Dolar Oficial: - Dolar Blue:- Dolar CCL:- Dolar Bolsa: - Dolar Mayorista: -

EL LIBERAL . Santiago

Las guerreras de la independencia: Mujeres que dieron todo por la Patria

Por Eduardo Lazzari.

12/04/2026 01:56 Santiago
Escuchar:

Las guerreras de la independencia: Mujeres que dieron todo por la Patria Las guerreras de la independencia: Mujeres que dieron todo por la Patria

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

El relato histórico de los tiempos de la independencia ha hecho hincapié en contar las batallas, las expediciones, las campañas y, sobre todo, en nombrar a los jefes militares y políticos del tiempo de la fundación de la Patria. Así es que se ha perdido la mayoría de los nombres de soldados y participantes en las épicas de dos siglos atrás, salvo en contadas ocasiones donde, desde lo anecdótico, aparecen figuras como Pedro Ríos, el "tambor de Tacuarí" o el negro Falucho, defensor del pabellón nacional en el Callao. Es justo decir que la documentación surgida de los acontecimientos, como los partes de batalla y los registros de auditoría, contienen nombres y apellidos que permitirían su inclusión en la gran historia. Es una tarea pendiente en búsqueda de justicia en la memoria nacional.

Pero, sobre todo tanto la historiografía liberal como la revisionista han trasladado esa injusticia a las mujeres, muchas de ellas anónimas de todo anonimato, que sin embargo fueron quienes dieron todo en los tiempos desde 1806, en las jornadas de las invasiones británicas de Buenos Aires hasta 1824, cuando finalizó la guerra de la independencia luego de la victoria revolucionaria en la batalla de Ayacucho. Y cuando decimos que dieron todo, lo afirmamos porque fueron muchísimas las madres que perdieron sus hijos y las esposas que enviudaron por la libertad argentina. 

También te puede interesar:

También están las protagonistas directas de la gesta independentista. Fueron mujeres que adhirieron a la causa revolucionaria y, como las patricias argentinas de cada provincia y región, que se sumaron con sus trabajos de costura y confección de uniformes, el alistamiento de vituallas y la preparación de la logística de los ejércitos, también las hubo que se distinguieron por su participación militar, directa o indirecta en los combates por la tierra propia.

Vale agregar que en la recopilación de los datos del proceso social y político de la independencia se ha disminuido el relato de las consecuencias económicas que empobrecieron todos los rincones de la América del Sur, sobre todo aquellos espacios en los que se desarrolló la épica bélica, y es allí donde no se ha reconocido el esfuerzo material del norte argentino, donde la guerra fue presente durante al menos tres lustros, llevando hasta la miseria a gran parte de la población, entrega que ennoblece la herencia popular hasta el extremo de darlo verdaderamente todo por la Patria. Santiago del Estero es una prueba contundente de la valentía y el arrojo de aquellos tiempos.

Las dos mujeres a las que rendiremos hoy homenaje fueron audaces sin límite, corajudas sin reservas y patriotas como pocos en nuestra historia. Como hubiera dicho el general José de San Martín, lo parafraseamos diciendo: "hicieron lo que había que hacer, no sólo lo que podían hacer".

JUANA AZURDUY, LA FLOR DEL ALTO PERÚ

Nos permitimos llamarla "flor del Alto Perú", tal como lo hizo el maestro Félix Luna en la portentosa obra literaria y musical, que realizara junto con el compositor Ariel Ramírez, otro maestro: "Mujeres Argentinas". Juana Azurduy nació en un poblado cercano al Potosí, llamado Toroca, el 12 de julio de 1780. Hija de un matrimonio formado por un criollo y una chola, fue bautizada en Chuquisaca. Ingresó a un convento de las Teresas, pero por sus rebeldías, fue expulsada. Se casó en 1805 con Manuel Asencio Padilla. Tuvieron cinco hijos.

En 1809 participaron de la revolución de Charcas, el primer grito libertario de Sudamérica luego de la invasión de la península ibérica por las tropas del emperador francés Napoleón Bonaparte, episodio que acabó en una masacre urdida por los ejércitos que respondían al imperio español. Más adelante, marido y mujer se sumaron al Ejército Auxiliar del Alto Perú, que los argentinos conocemos como el Ejército del Norte, por entonces al mando de Antonio González Balcarce y de Juan José Castelli. El desastre de Huaqui, librado a orillas del lago Titicaca el 20 de junio de 1811, significó la perdida de sus propiedades para los Padilla, además de la prisión de Juana y sus cuatro hijos, liberados posteriormente por la fuerza por Manuel, para refugiarse en las montañas que rodean al lago más alto del mundo, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar. 

El matrimonio se separó en los tiempos del éxodo jujeño en agosto de 1812, y al reencontrarse combatieron por medio de una guerra de guerrillas a los "godos", como se llamaba al ejército imperial. En 1816, en medio de una furiosa ofensiva contrarrevolucionaria, Padilla es capturado y ejecutado, como lo fueron la mayoría de los caudillos altoperuanos: Vicente Camargo, Ignacio Warnes o Ildefonso Muñecas.

Se convirtió en la jefa de la republiqueta, que encabezaba su marido muerto y a lo largo de la campaña murieron cada uno de sus hijos. La republiqueta era una región que se hallaba bajo el mando de un caudillo que era seguido por el pueblo. Hacia 1819 doña Juana se retiró hacia Salta y se puso bajo las órdenes del general Martín Miguel de Güemes. Una vez terminada esa última etapa de la guerra de la independencia en territorio que hoy es argentino, Azurduy se retiró hacia su tierra y llegó a conocer a Simón Bolivar. El general Manuel Belgrano le reconoció el grado de teniente coronel, siendo ascendida post mortem en 2009 a generala del Ejército Argentino, y la república de Bolivia la elevó a mariscal.

Murió en Chuquisaca el 25 de mayo de 1862, a los 81 años, en la mayor ignorancia de sus compatriotas y sumida en la miseria. Ni siquiera había dinero en la alcancía de limosnas para la sepultura de los pobres. Fue enterrada en una fosa común. Sólo más de un siglo después, sus restos, aunque de dudosa identificación, fueron trasladados a un sólido mausoleo en la antigua Casa de Moneda, hoy Casa de la Libertad, en Sucre. Sobre su catafalco ha sido colocada la bandera de Macha, entregada por el gobierno argentino. Desde los tiempos de la organización nacional argentina, su nombre fue homenajeado en calles y plazas. Hace casi una década un gran monumento fue ubicado detrás de la Casa Rosada en Buenos Aires, que hoy ha sido trasladado unos trescientos metros hacia el oeste. En Bolivia una provincia lleva su nombre.

JUANA MORO, LA EMPAREDADA

Juana Gabriela Moro nació en San Salvador de Jujuy el 26 de mayo de 1785. Eran tiempos en que esa región pertenecía a la gobernación de Salta, situación que se prolongará hasta 1834, mucho después de la Independencia. Es tradición que luego de la batalla de Tucumán en 1812, Juana Moro logró entrar en relación con Juan José Fernández Campero, el marqués de Yaví, quien por entonces respondía a las tropas contrarrevolucionarias. Juana usó toda su seducción para convencerlo de abrazar la causa patriota y en la batalla de Salta, sólo cinco meses después, todos los hombres de Fernández Campero culminaron peleando bajo las órdenes del general Manuel Belgrano. Más adelante, el marqués fue elegido diputado al Congreso General Constituyente de 1816 y morirá espantosamente en manos de los españoles.

Juana Moro siguió realizando tareas de espionaje a favor de los ejércitos patriotas, colaborando con Arenales y Güemes, siendo fundamental en el desconcierto causado a los realistas a través de informaciones falsas. Pero el acontecimiento más dramático que le tocó vivir a Juana se dio cuando el general español Joaquín de la Pezuela, luego del desastre de Ayohuma, entró con sus tropas en Jujuy y descubrió la misión de espionaje que junto a otras mujeres realizaba Moro. Fue juzgada, y por su condición de espía y mujer, fue condenada a ser tabicada en una habitación hasta su muerte, en vez de ser ejecutada. 

Fue encerrada en una construcción de adobe, cuyas ventanas y puerta fueron clausuradas y se esperaba su confesión o su muerte por hambre y sed. Los jujeños pudieron pasarle agua en forma disimulada y el retroceso español la salvó de una muerte espantosa. A partir de ese momento se la conoció como Juana, la "emparedada". Siguió adelante y se la solía encontrar vestida de coya o de hombre para cumplir su tarea.

En 1853 encabezó la protesta de las mujeres jujeñas porque no las dejaron jurar la Constitución Federal sancionada en Santa Fe. Todas sus luchas no le impidieron formar una familia y criar tres hijos, una mujer y dos hombres. Murió muy anciana, a los ochenta y nueve años, el 17 de diciembre de 1874, y es la mujer guerrera de la independencia más olvidada. Los versos del poeta le hacen homenaje en versos que dicen: "Fue mujer y leona, entre todas, Juana Moro". Es la heroína más significativa de Jujuy.

OTRAS MUJERES DE LA INDEPENDENCIA

Es incompleta una lista de mujeres patriotas que no recuerden las patricias argentinas, que desde sus hogares fueron soporte fundamental para las acciones guerreras, muchas veces a cargo de sus maridos, como Martina Silva de Gurruchaga, Remedios de Escalada de San Martín, Manuela Hurtado y Pedraza y tantas otras. Pero sobre todo aquellas mujeres sin nombre que perdieron a sus maridos, a sus hijos, a sus propiedades y haciendas, sin pedir nada a cambio sino la libertad de la Patria, están ocultas en la memoria de la Argentina y es tarea de los historiadores e investigadores profundizar en el conocimiento de todas ellas. Es la labor que pretendemos llevar adelantes en estas queridas páginas de "El Liberal".

Lo que debes saber
Lo más leído hoy