Por Lic. Leonardo Innamorato
¿Qué implica ser de clase media hoy en Argentina? ¿Qué implica ser de clase media hoy en Argentina?
Actualmente nos preguntamos si pertenecemos o no a una determinada clase social, o si poseemos aun el capital cultural a pesar que nuestros alicaídos ingresos y las últimas devaluaciones y volatilidades económicas de nuestro país, nos hacen replantear algunas cuestiones de lo que se llama la pertenencia a la clase social, en este caso de sectores "medios". Y lógicamente, surgieron nuevos planteos como ¿qué es esto de la clase media? ¿Hay niveles intermedios de clases medias? ¿Cómo se siente ser de clase media sin serlo? Vaya advertencia, pertenecer a la clase llámese media, pobre o alta, no es tomarlo desde un punto de vista peyorativo ni de una "casta", sería caer en falacias ideológicas demodé; estamos en Democracia, conviviendo en una sociedad en estado de derecho, civilizada y con normas sociales y pues ésta, tiene sus segmentos distintivos.
Históricamente, nuestro país, la República Argentina sacaba pecho y se mostraba orgullosa en gran parte del siglo XX, respecto a los demás países de Latinoamérica de poseer una abundante clase media en cuanto a cantidad y calidad - teniendo en cuenta algunas variables socioeconómicas - como ser el ingreso per cápita, los empleos estables de las personas, el acceso a cierto nivel de vida, de consumo y capital socio cultural. Si hacemos un experimento social o una encuesta y se pregunta a la gente de qué clase se consideran que son, responden la mayoría de "clase media", o sea, se volvió una dimensión "aspiracional" y que hacen un supremo esfuerzo por mantener el status de otrora época, y el sueño de "progreso".
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No obstante, debido a las diversas crisis económicas de los últimos 25 años, este sector histórico que viene golpeado, ha cambiado algunos hábitos de consumo. Ante un cambio en la estructura económica, inmediatamente repercute en la estructura social; esto es, una suba del dólar o de la nafta, impactará en la suba de precios, haciendo que automáticamente crezca la pobreza. Ante estas consideraciones, la clase media, que aún persiste y quiere mantenerse- debido a que aún posee capital cultural, vivienda (el sueño de la clase propia), educación y algún que otro nivel de consumo, pero se ve obligada a recortar algunos gastos como ser elegir marcas de segundo nivel, privarse de gastos de esparcimientos, cambiar a los hijos de un colegio privado a uno público o concurrir a ferias de venta de ropa usada.
Estos cambios de "hábitos" de este sector hacen que consuman como ahorro, es decir, los pesos que queman, no saber qué hacer con el dinero, van en consumo de bienes intermedios, por ejemplo, un televisor. En vez de antes, ahorrar para una casa, se pasa a adquirir un electrodoméstico o algun dispositivo de telefonía celular. Estas mutaciones comprenden al segmento de la generación de los "centennialls" y los "millennials", en comparación de los ahorros que tenían nuestros abuelos.
Claro está, para medir estos niveles, hay estudios sociológicos recientes de algunas consultoras, indicadores técnicos económicos precisos, donde se tomaron principalmente dos variables grandes como ser económica- matemática, y otra podría ser psicológica o social. Técnicamente, podríamos sostener que "la clase media se define más por valores que por ingresos". Si bien, se registró una erosión del poder adquisitivo; esto es que se resignó fuertemente niveles de consumo vinculados con el ocio y la indumentaria. Y valoraron seguir pagando las obras sociales "prepagas".
Observamos que el hito consagratorio de la clase media como antes era el ahorro, la vivienda y demás, actualmente quedan en la nebulosa ante la "crisis constante" y tratar de no caer o que se los rotulen como "pobres". Si bien, desde la crisis del año 2.001, la mayoría de los sociólogos, economistas y teóricos, - aparte de la estratificación o división de la sociedad en clase alta, media y pobre, hubo un concepto al que introdujeron como los "declinados", es decir, aquellas personas que, ante la crisis, la pérdida de sus empleos y la devaluación de la moneda, inmediatamente quedaron expuestos en esa categoría entre el umbral de la clase media y la pobre.
Teorizando para explicar y medir dicha temática, tenemos básicamente dos teorías, por un lado, la europea donde se toma a la educación y trabajo-, y la americana que mide ingresos. Nuestro país tiene más el arraigo de la teoría europea, (más allá de las vivencias o historias urbanas del físico nuclear taxista), la realidad nos demuestra la hipótesis que "a mayor nivel de estudios, mayor nivel social y calidad de trabajo. Y luego se lo relaciona con ingresos, para tener una idea de parametrización de cuánto esa gente podría llegar a gastar.
Rebusques y estrategias para llegar a fin de mes
Hay un dicho que sostiene que en tiempos de crisis se agudiza el ingenio. Ante este nuevo panorama, surgieron trabajos a los cuáles sirven de "rebusques" como el servicio de cadetería, transporte via aplicación de celular, oficios y capacitaciones de ciertas carreras cortas que prometen rápida salida laboral al mercado. Un indicador importante en los hábitos de este sector es el aumento de endeudamiento en base a tarjetas y otras instituciones financieras. Entre las prácticas que se adoptaron en cuanto al rubro "comida", es el cambio de consumo de carne vacuna sustituida por el pollo, cerdo o verduras. La incertidumbre y el factor de inestabilidad económica como rasgos distintivos de esta nueva realidad.
Ante las propuestas de políticas sociales y de tipo compensatorio que ofrece el Estado atraves de los gobiernos, estos segmentos se acogen a los subsidios de tarifas eléctricas y hasta acuden más a los centros asistenciales públicos como los hospitales y dispensarios de salud.
Algunos datos
Por presentar algunas cifras de tipo cuantitativa. que se desprenden de un informe de la fundación Pensar, think tank (del PRO), en colaboración con la consultora Casa Tres. El análisis se basó en una encuesta sobre 2.319 hogares, y datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Como para tener en cuenta, se ha de clasificar a los estratos sociales en cuanto a:
Indigencia: sectores cuyos ingresos son magros y lo mínimo que se cubre es la canasta básica alimenticia.
Pobreza: El ingreso necesario para cubrir la canasta básica total, que incluye alimentación, vivienda, educación, salud, entre otros. Quizá estos sectores pueden poseer una vivienda, algún medio de movilidad, -como una moto-, mandar a sus hijos al colegio, pero se ven privados de gastos de esparcimientos y recreación como viajes, salidas a cenar, cuota de algun club deportivo, etc.
Clase media: El ingreso mínimo necesario para mantener un nivel de vida que se considera adecuado y que supera el umbral de pobreza. Comprende la satisfacción de la canasta básica, esto incluye gastos y consumo en esparcimiento, ocio, algun vehículo, medicinas prepagas, viajes, etc.
Consideraciones finales
Es sabido debido a magros gobiernos y políticas económicas, las debacles hicieron que esa clase media languideciera y vaya perdiendo protagonismo en la sociedad, y nuestra clase media tiene "terror" de caer y lucha constantemente. Si bien para no ser de clase pobre los índices mensurables que van variando nos van delineando nuestra condición. Tener el síndrome de "Doña Florinda" (vecindad del Chavo del 8) y creerse aún que se posee calidad educativa, valores y trato; pero, la realidad nos sugiere que lamentablemente -en cuanto a los ingresos- podrían considerarse ya de "clase pobre" o declinados.
A lo largo de las décadas y de nuestra identidad poblacional, "la clase media fue históricamente el corazón del imaginario nacional". Entonces, hay que considerar generar políticas de aliento, un proyecto Nacional -sin grietas-, donde se respeten las reglas de juego en materia económica, de previsión, social, ciudadana y de la educación. Estos considero los pilares fundamentales para generar los cimientos sólidos para que los ciudadanos actuales y futuras generaciones, aspiren a niveles de vida y consumo que gozamos en décadas pasadas con mayor esplendor y donde éramos la envidia de otras sociedades.
El autor es Licenciado en sociología y docente








