en 1493 adjudicó a los Reyes de Castilla y León y, a sus sucesores, todas las tierras descubiertas y por descubrir, a partir de las cien leguas al occidente de las Azores. No entraremos a discutir, a más de cinco siglos después, la validez de una bula papal en la asignación de territorios. En su época era norma de uso y, por tanto, de validez natural.
El descubrimiento efectivo de Malvinas es un hecho indefinido. Américo Vespucio, integrando una expedición portuguesa las avista accidentalmente en 1501. También las vio Magallanes en 1520. Pero lo que no se discute es el avistaje declarado del holandés Sebald de Weert, que las registró en las cartas marinas de la época como Archipiélago SEBALDES o Islas SEBALDINAS en 1598. Casi cien años después aparece el primer inglés: John Strong y las nomina como FALKLANDS. Posteriormente, en el mismo año 1698, una expedición de marinos bretones oriundos del puerto de Saint Maló (Francia) se afincó para explotar la fauna marina y la hicieron conocer como las Islas MALUINAS, que fue deformándose fonéticamente para llegar a la designación argentina de Islas MALVINAS.
Mientras que los ingleses navegaban por el Caribe que era mas redituable para sus negocios, los franceses decidieron colonizar las islas del Atlántico sur. Para ello, en el año 1729, destacan al parisino Luis Antonio de Bouganville, para que construya un fuerte para la defensa y las primeras casas para los colonos, en la isla Soledad. Pero cuando llegan las primeras noticias a España, ésta reclama su soberanía ante el monarca francés Luis XV quien, como resultado de largas negociaciones, reconoció su calidad de intruso y el derecho español sobre esos archipiélagos del Atlántico sur. Bouganville entregó la posesión a las autoridades ibéricas y saludó con veintiún cañonazos el izamiento del pabellón hispano, reconocimiento real de la legalidad del reclamo español.
¿Que hacían los ingleses mientras tanto? Seguían por el Caribe ignorantes de lo que ocurría en la zona austral, atendiendo situaciones más redituables.
España gobernó ininterrumpidamente en el Archipiélago Malvinas desde 1767 hasta 1811. Durante cuarenta y cuatro años y respaldados por la designación de 20 gobernadores, mantuvo presencia española como única expresión de soberanía territorial. Soberanía que fue transferida a la Argentina como lógica sucesión hereditaria de los estados de derecho posesorio. Transcurrieron ocho años para que el gobierno de Buenos Aires tomara posesión por medio del coronel de marina DAVID JEWETT, comandante de la fragata Heroína, marino estadounidense nacionalizado argentino. Jewett creó una comandancia militar y enarboló por primera vez el pabellón argentino en las Islas Malvinas. Signos evidentes del ejercicio pleno de soberanía en el territorio, que se difundió internacionalmente mediante publicaciones en el Time de Londres, El Redactor de España y Salem Gazette de Estados Unidos. El Ministerio de Relaciones Exteriores no recibió ninguna impugnación al hecho, dando por aceptados los derechos argentinos heredados por sucesión del reino español y la presencia argentina se mantuvo hasta 1824, mediante comandantes militares.
Evidentemente el año 1829 fue trascendente en la historia malvinense. Con fecha 10 de junio de ese año, el gobernador de Buenos Aires Martín Rodriguez y su ministro de gobierno Salvador María del Carril crean la Gobernación Civil y Militar de las Islas Malvinas y designan a LUIS VERNET para ocupar ese cargo. Este acto de pertenencia territorial del gobierno argentino, clara demostración de soberanía de estado, fue el fundamento para que posteriormente, en 1973, se instituyera la conmemoración patria: 10 de junio. Día de reafirmación de los derechos argentinos sobre Las Malvinas. Pero también dio lugar a la reacción del gobierno británico que se proclamó poseedor de soberanía sobre el archipiélago y, en plena actitud discordante, dio por finalizadas las amables relaciones diplomáticas, comerciales y hasta políticas que mantenían la corona británica y el gobierno argentino, en los albores de nuestra nación.
Es así que ejercimos nuestros derechos soberanos hasta 1833, en que aparece la corbeta inglesa Clío y desaloja, por la fuerza, a casi toda la población argentina. Dije casi toda, porque Antonio Rivero, poblador argentino de la Isla Soledad declaró su rebeldía ante la posesión indebida de las islas. Acaudillando a un grupo de gauchos patriotas tomaron la comandancia, ya dueños del fuerte, reemplazaron la bandera inglesa por el pabellón celeste y blanco y mantuvieron esa posición durante seis meses. Posteriormente arribaron refuerzos militares británicos, los desalojaron y persiguieron por la isla hasta que el gaucho RIVERO fue tomado prisionero y trasladado a Londres para su juzgamiento.
Desde 1833 en adelante se inician los repetitivos y, al mismo tiempo, infructuosos reclamos ante la monarquía británica que rehúsa tratar el tema por la endeblez de sus antecedentes territoriales, reemplazados por la fuerza del atropello de la Clío. Si fuera Holanda o si fuera Francia el disputante, otros serían los parámetros de este conflicto, pero Inglaterra, no tiene mas argumento que el apetito comercial por la riqueza ictícola y la ubicación estratégica de las islas.
Pero tengamos en claro: fueron y son argentinas.
En este 2 de abril donde se cumplen cuarenta y cuatro años del desembarco argentino en las islas, separemos la paja del trigo. En el platillo de lo negativo coloquemos la ingenuidad de la cancillería argentina y la ineptitud del gobernante de turno y sus colegas, pero rescatemos con énfasis, para el otro platillo, el valor de nuestros jóvenes soldados, del cuadro de suboficiales y de la oficialidad combatiente de las tres fuerzas: aeronáutica, ejército y naval que lucharon cual émulos de los bravos guerreros de la independencia y que representan el verdadero espíritu nacional.
Habremos perdido la batalla, pero no perdamos la convicción. "Evitemos que la propaganda del vencedor se convierta en la historia oficial del vencido", como lo dicen Cardoso-Kirschbaum-Van der Kooy en su libro: Malvinas, la trama secreta. Coincidente con esta aseveración, pero muchos años antes, Arturo Jauretche sostenía que "debemos protegernos de la colonización pedagógica". No cedamos ante el olvido de la gesta de Malvinas y mantengamos latentes nuestras defensas contra la desmalvinización, para que se hagan realidad los versos del estribillo de la Marcha de Malvinas:
"brille, oh Patria en tu diadema"
"la perdida perla austral".
Sería nuestro justo homenaje a los caídos, en especial a nuestros comprovincianos, cuyos nombres se perpetúan en calles del barrio Ejército Argentino, en la zona sur de la ciudad capital. Además, en la actitud y en la recordación, cumplamos con nuestra obligación moral de honrar la valentía de los que regresaron, habiendo arriesgado su vida en las acciones bélicas para defender lo nuestro.
Información
# Registros periodísticos archivo personal.
# La Guerra Austral. (Manfred Schonfeld).
# Malvinas, la trama perfecta. (Cardoso-Kirschbaum-Van der Kooy).
# Historia de las Islas Malvinas. (Alejandro J. Betts).








