Por Edgardo Zablotsky
España y la pregunta que la Argentina posterga sobre sus docentes España y la pregunta que la Argentina posterga sobre sus docentes
España no suele ser presentada como paradigma educativo mundial; por eso resulta un caso útil para la Argentina. Aun allí, donde nadie idealiza el sistema, el debate sobre la mejora educativa está llevando a discutir una cuestión de fondo: quiénes ingresan a la docencia, cómo se forman y bajo qué exigencias deberían hacerlo. Esa es, precisamente, una discusión que la Argentina no debería seguir postergando.
España ofrece un contraste relevante con la Argentina. Según el Ministerio de Educación, para ejercer como maestro de Educación Infantil o Primaria se requiere título universitario habilitante; en secundaria, además de ser graduado universitario, se exige un máster específico de un año. Es decir, aun sin tratarse de un sistema ideal, la docencia se asienta sobre un formato universitario.
También te puede interesar:
En enero de 2025, uno de los principales diarios de España, El País, informó que entre las ideas para la reforma del profesorado figuraban un examen específico para acceder a Magisterio, cambios en la carrera profesional y otras modificaciones orientadas a elevar la calidad del sistema.
Un ejemplo concreto de ello fue reportado por El País en febrero de 2025. En una entrevista a Miquel Oliver, decano de Magisterio en la Universidad de las Islas Baleares, Oliver explicó que en esa universidad funciona desde 2021 una prueba especial para ingresar a las carreras de maestro de infantil y primaria. La evaluación combina competencias académicas básicas con una instancia orientada a valorar condiciones personales relevantes para el ejercicio docente. En sus palabras, "no podemos pedir que los aspirantes tengan ya competencias para ser docentes"; sí se trata, en cambio, de detectar condiciones iniciales que permitan identificar quiénes podrían ser mejores candidatos. No es un detalle menor. En un país culturalmente próximo al nuestro, la pregunta no es sólo cuántos aspiran a formarse como docentes, sino quiénes deberían estar en condiciones de hacerlo.
Como muestra basta un botón. A fines de abril de 2026, El País informó que en Cataluña el 45,51% de los aspirantes no superó la Prueba de Aptitud Personal para acceder a los grados de Educación Infantil y Primaria. Se habían presentado 5.155 postulantes y aprobaron 2.809. La evaluación, según la Generalitat, consta de dos exámenes: competencia comunicativa y razonamiento crítico, y competencia lógico-matemática.
Es más, como publicó El País en octubre de 2025, las Facultades de Educación propusieron extender las carreras de Magisterio de cuatro a cinco años, llevar el máster para secundaria de uno a dos años y establecer un examen especial de acceso a esos estudios. Más allá del recorrido institucional que tales iniciativas puedan tener, la dirección de una parte relevante del debate parece clara: frente a las debilidades educativas, la respuesta pasa por discutir cómo elevar la exigencia.
Si se acepta que el docente es un factor decisivo dentro del aula, cuesta entender por qué, en nuestro país, su formación no ocupa un lugar mucho más central en el debate público. La discusión educativa suele concentrarse en salarios, financiamiento, contenidos o infraestructura, cada uno de ellos relevantes, por cierto. Pero ninguno reemplaza una pregunta central: bajo qué condiciones formamos a quienes tendrán la responsabilidad de enseñar.
España no es Finlandia ni ofrece un modelo perfecto. Precisamente por eso el caso resulta relevante. Muestra que la exigencia en la formación docente no es una rareza propia de sistemas excepcionales, sino una discusión presente también en países que enfrentan sus propias dificultades educativas. En la Argentina, en cambio, durante décadas la formación docente rara vez ha ocupado el lugar central que debería tener.
La lección, en este caso, no es la de un país ideal. Es la de un país que, aun con sus problemas, parece dispuesto a discutir una pregunta que la Argentina no debería seguir postergando: bajo qué exigencias queremos formar a quienes tendrán en sus manos la educación de las próximas generaciones, comenzando por la posibilidad de transformar gradualmente la formación docente en una carrera universitaria.
Por Edgardo Zablotsky, miembro de la Academia Nacional de Educación y Director del UCEMA Friedman Hayek Center, para Ámbito FInanciero








