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El fascinante mundo de los cementerios: museos de la muerte, valor patrimonial y simbólico de los pueblos

Por Leonardo Innamorato

11/05/2026 00:00 Santiago
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Los cementerios relatan en sus tumbas, de algún modo, la historia de los pueblos y las ciudades donde se encuentran. Desde la perspectiva de su significado sociocultural o religiosa. En el plano teórico, en ciertas orientaciones de autores, combinado con los estudio del significado y al enfoque de los estudios culturales sobre estos lugares como objeto de estudio. 

Una vez escuché a alguien decir a otra persona: "Si quieres conocer la historia de un pueblo, andá al cementerio". No recuerdo quién se lo dijo a quién, dónde ni cuándo; he llegado a sospechar que ese diálogo nunca sucedió, que fue un producto de mi imaginación. Pero, cada vez que la recuerdo, la frase sigue pareciéndome tan acertada que me convenzo de es así y no dista de la realidad. Quizá en esa idea radique una de las claves de esa suerte de fascinación que los cementerios ejercen sobre muchas personas. Famosos mundialmente hay unos cuantos: el de Père-Lachaise en París, el de los Reyes en Ginebra, el de la Chacharita en Buenos Aires, el judío de Praga, el estadounidense de Normandía, el de la Almudena en Madrid, y el añejo Presbítero Matías Maestro de Perú. También el Valle de los Caídos, que, además de muchas otras cosas, es también un cementerio. Desde Viena, el Friedhof der Namenlosen ("Cementerio de los Sin Nombre"), que en antes del amanecer parece hallarse dentro mismo de la ciudad y en realidad se encuentra muy en las afueras, a unos buenos 11 kilómetros del centro. 

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Y también he de recorrer, claro, cementerios pequeños y pobres, en poblados marginales y pequeños, donde yacen los restos de familiares y conocidos. En todos ellos, aún de modo inconsciente, pude comprobar la veracidad de la frase que escuché una vez. Los campos Santos cifran la historia de los pueblos y ciudades, -aunque en negativo-, como los rollos de la vieja fotografía analógica. Hay que saber observarlos a trasluz y entenderlos al revés: invertirlos mentalmente para convertir la claridad en oscuridad, las sombras en luces, los fantasmales iris blancos rodeados de escleróticas negras en ojos comunes y corrientes. 

Uno de los objetivos de este trabajo consiste en indagar la naturaleza de las representaciones que intervienen en la conformación del fenómeno funerario, como la exploración de la experiencia social en torno a los ejes de tiempo y espacio (con especial referencia al tema de la muerte), y evaluar las transformaciones de ciertas prácticas comunitarias que parecen contrarrestar los efectos de la modernidad.

Tenebrosos murales con esculturas angelicales y símbolos encriptados nos sumergen en un mundo misterioso por el cual nos desconectamos momentáneamente de la realidad y entramos en una especie de pesquisa para averiguar sobre historia, arquitectura, religiones, antropología, numerología, etc. 

Tomemos algunas ideas de Emile Durkheim, que pueden complementar o ser aplicadas a la caracterización cultural de los cementerios. Porque si bien éstos, como cualquier objeto cultural, son susceptibles de ser aprehendidos desde el punto de vista subjetivo, el conjunto de prácticas en el que cobran sentido posee una objetividad que trasciende dicho punto de vista. Si se quiere, entonces, el cementerio, constituido en hecho social, aparece como un fenómeno cuya "causa determinante debe ser buscada entre los hechos sociales antecedentes, y no entre los estados de conciencia individual" (Durkheim, 1.895). Es decir, otros hechos sociales que preceden al individuo, como las concepciones de la religión sobre la muerte, el sacramento de la extremaunción, los ritos funerarios, el despido de familiares y amigos, y la elección del tipo de tumba, que no son creados (salvo en casos muy excepcionales) por los propios creyentes. 

Y son estos lugares que algunos investigadores sociales lo toman como entidades dinámicas, de alto contenido simbólico y en permanente resignificación. Estas "ciudades de los muertos" son una representación simbólica de la sociedad donde están asentadas, espacios donde se ponen de manifiesto los modos en que la muerte es percibida en un momento histórico determinado. En ese sentido, forman parte de la memoria urbana, y recorrerlos permite acceder a la identidad de una comunidad. Hay entonces una delgada línea que separa la ciudad de los vivos, y la ciudad de los muertos; lo sagrado de lo profano.

A esas creencias se hallan asociadas ciertas prácticas que poseen determinada organización, dadas por las instituciones o la tradición que, aunque no dejan al individuo en un estado de ciego seguimiento, sí marcan pautas de conducta y selección de criterios para efectuar las operaciones sociales pertinentes. En este caso, velorios, funerales, cortejos fúnebres y formas de sepultura, están determinados por los ritos específicos como la liturgia, por lo que se ha venido haciendo y por los cánones de decoro los estilos arquitectónicos vigentes. Y ni imaginar lo que sucede de noche, la adrenalina nos fluye al observar una serie de elementos esotéricos y de simbología negra por el cuál algunas personas realizan estas prácticas un tanto oscuras.

El problema, entonces, puede ser expresado en el siguiente enunciado: el cementerio perteneciente a la localidad en cuestión (sean el Cementerio de la Recoleta, la Chacarita o del Cementerio Santísima Trinidad, provincia de Entre Ríos, como un estudio de caso), en tanto que espacio destinado a la sepultura de los difuntos que vivieron o se hallaron ligados a ella, asume una dimensión significativa, participante y constitutiva de los lazos sociales de la comunidad. La pregunta que nos plantea este problema concierne a los diversos tipos de enterramientos que se encuentran en dicho lugar, y la relación que se crea entre ellos y algunos elementos de la estructura social y el pequeño cosmos cultural en el cual se inscriben estos tipos de cementerios añejos. 

Concurrir a un cementerio para despedir a un difunto, para las fechas recordatorias, o por un simple recorrido turístico e histórico, patrimonial y cultural es una buena alternativa. Estos museos de la muerte y religiones evocan silencio, respeto, ritos y ofrendas. Los muros silenciosos, criptas humedecidas, los bronces añejados y las galerías interminables del cementerio aparecen como una narración alternativa de los hechos del pasado. Un verdadero yacimiento de recuerdos, congelados en el tiempo y con la verdad incuestionable de sus presencias grabadas en fechas, nombres y fotos antiguas que descansan en panteones. 

Tipologías y propiedades significantes

La periodización y la tipologización son actividades teóricas y científicas cuyo grado de representación de las cosas siempre puede ser cuestionado, pero como tales son necesarias para ordenar el universo de lo real, el hombre en su afán de ordenar y clasificar lugares aquí tambien los aplica.

Los tipos de sepultura (que se muestran en primer término como formas arquitectónicas y una ocupación singular del espacio) pueden ser agrupados en tres etapas, cuyo ordenamiento también obedece a un criterio cronológico, fundamentalmente lineal y sin soluciones de continuidad estrictas. 

Tomando como un estudio de caso, el viejo Cementerio Municipal Santísima Trinidad de la ciudad de Paraná (1.826), por ejemplo, comenzó su historia como lugar "laico", es decir, no a cargo de la parroquia local, en 1.890, cuando se sepultó a Francisco Bessone (pero hay lápidas en piedra desde 1.826). Desde sus inicios fue un espacio dependiente de la comuna local, pese a que por la profusión de simbologías católico romanas tenga el aspecto de un cementerio confesional, lo cual se debe a que históricamente tal ha sido el culto profesado por la mayoría de la población de Sarmiento, por tal razón se le asocia al colectivo de dicha población y no a un grupo religioso en particular. La sectorización de un puñado de tumbas de confesión protestante (hecho casi desconocido por las generaciones actuales en el pueblo), aunque no hay documentos que hablen de ello-, sino a un deseo de los propios protestantes de asignarse un lugar especial dentro del cementerio, que no logró adquirir una identidad suficiente debido al escaso número de practicantes.

A lo largo del tiempo fueron cambiando en su fisonomía, las fachadas que se observan en estos cementerios -las manifestaciones en el arte, su arquitectura y urbanismo- son producto directo de la variación de la imagen de la muerte, las formas de morir, de sepultar, de recordar, y de las transformaciones en la manera de hacer el duelo. 

Tipologías de tumbas

Si sabemos observar bien, hay que fijarse que el que fallece y se es sepultado de diferentes formas según el nivel social al cuál perteneció, sobre todo en una sociedad con fuertes valores jerárquicos y clasistas ya instalados

 Panteones y sepulturas individuales. Los panteones son las construcciones más sobresalientes, en todos sentidos, que se hallan en el cementerio. Son quizá, los monumentos y mausoleos más hermosos y significantes. Resaltan del resto por su altura, y son visibles desde cierta distancia por sobre los murales limítrofes, hecho favorecido también por la ubicación del predio en que se hallan. Destacan los de las familias Canavesio, Theler y Arnaudo, que presentan un aspecto solemne y algo lúgubre, pero también hay otros que exhiben distintos tipos de diseño (familias Roccia, Pirolay Paoletti, el cual fue construido en un estilo bastante moderno, pero, a diferencia de los otros dos mencionados, es cerrado). 

Seguramente había disponibilidad de espacio en la época en que fueron edificados, ya que guardan (a excepción de los tres primeros) cierta distancia entre sí. Junto con las tumbas a la manera de túmulos o las simples sepulturas en tierra, figuran entre las formas de enterramiento más antiguas. Estos panteones, construidos a comienzos del siglo XX, y en particular el perteneciente a los Theler, evidentemente fueron concebidos como lugares para albergar a los difuntos de la familia. Estas necrópolis constituyen una muestra palpable de que los inmigrantes que los edificaron, casi todos ellos de primera generación, consideraban que ésta sería su tierra definitiva, y también la de sus descendientes. Para los más entendidos, dejaron sus inscripciones maestros en el cual a través de códigos encriptados, números romanos, frases en Latin, escudos, y hasta los difuntos que pertenecieron a sociedades secretas.

En ellos "viven" estilos arquitectónicos que en las calles ya fallecieron bajo la idea del paulatino progreso. Una verdadera dimensión documental registrada en las inscripciones de sus placas, las siluetas de sus panteones, en lo explícito y lo implícito de sus simbologías, en la arrogancia de su arte funerario exuberante de mármoles, metales y esculturas de notable calidad. Por supuesto, no son un puñado de tumbas que nos deslumbran, son muchas más tumbas las que recuerdan un pasado de innumerables matices.

Nichos: estos formatos más modernos ofrecen un descanso más sencillo, en unas celdas de cemento donde ahorrar terreno es fundamental.

Consideraciones finales

El hombre es el único animal político que entierra los cuerpos muertos, y en consecuencia la

tumba, es un testimonio material y simbólico de lo que llamamos cultura. Por consiguiente no hay culturas sin tumbas ni tumbas sin cultura. Las necrópolis son un espejo del pasado de la ciudad que refleja todas las etapas históricas que han pasado a lo largo de los años. Actualmente, a partir de los 90, proliferaron los privados, y hay diversos tipos de cementerios los cuales fueron convertidos en "cementerios parques" –su énfasis en la mirada esquiva de la muerte - y los "ecuménicos", ofreciendo una fisonomía más paisaje y natural, que cemento, bronces y escultura sacras. 

Estos aposentos del descanso eterno del alma, son sin duda un espacio con una gran capacidad para generar identidad, en los dos planos de ésta: el individual y el social. Allí se encuentran, en el suelo mismo del propio nacimiento, los restos mortales de los ancestros y otros seres queridos, hasta el Milenio. La comunidad, por su parte, suele acudir al cementerio para honrar a sus benefactores, o a asombrarse con rostros y apellidos que formaron parte de su historia.

Del conjunto de factores señalados surge la necesidad de la lectura de los cementerios como "textos culturales", y de "memoria urbana", en la medida en que abren la posibilidad de plantear con fundamentos, interrogantes acerca del sentido de la vida y de la muerte, de la constitución de los lazos familiares, lo cual ha sido dicho en este texto. Concluimos entonces es un lugar sagrado por excelencia porque separa a los muertos y denota asombro, -en elementos arquitectónicos decorativos - está protegido por ciertas prohibiciones y la misma sociedad antepone por encima de lo cotidiano, convirtiéndola en un símbolo colectivo. Considero oportuno no solo visitar museos de arte, también los cementerios, que una experiencia que bien vale la pena.

                                                                  Licenciado en sociología y profesor en historia

Bibliografía

Alexander, Jeffrey, (2.000) "Sociología cultural. Formas de clasificación en las sociedades complejas", Anthropos, Barcelona.

Cabarrou, Nanette, (1.999) "Cementerios parque: un espacio para la ilusión", en SCA Revista de Arquitectura, núm. 194, Sociedad Central de Arquitectos, Buenos Aires, pp. 66-73. 

Caretta, Gabriela e Isabel Zacca, (2.007) "Lugares para la muerte en el espacio meridional andino, Salta en el siglo XVIII", en Memoria Americana, núm. 15, enero-diciembre, pp. 135-156 

 Durkheim, Émile, (1.993) "Las formas elementales de la vida religiosa", Alianza Editorial, Madrid

Minetti, Ricardo Ángel (2.011) "Los cementerios ante la mirada de la cultura", Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe. 

Disponible en http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172011000100013

Análisis Digital, "La Necrópolis y sus historias secretas", versión disponible impresa del Semanario Análisis, jueves 21 de febrero de 2.008.

Recuperado de: http://www.analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=786&di=1&no=75317

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