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La fría noche en la que desafiamos al coronavirus y no nos importó

Por Oscar Gerez, Secretario de Redacción.

- 07:10 Policiales

¿Qué poderosa razón impulsa al ser humano a contrariar las normas, aún cuando las consecuencias de sus actos, tienen riesgo de repercutir directamente sobre sí mismos y sobre seres queridos, familiares, amigos, etcétera?

Nadie lo sabe. O todos lo presentimos. No hay razones, hay desinterés, hay soberbia y una especie de sentimiento de pretendida impunidad.

Sólo así se podría explicar la existencia y la permanencia de las fiestas clandestinas que se organizan en Santiago del Estero, muy a pesar de la pandemia por el Covid-19. Después de meses de aislamiento se permitieron las reuniones familiares de hasta 10 personas. Se recomendó el uso del tapabocas y el distanciamiento social. Pero estas reuniones ilegales violan todas las prevenciones. Casi 50 personas en una de ellas; cerca de 20 en la otra. Hasta entrada la madrugada, sin barbijos, con la música a todo volumen, con gran cantidad de bebidas alcohólicas y demás bocadillos. Y con menores.


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Desafían las normas, enfrentan el peligro de enfermarse y contagiar a otros, con tal desfachatez que indigna al resto de la población que sí guarda todos los recaudos.

No les importa nada. Prueba de ello es que ayer durante todo el día circularon mensajes en las redes de otros jóvenes que se vanagloriaban porque había podido huir antes de la llegada de la policía. Alguna familia amiga que les dio asilo a -al menos- ocho chicas que escaparon y que luego lo contaban como una hazaña.


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La ciudad Capital podría cerrarse como Los Juríes o Selva o Los Quiroga, por actitudes como estas. Porque estas reuniones podrían ser una fuente de contagios ya que nadie puede asegurar que alguno de los participantes no estuvo en situación de riesgo con algún pariente, en un remís, en algún comercio o sanatorio...

Necesitamos tomar en serio este problema que vive el mundo entero. No sirve hacer de cuenta que no pasa nada. Si se disparan los casos, nos vamos a ver en medio de una pesadilla de la que nadie podrá salir indemne.

Tentar la buena suerte que hasta ahora hemos tenido, no es inteligente. Respetemos los protocolos de sanidad, seamos responsables. Si no nos importa la propia vida, el menos hagámoslo por aquellos que son inocentes de nuestros desatinos.


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