Por Norma Sayago
Conversaciones con Fray Wenceslao Achával Conversaciones con Fray Wenceslao Achával
Una brisa fresca en Santiago. Ya pasó el tórrido verano. Ahora se puede mantener abiertas las ventanas de la amplia casona. Juan Felipe todavía no ha abandonado la costumbre de arrollarse en el viejo sillón de cuero y madera para esperar la vista del Padre Wences, como le dice con cierto cariño. Quien iba a pensar, si lo vio de niño corretear por las calles empolvadas y ahora es mi consejero, mi asistente y el compañero de mis horas de reposo por esta enfermedad que me aqueja, piensa.
-¿Dónde estaba usted Felipe, cuando se celebró el Congreso en Tucumán reunido para declarar la independencia de las provincias unidas?
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Pregunta animosamente el sacerdote, luego de los saludos habituales y como quien tiene una tarea que exige continuidad en el relato. Así debe ser, el perfil de quien trabaja con la palabra. Vaya si el cura sabe de eso, ha de ser claro en sus anotaciones, sus apuntes son precisos pero simples. Muchas veces ha dicho en sus sermones que no es la limosna la que acaba con el hambre sino el conocimiento, el estudio, la preparación.
-Recuerde padre que de 1810 a 1817 defendí la frontera del norte y que la consigna declarada en el Congreso de la independencia de 1816 en San Miguel de Tucumán, fue justamente "hacer una patria grande y libre de toda dominación". Y para representarnos en esa ocasión se enviaron a los presbíteros Pedro Francisco de Uriarte y Pedro León Gallo.
- El ejército se estaba reorganizando, parte en Humahuaca, otra en Salta y Belgrano quien ya había recuperado la jefatura del mismo, en Tucumán.
-Estando allí, me entero de que había sido nombrado como su ayudante de campo, y de esa manera al pasar por esta ciudad con destino a Buenos Aires, comunica al Gobernador Gabino Ibáñez, mi estado de Comandante del Fuerte de Abipones. Ya estamos en el año 1817.
-Cuénteme cómo era la vida en el fuerte en su condición de veterano en las guerras por la independencia. Sé que se carteaba con sus camaradas de armas, lo que se dice el federalismo en marcha.
- Para darle continuidad al relato, repasemos. Recuerde que nosotros, junto con Catamarca, dependíamos política y administrativamente de la Intendencia del Tucumán, ya que, en 1814, nos separamos de la Intendencia de Salta por disposición del Directorio. Bernabé Aráoz se autoproclama gobernador, destituyendo a la autoridad anterior y pide formar la Republica del Tucumán. Claro, a ellos les convenía un Santiago extenso en territorio y semillero de soldados para la patria. Fue inmediato el repudio al advertir cuales eran las intenciones. Hace una pausa y sigue.
-También hay un malestar en las provincias por el centralismo porteño. Bustos, López, Quiroga, Güemes y yo hemos estado en contacto luego de mi regreso. Frecuentemente recibía las novedades a pesar de las distancias y de las cuestiones militares extremas a las que estaban abocados.
-En 1817 el Congreso se traslada a Buenos Aires y en 1919 sanciona una Constitución que fue rechaza por el Litoral.
-En 1820 ocurre la disolución del Gobierno Central, después de la Batalla de Cepeda donde las fuerzas federales de los caudillos (1) de Santa Fe y Entre Ríos (López y Ramírez), vencen al ejército del Directorio. Este hecho hace que caiga el ultimo Director Supremo Rondeau y se disuelva el Congreso.
-Para mí, este momento fue el que movilizó a las provincias, entre ellas la nuestra, a buscar su autonomía.
-Claro que sí, lo tengo cada vez más nítido. Mire usted como se fueron dando los hechos a nivel nacional que nos favorecieron de alguna manera.
-Y ¿qué pasaba mientras tanto con San Martín?
San Martin se negó a combatir contra sus compatriotas, cruzó la cordillera, venció a los realistas en Chacabuco; luego de la derrota de Cancha Rayada, los derrocó definitivamente en Maipú. Declarada la independencia de Chile, desembarcó en Lima, Perú y también allí hizo libre ese país.
-Parece que afuera se arreglan las cosas más rápido que dentro del país, gobernador.
-Al disolverse el poder central, las provincias quedamos a la deriva, tomamos las riendas, pero cuesta ponerse de acuerdo, hay muchos intereses de por medio, sobre todo los económicos.
-Los centralistas, o sea los unitarios, (2) piensan que debe existir un gobierno central fuerte que nombre a los gobernadores y controle los ingresos de la Aduana de Buenos Aires.
- ¿Y los federales?
- Los federales(3) como nosotros, padre, también queremos la unidad, pero defendemos el derecho de gobernarnos con gobierno propio.
-¡Ya vienen los montoneros!(4) -así decían en Buenos Aires. Eso lo escuché por ahí, señala el padre Achával que había asistido a varios encuentros de la congregación en algunas provincias.
-Y no era más que gente reclutada del pueblo, sencilla y en la mayoría de los casos, criollos, pardos, mestizos, aquí no importaba el color ni la extracción social, acota el gobernador, entre pausa y pausa.
-Habría que aclarar para la historia, que los caudillos de la federación han luchado desde los comienzos de la gesta libertaria, primero contra los realistas, luego, por lograr la tan ansiada organización nacional.
-¿Sabe una cosa? Pancho Ramírez, el caudillo del litoral, había descubierto que algunos congresistas tenían como proyecto fundar una monarquía en estas tierras del sud, ¡Pensar que era gente tan ilustrada!
El cura luego de pensar unos instantes dice: -Se reproduce el pensamiento de la época, pero anterior, porque ya ni en Europa creían en el absolutismo de los reyes.
-Y qué cosa paradójica, la montonera inculta nos salva de semejante incongruencia.
-Y aún persiste esa larga lucha entre unitarios y federales.
-Yo siempre abogué por causas justas: las tierras, el gobierno autónomo, el respeto por la religión, ayudar a los cristianos pobres y lo sigo haciendo.
-Había mucha pobreza, todavía la hay, las guerras nos habían llevado la mano de obra de las estancias, para colmo de males los tucumanos se apoderaban de los impuestos de lo que se manufacturaba aquí, y los de la zona portuaria de Buenos Aires, ni qué hablar del monopolio.
Se agita un poco al hablar, Juan Felipe está haciendo un esfuerzo soberano, por dar una visión de lo que se vivía en esos momentos previos a la Autonomía.
-Cuando me propuse escribir estas memorias quería que las hilvanáramos juntos, señor gobernador. Lo que usted me cuenta, yo lo acomodo en estos apuntes que tal vez sirvan a alguien. Y, pensándolo bien, para que vean lo difícil que fue sostener los ideales autonómicos, todos los santiagueños deberían conocer como fue esa época y la actual.
Don Felipe, así le llama su íntimo circulo de allegados, continua con el relato:
-A nivel nacional, también se vivía un clima de anarquía, fíjese que las provincias nos gobernábamos sin un gobierno central. 1820 fue un año de desunión en las provincias cada quien defendía como podía sus propias fronteras, se dictaban reglamentos que fueron aceptados o rechazados y así siguió hasta el día de hoy que no tenemos una constitución que rija el país.
- Hay cuestiones espinosas que deben ser tratadas en asambleas, discutir como gente civilizada, opino yo, desde este humilde rincón de la patria.
-Seguramente los historiadores van a llamar a este periodo la Anarquía de los años 20, acota el padre Wenceslao, siempre atento al relato.
-Con Aráoz nos conocíamos desde la guerra del Norte. Suspira. El muy ambicioso, ¡si hasta quería ser presidente de una República! La República
-Del Tucumán, termina la idea el sacerdote. Y su encono con Santiago viene desde la época de Borges, dice para rematar.
-Ahora le voy a contar los días previos a la Autonomía. Había una gran indignación en Santiago. El fermento revolucionario crecía. Se afirmaba el deseo creciente de romper con el avasallamiento humillante. Parecía que Santiago estaba despertando de un largo letargo impuesto por el colonialismo. Aráoz, para concretar sus ambiciosos planes aprovecha que el General Belgrano retornaba a Buenos Aires para atender su salud y resuelve proveerle una tropa de hombres para escoltarlo, al mando del entonces Mayor Felipe Heredia. Echauri estaba en la ciudad, puesto que desde hacía dos meses era su Teniente Gobernador.
-Al llegar a Santiago, abandona al jefe del ejército, el que sigue solo a la estancia de Loreto, depone al cabildo existente, que no le eran adeptos y establece otro provisional con obsecuentes. La orden era convocar a elecciones para el 20 de marzo para elegir diputados para un congreso que se llevaría a cabo en Tucumán.
-Esa mañana Echauri, amenaza con armas la votación, imponiendo una lista en los comicios. El nuevo cabildo no representaba al pueblo sino a Aráoz, no al derecho sino a la fuerza. Carente de armas, la sociedad santiagueña quedó humillada ante semejante atropello.
-Fue entonces que empezaron a mirar hacia el sur, completa el Padre Wenceslao, y continúa:
-¿Así que el Cabildo depuesto manda el pedido de auxilio?
-En realidad, eran partidarios autonomistas, quienes al carecer de la fuerza militar para el caso y decididos a defender los derechos que le habían sido vulnerados por el gobierno tucumano, me llamaron.
-Ud. habla de partidarios autonomistas, y los otros?
-Y, vamos a llamarles "tucumanistas, representados por los hermanos Taboada. (Esto último dicho en un tono más bajo)
-Ah, ah, ahora entiendo.
-Bueno, inmediatamente me comuniqué con mi amigo Estanislao López de Santa Fe, que generosamente me envió una tropa de refuerzo, más los soldados del Fuerte. Casi a fines de marzo nos alistamos para partir hacia la Capital de Santiago. Por los pueblos que pasábamos nos alentaban, con sus gritos de adhesión por una patria libre, sería que veían en nuestros rostros la fiebre guerrera y por eso nos alentarían.
-¡A Santiago! ¡A Santiago! ¡A Santiago! Gritaban todos.
Se calla por un rato, pensativo.
-¿Qué pasó cuando llegaron?, pregunta el sacerdote.
-A la tarde del 29 de marzo, detuve la marcha del contingente. Acampamos en las inmediaciones y esperamos el amanecer. A la mañana del 30, un enviado del Cabildo vino a pedirme que nos retiráramos, puesto que todo estaba en orden, y cuanta cosa más. Lo despaché como vino y envié un ultimátum a Echauri, ordenándole que abandone la plaza y deje todo armamento y municiones que hubiera. Pedí además, que se convoque a un Cabildo abierto para que el pueblo decida sus autoridades, de lo contrario iba a emplear la fuerza de las armas.
-Otro comunicado firmado por Blas de Achával, Hilario Carol y Santiago Santillán, me hacían saber que el pueblo no me había llamado sino una fracción desesperada de aspiraciones ambiciosas. Por supuesto que no di crédito a este comunicado. Ellos creían que yo no sabía lo del fraude.
-Cuando clareó el día 31, era viernes Santo. Llegamos a las cercanías de la plaza principal de Santiago. Echauri salió al encuentro, pero retrocedió ante la arremetida de mis tropas, el ulular de gauchos disciplinados por mí en el Fortín, más la milicia santafesina del amigo López, la soldadesca se imponía con sus sables tajantes ahogados en el polvo de las calles y la neblina de esa madrugada. Así nos batimos por unas pocas horas, retrocediendo, avanzando, con heridos en lastimeros quejidos y cada vez más moribundos tirados a diestra y siniestra. En esa lucha llegamos hasta el frente de la Iglesia Santo Domingo. Ahí, Echauri se dio a la fuga.
-Me alegró el triunfo, para mí era el primero en tierra santiagueña, ya lo había saboreado en otras oportunidades y también terribles derrotas, de las cuales ya le he contado. Desde los balcones se oía: ¡Viva el Comandante Ibarra, Viva!
-No permití desmanes en la población, como suele ocurrir en los combates. Éramos todos hermanos. El Cabildo llamó a reunión mediante un bando que el pregón leyó en distintos lugares de la ciudad.
-El nuevo Cabildo quedó integrado por: alcalde de primer voto: Antonio María Taboada, de segundo Voto Manuel Alcorta, alférez Manuel Beltrán, Regidor Bailón Bravo Rueda, defensor José Isnardi, Procurador de la ciudad Gregorio Caballero.
-Nómbrase, Teniente de Gobernador Provisional al Comandante de frontera de Abipones, a Don Felipe Ibarra, hasta tanto se comunique a la campaña y se resuelva quien deberá sucederle.
Una tinaja en un rincón le da el agua necesaria para refrescar su garganta. El gobernador tiene necesidad de descansar. A veces piensa que estos recuerdos le harían mejor si los relatada con una copita de agua ardiente y un buen cigarro en chala. Pero su médico, el Dr. Vicente Arias, le ha prohibido terminantemente.
-Voy a dar por terminada este momento del relato diciéndole querido amigo que hubo una gran fiesta en el Domingo de Resurrección.
-Me imagino que Ud. habrá bailado el minué de apertura.
-Sí, lo hice obligado ya que era muy importante seguir las formalidades, aunque Ud. bien sabe que no me gustan esas cosas. Apenas bailé con la dueña de casa, me retiré temprano, yo soy madrugador y no me gusta desvelarme.
- Al día siguiente, sería el lunes 3 de abril, pedí al Cabildo que se dirigiese al General Don José Gervasio de Artigas, declarándole que deseaba entrar en la Liga de los pueblos Libres.
-En eso estábamos organizándonos como gobierno cuando el 10 de abril nos llega un oficio producido por Aráoz, que no pudiendo disimular la ira por la derrota, nos infligió otro agravio. Prácticamente nos decía que alucinábamos, que éramos incapaces de gobernarnos por nosotros mismos y mucho menos podríamos entrar en un gobierno federal.
-Entonces, gobernador, ¿qué decidió?
-El agravio de Aráoz, (Manifiesto del 10 de abril) fue contestado por un manifiesto conjunto con el Cabildo de Santiago del Estero, el día 17 de abril.
-La Asamblea donde estaban los representantes de todos los departamentos de la provincia, declara la autonomía de la provincia de Santiago del Estero, el 27 de abril de 1820, concluye el Gobernador Ibarra.
- Sí padre, es toda una vida puesta al servicio de la provincia, si quiere puede consultar las actas de la asamblea, la misma estaba dirigida a todos los pueblos confederados, creo que dimos el ejemplo, porque en ese tiempo otras provincias fueron haciendo lo mismo, es decir declarándose autónomas.
-Como buena "Madre de ciudades", dando el ejemplo. Así lo haré gobernador, iré a ver los archivos, últimamente, aparte de la religión, me interesan los temas de política. Así debe ser, hay que estar informados y ambicionar lo grande para nuestro pueblo, la política nos da esa posibilidad. Me impresionan los hechos que cuenta, pero más su memoria para recordarlos con tanta precisión. Todo es política, así les digo a mis alumnos.
-¡Átun abrazu ckámpaj yanásuy! (Un gran abrazo, amigo). Alguien asoma por la ventana agitando manos y brazos. Es la voz cantarina de otro sacerdote, el Padre Pedro León Gallo, que se acerca sonriente.
Recordando sus épocas de quichuista hablante, el gobernador le responde, siguiendo el tono cómplice de su inesperado interlocutor.
-¡Quíquin ckámpaj, huáuckey! (Para Ud. también igual, hermano)
La narración ha sido intensa en emociones, encontradas memorias vienen a su mente, en este día gris de invierno. Por hoy hay que darle un cierre.
Notas
1) Caudillo: es un término empleado para referirse a un cabecilla o líder, ya sea político, militar o ideológico. Por lo general se emplea como referencia a los líderes políticos de los siglos XIX y XX.
2) El Partido Unitario fue un partido político argentino de tendencia liberal, que sostenía la necesidad de un gobierno centralizado en las Provincias Unidas del Río de la Plata.
3) El federalismo era concebido como una forma de organización basada en la asociación voluntaria de las provincias que delegaban algunas de sus atribuciones para constituir el poder central, pero conservaban su autonomía. Wikipedia
4) Montonera: eran formaciones militares irregulares constituidas por individuos de una misma localidad, que brindaban su apoyo armado a una determinada causa o caudillo. Wikipedia








