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EL LIBERAL . Santiago

Manuel Quintana: el primer Presidente que murió en el cargo hace 120 años

Por Eduardo Lazzari, historiador. 

15/03/2026 06:00 Santiago
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Manuel Quintana: el primer Presidente que murió en el cargo hace 120 años Manuel Quintana: el primer Presidente que murió en el cargo hace 120 años

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A lo largo de nuestra historia como república, resulta que fueron bastantes los porteños que nos gobernaron como presidentes. Fueron algo más de una decena y eso hace que la capital federal de los argentinos sea la más prolífica entre las jurisdicciones. La lista la inicia Bernardino Rivadavia, continua con Vicente López y Planes, Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini, Luis y Roque Sáenz Peña, Hipólito Yrigoyen, Marcelo de Alvear, Roberto Ortíz, Alberto Fernández, el actual Javier Milei y el primero que murió siendo presidente, don Manuel Quintana.

Aclaremos, para evitar discusiones inútiles, que Fernando De la Rúa y Mauricio Macri fueron jefes de gobierno de la ahora ciudad autónoma de Buenos Aires, pero nacieron en Córdoba y Tandil respectivamente. También podemos agregar a la lista de los porteños a José María Guido, que nació en Buenos Aires, pero toda su carrera política la desarrolló en Río Negro. 

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No deja de ser llamativo que la mitad de las provincias argentinas han dado presidentes al país: Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Salta, Tucumán, La Rioja, Corrientes, Catamarca, San Juan, San Luis y Santa Cruz , actual provincia que no firmó la Constitución Nacional de 1853. 

De las catorce provincias históricas, cuatro no hay provisto al país primeros mandatarios: Santiago del Estero, Jujuy, Mendoza y Santa Fe. Vamos hoy con la biografía de Manuel Quintana, quien fuera el primer presidente muerto en el ejercicio del cargo el 12 de marzo de 1906, hace casi exactamente 120 años.

Su familia

Manuel Pedro de la Quintana Sáenz nace en Buenos Aires el 19 de octubre de 1835, hijo primogénito de don Eladio de la Quintana y de doña María Manuela Bernardina Sáenz de Gaona Álzaga. Fue el mayor de ocho hermanos, de los que sólo llegarían a la madurez cuatro. Fue bautizado en la iglesia de San Miguel Arcángel cinco meses después de nacer y su familia formaba parte del patriciado argentino. Su tía abuela era la madre de la esposa del Libertador José de San Martín, María de los Remedios de Escalada y Quintana.

El nacimiento se produce en los tiempos en que Juan Manuel de Rosas vuelve a ser gobernador, pero esta vez con las facultades extraordinarias que iría convirtiendo a su gobierno en autoritario. Los Quintana, que poseían una gran fortuna, sufrieron persecución por no adherir a los postulados federales del Restaurador y se concentraron en sus actividades agropecuarias, a pesar de lo cual perdieron sus propiedades y la matriarca familiar debió convertirse en costurera para mantener a su prole. 

Su formación y el inicio de su vida politica

Manuel estudió jurisprudencia en la universidad de Buenos Aires y se gradúa como abogado con sólo 20 años, en el período que va desde la batalla de Caseros y la de Cepeda. inmediatamente se incorpora a la Academia de Práctica Forense. Su pensamiento liberal y su deseo de participar de las actividades políticas lo llevaron a ser un precoz diputado provincial, con sólo los 25 años. Luego del Pacto de San José de Flores, le tocó al gobernador Mitre postular a los candidatos a diputados nacionales que debían viajar a Paraná. Quintana fue uno de ellos y su diploma fue rechazado, ya que los porteños usaron la ley electoral provincial para su elección, y eso no fue aceptado en el Congreso Nacional. Será la causa directa de la batalla de Pavón.

Manuel pudo ocuparse de otros asuntos. El 14 de diciembre de 1861 se casa con la paraguaya Susana María del Carmen Rodríguez Viana, hija de exiliados bonaerenses, en la vieja iglesia de San Nicolás de Bari, que fuera demolida para trazar la avenida 9 de julio en Buenos Aires, construida en el lugar donde hoy se halla el obelisco porteño. El matrimonio tendrá diez hijos, de los que llegarán a la adultez ocho. Ya por entonces se destacaba Quintana por su buen vestir y sus modos. 

Su porte distinguido, sumado a las telas de buena calidad que elegía para la confección de sus ropas, lo fueron caracterizando como uno  de los hombres más elegantes de la Argentina.

Abogado audaz y jurisconsulto sabio

Ya concluida la guerra civil, y reunido el Congreso Nacional en Buenos Aires, en la vieja sala de la Legislatura Provincial, en el histórico espacio de la Manzana de las Luces, aún hoy en pie, Manuel Quintana comienza una brillante carrera como legislador y tribuno. Sus discursos se destacan por la solidez intelectual, la delicada oratoria y sobre todo por el tono agradable de su voz. En 1869, con solo 34 años de edad, alcanza la presidencia de la Cámara de Diputados. A lo largo de su vida sería diputado en cuatro ocasiones. En 1870 es elegido senador nacional, y en 1871 el presidente Sarmiento le encomienda un delicado asunto: tiene que viajar a Asunción del Paraguay como negociador argentino para firmar el acuerdo de paz ya terminada la guerra de la Triple Alianza. 

En 1874 es candidato a presidente, y la primera de las tres veces que es derrotado en ese rol. En su caso, la cuarta postulación será la vencida. Pero un escándalo que protagonizó estuvo a punto de acabar con su destino. En mediode una disputa entre la provincia de Santa Fe y la sucursal rosarina del Banco de Londres, el gobernador Servando Bayo decidió la confiscación de los fondos de la institución financiera británica, a la vez que le prohibió la emisión de moneda. No existía por entonces una moneda nacional. Quintana era el abogado del banco. En una reunión privada de conciliación promovida por el gobierno nacional, Quintana propuso a las autoridades del banco el bombardeo de Rosario. Fue expulsado del encuentro y los pormenores sólo se conocieron mucho tiempo después. 

Se radica un tiempo en Europa y regresa cuando en 1877 el presidente Avellaneda lo nombra rector de la universidad de Buenos Aires y ocupa ese cargo hasta 1881. Asume también como diputado nacional, y al estallar la revolución porteña encabezada por el gobernador Tejedor contra el gobierno nacional, es elegido nuevamente como presidente de la cámara, para capear el temporal. Cuando deja el rectorado, vuelve a la actividad privada. Lo nombran representante argentino ante el Congreso Panamericano de 1888, donde asiste junto al presidente Miguel Juárez Celman y Roque Sáenz Peña. En estos años es elegido primer decano de la facultad de Derecho. 

Ya en 1893, como ministro del interior del presidente Luis Sáenz Peña, comenzó a demostrar su cualidad de gobernante, ya que debió enfrentar la revolución radical de 1893 y lo que parecía una segura postulación a la presidencia fue destruida por una interpelación parlamentaria a cargo de Bernardo de irigoyen, que precipitó su renuncia al ministerio y un nuevo retiro a la vida privada. Vuelve a la política siendo electo diputado en 1902, y frente al final de la alianza entre Roca y Pellegrini, el "zorro" recurre al mecanismo de reunir una convención de notables para elegir a su sucesor. Quintana, que no era un hombre estimado por Roca, se impuso naturalmente, sobre todo ayudado por la marginación de Pellegrini.

Su presidencia y su muerte

El 12 de octubre de 1904 asumió el gobierno, acompañado por José Figueroa Alcorta como vicepresidente. Tenía 68 años. A los líderes conservadores no les resultaba fácil encontrar sucesores más jóvenes. Su salud le jugó una mala pasada ya que se desmayó durante los actos de asunción. Se mantuvieron las líneas políticas y de administración generales de los anteriores gobiernos, aprovechando la bonanza económica que reinaba en estos años, Pero la revolución radical de 1905, a cuatro meses del inicio del gobierno, puso al descubierto la debilidad de la estructura política gubernamental. Además, la participación de oficiales del ejército en el levantamiento produjo una ruptura de la disciplina militar no vista desde las guerras civiles.

Los rebeldes tomaron prisionero al vicepresidente Figueroa Alcorta en Córdoba, y la historia dio la razón a quienes pensaron que éste había negociado su situación a cambio del perdón posterior de sus captores. En una comunicación telefónica, Figueroa Alcorta le propone el acuerdo y Quintana, indignado, le corta y nunca más le habla a su vicepresidente. Como síntesis de la obra de gobierno se multiplicó el comercio exterior, siguió la mejora de las finanzas públicas hasta llegar a un superávit permanente, y se impulsaron importantes reformas educativas y judiciales.

Santiago del Estero compartía el ideario político nacional. Al asumir Quintana, gobernaba la provincia Pedro Segundo Barraza, uno de los primeros maestros del país, recibido en la Escuela Normal de Paraná. Pocos días después tomaba el mando José Santillán, que sería el primer gobernador en terminar su mandato en una década y media. Durante el alzamiento radical, Santillán viajó a Buenos Aires para entrevistar al presidente. En su regreso a Santiago fue secuestrado junto a su familia en Pinto. Fue rescatado por un destacamento del ejército y cuando, una vez muerto Quintana, Figueroa Alcorta indultó a los secuestradores, el gobernador Santillán decidió no tener relaciones políticas con él.

Eran años de una confianza ilimitada en el futuro argentino. El porte del presidente Quintana ayudaba. Su cabello blanco ordenadamente despeinado, su grandioso bigote y su canosa barba, sumados a la exquisita ropa que vestía y a los modos sociales que expresaba eran una señal de la grandeza argentina. Las revistas "Caras y Caretas" y "El Hogar" solían caricaturizarlo como un perchero de ropa fina. Los acontecimientos de 1905 y su disgusto con Figueroa Alcorta debilitaron su salud y anticiparon su muerte el 12 de marzo de 1906.

Fue un desafío protocolar organizar el sepelio del primer presidente argentino muerto en la historia. Se procedió a habilitar la capilla ardiente en la Casa de Gobierno, una curiosidad es que fue el primer presidente fotografiado durante su funeral en la Casa Rosada, algo que con el tiempo desaparecería. 1906 sería el año del primer canto de cisne de la generación del '80: junto a Quintana morirían los presidentes Bartolomé Mitre y Carlos Pellegrini. También Bernardo de irigoyen.

Su sepultura, la leyenda romántica y los homenajes

Se celebró una misa de cuerpo presente en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, presidida por el arzobispo porteño, monseñor Mariano Antonio Espinosa, pero la oración fúnebre fue leída por Benito Villanueva. En el peristilo del cementerio de la Recoleta, desde una tribuna de madera que aún hoy se conserva fue despedido por el nuncio apostólico, monseñor Antonio Sabatucci.

Posteriormente se levantó un monumental mausoleo, que corona una de las calles principales del cementerio, donde una estatua de bronce yacente de Quintana lo muestra vestido de jacket, con la banda presidencial cruzando su pecho, sobre la que apoya su brazo izquierdo. Corrió por entonces una leyenda urbana: Quintana había muerto en brazos de una amante.

Vale aclarar que, en ese entonces, la amante era una dama mucho más joven que la esposa, incluso aceptada por ésta, que acompañaba a ciertos eventos privados como un juego de cartas con sus amigos, una cacería y por supuesto, algunos momentos románticos.

No es para justificar sino para mostrar cómo han cambiado las costumbres. Se dijo también que la amante se acercó, luego del funeral, a doña Susana, la esposa de Quintana, y le entregó algunas pertenencias que habían quedado en su casa. Suena a maledicencia o simplemente a chisme de barrio, pero la versión tuvo gran repercusión.una calle porteña fue bautizada con su nombre. Y el ferrocarril del Oeste, en homenaje póstumo a su antiguo abogado, bautizó con el sobrenombre de su nieta predilecta, en el mismo 1906, a los talleres ferroviarios que se construyeran en tierras que Quintana donara a tal fin, que antes formaban parte de su estancia "Los Manantiales".

La estación se llama aún Mechita, igual que los talleres y la parada obrera en medio de la playa de maniobras se llamó Mecha, recordando a su nuera. Como una suerte de broma, se dice aún hoy en esos pagos, que el tren pasa por Mecha, sigue por Mechita y llega a La… rrea, jugando con la posibilidad de un recuerdo de esa amante legendaria. Es sólo un homenaje más al vocal de la Junta Revolucionaria de 1810. 

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