El rector Marcelino Ledesma repasó su historia de vida, recordó los sacrificios de su familia y se emocionó hasta las lágrimas al hablar de la universidad pública que le cambió la vida. La casa de altos estudios celebra 53 años de vida formativa e institucional.
La historia de Marcelino Ledesma: "Mi mamá era modista y apostó todo a que yo pudiera estudiar" La historia de Marcelino Ledesma: "Mi mamá era modista y apostó todo a que yo pudiera estudiar"
Hay recuerdos que nunca abandonan a Marcelino Ledesma.
Ni siquiera ahora, sentado en el rectorado de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, el mismo lugar que alguna vez parecía inalcanzable para aquel joven del barrio Almirante Brown que caminaba cada mañana por avenida Belgrano rumbo a clases.
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Todavía puede verse entrando por primera vez a la UNSE. El patio central. La profesora Simonetti organizando el curso de ingreso. Los grupos pequeños. Las aulas señaladas una por una. Y también esa otra postal íntima que guarda como una fotografía inmóvil: el hall de la universidad, las aulas, con estudiantes concentrados bajo una luz tenue, casi en silencio.
Marcelino camina rápido, a pasos cortos. Aprieta la mano, habla pausado e invita al diálogo largo, sencillo, sereno y directo. Aquella mudanza de la casa familiar del Almirante Brown al barrio Juramento, fue el inicio de un camino largo, casi espinoso, en su vida. Pero también una etapa de resiliencia que lo marcará para siempre. Caminar de la casa de sus abuelos hacia la universidad era un trecho marcado por la esperanza, algo que nunca olvidará.
"Esa imagen de aquellas caminatas a la universidad no se me borra", dice.
La UNSE cumple 53 años y, mientras habla de la universidad pública, Marcelino Ledesma no lo hace solamente como rector. Habla también como hijo de una costurera y de un albañil. Como el primer universitario de su familia. Como alguien que entendió desde muy joven que estudiar no era solamente una meta personal, sino también una manera de cambiar el destino de su casa.
"Yo tenía que recibirme para resolver temas económicos y familiares", recuerda en la charla con El Liberal.
La frase explica mucho más que cualquier diagnóstico social.
Cuando sus padres se separaron, Marcelino y sus hermanos quedaron bajo el cuidado de su madre y de sus abuelos maternos. El ingreso de una costurera no alcanzaba para sostener todo. Había esfuerzo, trabajo artesanal y una dignidad silenciosa que empujaba todos los días. Una dignidad de familia laburante.
"Mi madre era el pilar. Apostó siempre a que yo tenía que estudiar y crecer", cuenta.
Entonces se produce el quiebre emocional.
Al recordar a su mamá, la misma mujer a la que homenajeó entre lágrimas el día que asumió como rector, la voz se le apaga por momentos. Baja la mirada. Hace pausas largas. Busca seguir hablando mientras la emoción le aprieta el pecho.
"Ha sido una persona fundamental en mi vida, el pilar con el que me he criado desde el día uno, pero principalmente a partir de los ocho años cuando se produce la separación de mi papá y mi mamá, y estar bajo el espacio de protección y de cuidado, de atención de ella, permanentemente, aún siendo una persona mayor, aún teniendo mi familia, ha sido un vínculo muy fuerte y muy importante. Con ella, en el tiempo, hemos asumido la cabeza de la familia, la dirección. Y ya insertarme en la universidad me permitió rápidamente involucrarme en trabajos de orden temporal, luego más permanentes que me permitieron resolver cuestiones económicas que estaban pendientes en la familia, mejorar la calidad de vida, el acceso a bienes y servicios, contener y ayudar. Pero sin ánimo de ser ejemplo de nada, simplemente un caso dentro de muchos: soy hijo de madre costurera y padre albañil", dice con énfasis.
La necesidad de ayudar económicamente a su familia lo llevó a imponerse un objetivo claro: terminar la carrera en tiempo y forma. "Yo sentía que tenía que recibirme rápido para poder resolver problemas económicos y mejorarnos la calidad de vida. Recuerdo que una hermana de mi mamá, que vive en Buenos Aires, cada vez que venía con sus hijas, decía, 'ustedes tienen que estudiar como Marcelino. Y recibirse rápido'. Yo me quería esconder. Porque, claro, mis primas me odiaban. Hoy cuando las visito, nos reímos de eso, pero sí, es un orgullo todo lo caminado. Además, me he dado cuenta que uno transfiere cosas, y lo que me interesa transferir permanentemente, a los estudiantes o a los graduados, es esto de que cuando uno recorre este camino, no lo recorres solo, hay gente que te mira como ejemplo de posibilidad. Si yo lo transité, mis pares también lo pueden hacer. Y nunca hay que olvidarse de eso", resalta.
Y en ese recorrido hubo figuras que dejaron huella. Entre ellas, la profesora Teresa D'Aloisio de Filippa, a quien define como una segunda madre. "Ella dice que soy su quinto hijo y yo le digo que es mi madre. Teresa fue directora de mi trabajo final de grado. Se generó una mezcla de afecto y de empuje. Otra persona fue María Mercedes Arce, quien fue decana cuando yo era vicedecano de Humanidades. Ella ha sido la primera persona que le he avisado cuando me puse de novio con mi esposa. Y le digo, 'yo te tengo que avisar a vos y después al resto de la universidad'. Se alegró y me dice, '¡Ah, no te puedo creer!' Luego salió en un Fiat 600 que tenía y empezó a tocar bocina por donde andaba. Me quería morir de vergüenza", describe entre risas. También menciona con afecto a Lucho Paradelo, a quien define como "otra persona muy importante" en sus primeros años, y a Santiago Druetta, exdecano de Humanidades, "quien me abrió una puerta importante de la gestión".
Ya desde su rol como rector, Ledesma sostiene que uno de los grandes desafíos de la UNSE es fortalecer su presencia territorial y seguir dando respuestas a toda la provincia. En ese sentido, destaca el trabajo que la institución realiza en áreas como salud, energías renovables, agroindustria, desarrollo rural, economía social y formación profesional en distintos puntos del territorio provincial.
"La universidad se debe a la sociedad santiagueña; y asumimos ese desafío de buscar dar respuestas e impactos de diferentes maneras, porque las maneras de incidir son múltiples. Eso, a la vez, demanda no solo cuestiones de orden económico sino también de estrategias, de entender las necesidades de la comunidad para poder estar a la altura de sus requerimientos. Y la universidad se ha venido preparando para momentos claves, críticos o no, pero ahí hemos estado, preparándonos y accionando. Y eso permitió también una lectura y un reconocimiento estatal, público y de las organizaciones de la sociedad civil sobre el valor de lo que genera y produce la universidad pública en todos los sentidos.
Pregunta: ¿Cómo ve a la universidad dentro de los próximo 10 años?
Respuesta: Siendo protagonista del desarrollo productivo. Y en ese sentido ya hay señales -creo- que son muy importantes, como la convocatoria para formar parte del Consejo Económico y Social a nivel de la provincia. Tenemos el compromiso de estar presente y hacer aportes. Para eso el saber dentro de la universidad no tiene que quedar quieto, sino tiene que ir construyéndose. En eso el desarrollo de las disciplinas y de las carreras que tenemos, y de las líneas de investigación, sí dependen del financiamiento universitario, porque los recursos nos permiten avanzar en eso. Tenemos el análisis hecho de ofertas educativas que nos encantaría poder ponerlas en vigencia, desarrollarlas, gestarlas con interés de sectores de la comunidad, pero también hay una responsabilidad que tenemos como institución de que cuando uno pone en juego una carrera tiene la responsabilidad de cumplir la promesa formativa a cada estudiante que se inscribe. Y eso no se hace solo con voluntarismo, sino que es necesario poner en juego recursos que permitan que esas trayectorias educativas puedan hacerse con calidad.
Ya lejos de los cargos y de las formalidades, Marcelino Ledesma vuelve a hablar como aquel estudiante que encontró en la universidad pública una posibilidad de transformación. "Yo le diría a cada santiagueño y santiagueña que cuidemos la universidad, que la sostengamos y que hagamos todos los aportes posibles para que este espacio pueda crecer porque es un espacio de mucha incidencia en la vida y en la calidad de vida de los ciudadanos, directa e indirectamente. Más allá de quienes hoy transitamos estos roles, la universidad es de todos. Hay que cuidarla mucho y apoyarla mucho.
Antes de terminar la entrevista, él imagina por un instante un encuentro con aquel joven que ingresó por primera vez a la UNSE sin saber todo lo que vendría después. La emoción vuelve a atravesarlo. "Un rector no construye solo, construye en equipo y con comunidad", afirma. Y quizá allí, entre la memoria del estudiante humilde que caminaba por la Belgrano rumbo a clases y el hombre que hoy conduce la universidad, se resume también una parte de la historia de la educación pública santiagueña.
P: Si pudiera volver a cruzarse con aquel Marcelino estudiante ¿qué le diría hoy?
R: Le diría que le espera un camino que ni se imaginaba.








