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Como Jesús, sanador herido

- 08:17 Opinión

Por Padre Mateo Bautista. Impulsor de la Pastoral de la Salud en la República Argentina.

Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades (Mt 8,17). Jesús, el Hijo de Dios, pasa por la experiencia del dolor, sufrimiento y muerte. Nada humano le es ajeno.


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Jesús nunca busca el dolor, tampoco lo evade sino que lo asume para superarlo y utilizarlo. Jesús es paciente pero no pasivo. No se hace la víctima. No explica el porqué del sufrimiento pero, afrontándolo positivamente, lo hace motivo de purificación, madurez,  solidaridad y ocasión de una sana relación de ayuda, incluso hacia los verdugos. Así, lo transforma en un itinerario espiritual de redención.


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Hace del sufrimiento un camino de solidaridad con nuestra humanidad. Orígenes nos ha transmitido un agraphon, unas palabras de Jesús que no se encuentran en los evangelios: Por causa de los enfermos yo he estado enfermo; por causa de quienes padecen hambre, yo he pasado hambre (Orígenes, In Math. 13).

En su sufrimiento no abandona a los suyos, ni quiere sentirse abandonado por los suyos, no se abandona a sí mismo, no se siente abandonado por el Padre, no abandona al Padre, se abandona en el Padre (Cfr. Lc 23,46).

Jesús no queda desfondado ante su tragedia ni acepta una muerte sin sentido.

En su angustia de muerte (Cfr. Mc 14-33) nos enseña que de Getsemaní se sale. En su duelo anticipado nos enseña a elaborar sanamente la angustia y la muerte.


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En la agonía, es modelo de perdón (Cfr. Lc 23,34). Muestra altura moral ante sus acusadores. Jesús, sanador herido, saca del mal bien. A los que le hacen mal con su mismo mal les devuelve bien.

Jesús, dolorido y sufriente, cuyas heridas nos han curado, es modelo para los agentes pastorales que en propia carne atraviesan caminos ásperos de dolor y sufrimiento, animándolos a superarse humana y espiritualmente, evitando la tentación en esos momentos de sentirse abandonados por Dios y de caer en esterilidad pastoral.


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