Por: Lic. Héctor F. Peralta Puy.
Siete episodios anecdóticos sobre los esclavos en Santiago del Estero Siete episodios anecdóticos sobre los esclavos en Santiago del Estero
Los esclavos comenzaron a llegar a Santiago del Estero a partir de 1570. Con las familias de españoles y criollos se desempeñaron no solamente en los servicios hogareños urbanos (mujeres con crianza de niños y funciones en la cocina y limpieza), sino también en estancias, haciendas y chacras (hombres con el cuidado de animales, labores de agricultura y construcción), además de las cuestiones de oficios (panaderos, confiteros, músicos, barberos, etc.).
Eran propiedades, y no personas, carecían de derechos y eran vistos simplemente como elementos o bienes de trabajo y servidumbre. Desde 1570 y hasta los inicios del siglo XIX, las docenas de documentos en donde se labraron las informaciones sobre los esclavos fueron las probanzas de méritos y servicios, compras, ventas, herencias, remates en pública almoneda, dotes, testamentos (legando esclavos o dejándolos en libertad), obligaciones de pago, demandas sobre embargos, informes sobre ingresos de las milicias en el Chaco, funciones designadas desde el cabildo, cuestiones judiciales en lo civil y criminal, cartas de libertad, juicios testamentarios, inventarios (con referencias a negros esclavos y libres, además de mulatos, zambos, pardos, etc.), entre otros registros públicos y privados.
También te puede interesar:
La mayoría de los documentos mencionados tuvieron similares determinaciones para especificar la "pieza" o el "elemento" en cuestión: nombre cristiano, "apellido" (puede ser del "amo", el lugar del origen u oficio), edad aproximada (al no existir los registros de nacimientos para estas personas, los años de existencia se calculaban según los aspectos físicos), edad pupilar (menores de diez años), precio, características corporales generales (cicatrices, cabello, lesiones, altura, etc.), enfermedades visibles o internas, destrezas en el idioma (ladino o bozal), habilidades artísticas (manejo de algún instrumento musical, como, por ejemplo, el violín), descripciones faciales (prosopografía: formas de la nariz, boca, ojos, pómulos, etc.), situación legal (censo, deuda o empeño), estado civil, cuestiones de embarazo, funciones extras u oficios (carpintería, barbería, cocina, constructor, confitería, etc.), condición de casta, si las mujeres poseían "crías de pecho", etc. Todos los aspectos mencionados fueron variables para cotizar el precio de los esclavos.
En este breve artículo de divulgación representaremos algunos episodios destacados sobre la historia de los esclavos en el Santiago del Estero colonial, siendo que fueron parte fundamental de los estratos bajos o sectores subalternos de la época.
Francisco Congo
Uno de los primeros ejemplos documentados que encontramos en nuestra historia local sobre la llegada de los esclavos se refiere a "Francisco Congo" (su "apellido" nos visualiza su lugar de nacimiento u origen), sobreviviente en 1570 de los ataques producidos por los nativos en Purmamarca a la comitiva familiar del capitán Juan Gregorio Bazán (CICPSE, Área de Historia, documentos coloniales, copias, 00002).
Catalina de Placencia, esposa del capitán, el resto de las mujeres, los nietos y el esclavo subsistieron a la emboscada escapándose en caballos y mulas, arribando a la ciudad de Esteco en dos grupos y en diferentes tiempos. Uno de dichos grupos, en donde estaba el esclavo, pasó varias semanas deambulando, comiendo solamente algarrobas y raíces, hasta que fueron encontrados a 20 leguas de Esteco.
Estas acciones fueron destacadas por los testigos, siendo importante el cuidado y la ayuda brindada por el esclavo hacia las mujeres. Al poco tiempo, continuando en 1570, llegaron todos los sobrevivientes a Santiago del Estero, junto con los hombres que ayudaron en el rescate. Francisco Congo, negro de " más de treinta años, poco más o menos " y de propiedad de la viuda, comprado en Sevilla hace " unos quince o dieciséis años atrás ", comenzó a desempeñar los trabajos para su "ama" en la ciudad de Santiago del Estero (" hace lo que le mandan ").
Incluso, fue testigo y parte de las probanzas de méritos y servicios del fallecido Bazán, elaboradas por pedido de su esposa desde octubre de 1585.
El voluminoso documento que menciona a Francisco Congo es clave para dar un origen a la historia temprana de la presencia africana central en Santiago del Estero (por arribo desde el Perú en una comitiva oficial y no por ingreso desde el puerto de Buenos Aires), demostrando que la esclavitud, en esos años, ya era parte constitutiva de la estructura económica y social del Virreinato del Perú y, desde esos momentos, también de la Madre de Ciudades.
El nombre y el lugar de nacimiento del esclavo también son importantes porque pudimos reconstruir una pequeña parte de su historia personal, además de lo vivido en la emboscada, su propietaria, el año de su compra, su llegada a nuestra ciudad y la participación como testigo en una probanza de méritos y servicios.
Con el paso de los años comenzaron a llegar otros esclavos, aunque arribados desde el puerto de Buenos Aires, específicamente por gestiones y compras de los obispos Francisco de Victoria y Fernando de Trejo y Sanabria. Dichos negros se desempeñaron en las labores diarias de la catedral y posteriormente en el colegio seminario.
Los esclavos en el seminario y en la catedral
Un ejemplo de tenencia de esclavos por parte de los religiosos seculares lo observamos en el acta de fundación del colegio seminario Santa Catalina Virgen y Mártir, de Santiago del Estero, correspondiente al 16 de diciembre de 1611.
En el documento, el obispo Trejo y Sanabria otorgó en calidad de donación, para el servicio de mantenimiento y limpieza, a " dos negros y dos negras casados, los cuales y los demás indios de su servicio que lo fueren vivieran en la ranchería que yo daré ". Desde esos momentos, dichas personas actuaron bajo las órdenes y directivas de la Compañía de Jesús, quienes estaban a cargo de la administración y cuidado del seminario (documento en Salamanca López y Vassallo, 2019, pp. 52 a 57).
La posesión de esclavos fue una práctica habitual en esa histórica institución educativa santiagueña. Al año siguiente, y para favorecer la administración de los jesuitas en el seminario, el obispo " consiguió las tierras del pueblo de Quimilpa [allí se] estableció una hacienda, un obraje y un ingenio de añil ".
A los pocos meses se ampliaron las posesiones de la estancia, ya que los misioneros comenzaron a criar ganados mayores, además de que las tierras contaron con sementeras, molinos y " cientos de esclavos ".
De manera complementaria, Trejo y Sanabria entregó a la Compañía de Jesús " la hacienda de San Francisco del Monte, situada a dos leguas de Santiago del Estero, con esclavos y tres o cuatro indios advenedizos " (Altamira, 1943, pp. 39-40 y 42). Un tiempo después, específicamente con fecha del acta del cabildo eclesiástico del 19 de mayo de 1636, el obispo Melchor Maldonado de Saavedra y los prebendados Luis de Molina Parragués, Pedro Carminatis Jover, Francisco de Robles y Damián Carrillo acordaron que " convenía que se comprase un esclavo pequeño para la catedral en edad que pudiere servir e imprimir en él lo que se le enseñase, por la falta que hay cada día de no hallar quien lo haga".
El esclavo adquirido, conocido como "Francisco", fue vestido desde los fondos administrados por el mayordomo de la iglesia. Pero en 1639 fue tratada la venta de dicha persona debido a " las malas mañas y hurtos de ese mulato esclavo de la catedral y que con la edad será peor ".
El destino acordado fue Potosí, mientras que con el dinero decidieron comprar " dos negritos de diez a once años que se críen en la iglesia con buenas mañas ". Otra de las causas por la que los prebendados y el obispo optaron por comercializar con Francisco fue porque " duerme en el seminario, donde hay esclavas y esclavos y que puede hacer algún daño o causarle en las costumbres de los otros " (documentos en Palomeque, 2005, pp. 325 y 355).
El caso del joven Francisco denota que las compras y ventas de esclavos en la catedral de Santiago del Estero fue una constante en el siglo XVII, además de que solamente estuvo tres años acompañando en las labores a los prebendados, hasta que fue comercializado por cuestiones de conducta.
Lo mencionado se reafirma porque con el dinero adquirieron los sacerdotes a dos "negritos" de edad pupilar. Pero el documento también nos permite visualizar a las "esclavas y esclavos" que en esos momentos se encontraban con servicio en el histórico colegio seminario.
La familia de los violinistas
La tenencia de esclavos por parte de religiosos seculares la observamos también en 1789, entre otras docenas de documentos, a través del juicio sucesorio realizado sobre los bienes del sacerdote Martín Gregorio López de Velazco.
En este caso, las propiedades en cuestión no poseen relación con la iglesia matriz, sino que formaron parte del ámbito privado. Al respecto, en el registro del inventario aparece la siguiente familia: José, negro, carpintero y violinista tasado en 130 pesos; su esposa María Santos, también negra y " por ser enfermiza y de ninguna utilidad " con una valuación de 120 pesos; Marcos, " por el defecto de la potra " en 150 pesos; Bernardino, violinista y barbero en 300 pesos; Ignacio, " por petiso y flacuchín (sic) " en 85 pesos; María Josefa, de doce años y con valor de 200 pesos; Severino, violinista de veinte años, valuado en 240 pesos (documento en Figueroa, 1928, p. 41).
El inventario demuestra que el sacerdote tenía siete esclavos negros a su servicio, específicamente un matrimonio con sus cinco hijos, además de que en el juicio sucesorio caracterizaron a estas personas por sus cualidades físicas y edades, algo usual en la época, lo que los determinó en sus precios o tasaciones.
Destacamos también a los oficios de carpinteros y barberos, aspectos buscados en los compradores de esos momentos para generar ingresos extras.
Pero entre lo más importante de las líneas del documento son los conocimientos musicales, es decir, encontramos a tres esclavos integrantes de una familia que poseían entre sus saberes al dominio del violín, lo que habla de destrezas, coordinación motriz fina, postura corporal relajada, disciplina, constancia en el estudio, oído afinado, control exacto del arco y una singular inteligencia y sensibilidad.
El padre, José, enseñó a sus hijos Bernardino y Severino el manejo del instrumento, lo que representa horas de lecciones permitidas por el sacerdote López de Velazco, así como también una casa caracterizada por la música producida por los esclavos.
Dichos saberes justifican la tasación de los dos hermanos. López de Velazco había adquirido en su totalidad a la familia de José y María (lo que es importante por el mantenimiento y la unión de sus integrantes) durante el remate público realizado en 1773 por la Junta Municipal de Temporalidades, es decir, los esclavos formaron parte de las propiedades santiagueñas de los jesuitas expulsados en 1767 (documento en AHSE, Fondo Gobierno, Leg.4, Exp.231).
En el momento del mencionado remate, las siete "piezas de servicios" fueron compradas por 664 pesos, por lo que observamos una revalorización con el paso del tiempo, ya que en 1789 el valor total de la familia fue de 1.225 pesos.
Por último, en López de Velazco determinamos a una persona que, con cierto grado de humanidad, mantuvo unida a una familia de esclavos cuando algunos de ellos fueron condicionados por cuestiones físicas durante el paso del tiempo, como María Santos, " enfermiza y de ninguna utilidad ", y Marcos," por el defecto de la potra ".
Estos aspectos los caracterizaba en sus valores de venta y ante los ojos de los futuros compradores o herederos.
La esclava embarazada
Una venta en "pública almoneda" o remate se desarrolló en nuestra ciudad en julio de 1790, teniendo a una mulata llamada Carmela, de veintitrés años, como la única "pieza" a subastar. Pero lo singular del caso es que Carmela se encontraba cursando un embarazo avanzado, " preñada [ ] cuyo riesgo es notorio " (documento en AHSE, Fondo Gobierno, Leg.5, Exp.332). La institución encargada de la situación era la Junta Municipal de Temporalidades, un organismo que administró y vendió los bienes de los jesuitas expulsados.
El expediente fue tratado y el asunto organizado desde el mes de junio por Nicolás de Villacorta y Ocaña, juez comisionado de las Temporalidades, en conjunto con Francisco Suasnabar, defensor fiscal de la misma institución. Una de las primeras acciones que realizaron fueron las correspondientes a las designaciones de los tasadores, los cuales determinaron en 250 pesos el valor de Carmela.
De manera inmediata, los responsables del acto público fijaron la fecha del remate para el 2 de julio, " para lo cual fíjense carteles en los parajes acostumbrados y públicos de esta ciudad ".
El día señalado, Villacorta y Ocaña, Suasnabar y los testigos Ramón Bravo de Zamora, Santiago García y José Lorenzo Goncebat de dirigieron " a la casa y colegio que fue de los regulares expatriados a efecto de verificar la primera almoneda de la mulata esclava que se refiere y habiendo puesto mesa y recado de ceremonial en las puertas principales de dicho colegio [ ] el toque de la caja de guerra como es de uso y costumbre hice pregonar por voz de Atanasio, mulato [libre] diciendo en altas e inteligibles voces en doscientos cincuenta pesos ".
Lo experimentado por Carmela en el remate público, llevado a cabo en lo que actualmente es la intersección de las calles Urquiza y 25 de Mayo, debe haber sido un conjunto de emociones signadas por el miedo y la incertidumbre, además de sentirse vulnerable ante los presentes y temerosa por el futuro que le esperaba.
A esto se sumaban los ruidos de la "caja de guerra", los murmullos de los vecinos y habitantes y los pregones del mulato Atanasio.
Luego de repetirse el pregón en numerosas ocasiones, nadie ofertó por Carmela, por lo que a " la puesta de sol " se cerraron las actividades y se volvieron a practicar las diligencias al día siguiente, es decir, el sábado 3 de julio. En dicha jornada tampoco se presentaron ofertas. Pero el lunes 5, y tras los pregones de costumbre, se presentó Santiago del Villar, quien expresó ante Villacorta y Ocaña que, en representación de María Josefa Uriarte, ofertaba 252 pesos por Carmela. Finalmente, con ese precio se vendió la "pieza" en cuestión.
Ese mismo día, Villacorta y Ocaña hizo " entrega formal de la mulata que se expresa a doña María Josefa de Uriarte, de que se dio por recibida y entregada a su satisfacción ".
Entonces, Carmela, y como un objeto que se compra, fue otorgada a su nueva propietaria hacia el final de la jornada. Por el hecho de que estaba " preñada en meses mayores ", pensamos que fue beneficioso que haya sido una mujer la compradora, quien pudo haber tenido empatía con el estado y condición de Carmela.
Un matrimonio prohibido en La Banda
Como observamos en los párrafos anteriores, la esclavitud fue un condicionante social, un diferenciador entre las castas y un modo de comercio ejercido por blancos y criollos, por múltiples maneras.
Pero, un aspecto nuevo se introdujo entre estas variables en marzo de 1787 mediante una cédula real por la cual se prohibió el matrimonio " habiendo desigualdad de personas " (documento en RASE, 1926, p. 31).
Dicho documento fue utilizado en 1788 por Santiago Nieva (seguramente anoticiado de la cédula mediante bandos o publicaciones en los parajes concurridos), vecino de la otra banda del río, hoy departamento Banda, para impedir la unión conyugal entre su sobrina Margarita, mestiza libre (quien negaba tales intenciones), y Bernardino, un mulato esclavo de propiedad del doctor Martín Gregorio López de Velazco.
El pedido fue presentado ante el vicario Francisco Ibáñez, quien pasó el expediente al juzgado del alcalde de segundo voto, representado en ese período por Nicolás de Villacorta y Ocaña. Por medio de declaraciones de testigos, el alcalde verificó la mencionada desigualdad social y de castas entre una y otra persona.
Al respecto, José Coronel y Juan Toribio Luna expusieron que Margarita era hija del "indio neto" Francisco Cordero y de la mestiza Rosalía Juárez, aparte de que confirmaron la condición social de Bernardino. Ante esto, Villacorta y Ocaña sentenció a favor de Nieva: " declárase haber desigualdad entre uno y otro contrayente por la esclavitud con que se halla dicho mulato Bernardino ".
Por esta razón social, judicial e institucional, el matrimonio entre la mestiza libre y el mulato esclavo no se pudo realizar. Lo que analizamos en este documento se refiere a otra de las partes de la rigidez del sistema de castas colonial y de las legislaciones impuestas para controlar también estos aspectos sociales de los esclavos y mestizos.
La cédula real utilizada en el caso, citada para mantener el orden social establecido, también poseía como finalidad el evitar la continua mezcla de castas, aunque esto ya era habitual en los virreinatos.
Esta cuestión prohibitiva e inmersa en la vida personal de los estratos sociales bajos limitaba las cuestiones de pareja, aunque también representó un cierto de grado de resistencia, por el lado de los perjudicados, ante las imposiciones de la Corona y de la iglesia.
La mulata Mercedes con Gutiérrez Verasturi
Un documento con referencia a una persona casada fue labrado en el juzgado de segundo voto en 1778. En ese año, el alcalde Vicente Díaz Gallo registró unos hechos sobre la conducta de Pablo Antonio Gutiérrez Verasturi, quien mantenía " una ilícita amistad con una mulata nombrada Mercedes, casada, por cuyo motivo y escandalosa vida anda su consorte fugitivo " (documento en RASE, 1928, pp. 27-28).
Por esta causa, que era conocida en la sociedad santiagueña desde 1775, el alcalde Díaz Gallo ordenó apresar a Mercedes y decretó que Pablo Antonio, dentro de tres días, se debía mudar a unas 40 leguas de la ciudad, incluso " sin volver a ella en sus pies ni en los ajenos ", siendo que si incumplía lo resuelto sería encarcelado.
El caso de la mulata Mercedes con Gutiérrez Verasturi (desconocemos si era español o criollo) demuestra otro aspecto de la complejidad de la sociedad colonial y la manera en que se regulaban las relaciones personales y amorosas que involucraban a personas de diferentes castas o estatus sociales.
El documento menciona dos castigos: la cárcel para Mercedes y el destierro para Pablo Antonio, considerando que lo peor de lo dictaminado por la justicia fue para la mulata. Las normas coloniales, con estos apremios, buscaron mantener el orden social y, especialmente, el moral, resaltando en la sociedad el pecado que era cometer una infidelidad y el hecho de mantener una relación con una mujer de una casta inferior.
Por otra parte, la diferencia en los castigos denota también la desigualdad de género y racial que existía en esos momentos y que era aplicada en la justicia colonial.
El primer negro libre en una función pública
La realidad de las personas mencionadas en los párrafos anteriores se diferenció con lo ocurrido el 3 de abril de 1794, fecha en que un "negro libre" comenzó a desempeñar una función escogida por los capitulares de Santiago del Estero (algo con pocos o nulos antecedentes en nuestra historia argentina).
En dicha sesión, los integrantes del cabildo trataron sobre la falta de un alcaide o ministro de justicia, cuyas tareas se direccionaban hacia el cuidado de los presos y la administración de las necesidades de la cárcel.
Fue Domingo Iglesia el electo, " negro libre y de honrada conducta, según la experiencia lo tiene manifestado " (Actas Capitulares, 1948, p. 212). Los sueldos determinados para el nuevo alcaide o ministro fueron estipulados desde los derechos de carcelaje mandados por la Audiencia Pretorial de Buenos Aires, es decir, los reales correspondientes a los involucrados en los casos de la justicia civil y criminal.
El documento nos demuestra a un negro libre escogido para una función pública en un contexto demarcado por un número importante de esclavos que residían en la ciudad y en la jurisdicción de Santiago del Estero, algo visualizado en los años anteriores a través del censo de Vértiz y Salcedo.
A pesar de las limitaciones y perjuicios de la época, Domingo fue considerado para las funciones, por lo que los cabildantes lo escogieron tomando en cuenta su " honrada conducta ". El cargo era importante porque implicaba el desempeño de una gran responsabilidad sobre la custodia de los presos y sus necesidades, además del mantenimiento del orden público desde la cárcel, por lo que la elección de esta persona sugiere que los capitulares, y seguramente también la comunidad en general, lo consideraban como alguien de confianza y respeto.
Esto hace referencia al lugar y a las consideraciones personales que poseía Domingo en la sociedad santiagueña, especialmente en los vecinos, es decir, en aquellos que desempeñaban las funciones capitulares.
El caso también representa una realidad demarcada por una cierta movilidad social y un reconocimiento a las capacidades personales, en una sociedad estructurada de manera jerárquica desde las castas.
Entonces, a pesar de las restricciones sociales, hubo un pequeño lugar de participación para algunas personas de origen africano en la sociedad colonial de Santiago del Estero.
Por último, la condición social de "libre" de la cual gozaba Domingo podía haber sido obtenida por una carta de libertad, por la compra del documento, por el nacimiento en esas condiciones, por haber sido declarado en ese estado tras el fallecimiento de su "dueño" (mediante un testamento) o por haber utilizado un recurso legal en la justicia para solicitar, con causas fundadas, su libertad.
Pero, por su nombre Domingo y su apellido "Iglesia", inferimos que fue un esclavo de la catedral o de cualquiera de las tres Órdenes radicadas en Santiago del Estero que obtuvo su condición gracias a una carta de libertad.
Además, era costumbre de los vecinos y religiosos el colocar las identificaciones personales de los esclavos con sus lugares de nacimiento y sus funciones. Esto también nos lleva a pensar que Domingo nació en estas tierras.Sea el caso que fuera, era una persona libre en la sociedad santiagueña.
Palabras finales
En este breve artículo nos propusimos visualizar unos siete casos sobre la esclavitud en Santiago del Estero.
Si bien vivieron bajo un sistema de explotación, siendo estas personas tratadas como propiedad, sometidas a trabajos forzados y sin derechos, en el texto visualizamos situaciones singulares de la vida diaria.
Para nosotros fue importante rescatar sus nombres, sus edades y sus características personales, tanto de los varones como de las mujeres, por lo que hoy poseen un lugar visible en la historia de Santiago del Estero.








