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¿Alcohol y tabaco en la adolescencia, infartos prematuros?

- 08:40 Opinión

Por el Dr. Sebastián Paz. Sociedad de Cardiología de Santiago del Estero.


Es difícil concienciar a un adolescente o a un joven de que fumar y beber es muy dañino para su salud. Para ellos son hábitos sociales, les sirve para formar parte del grupo y perciben como algo positivo que en la juventud las resacas se superan con más facilidad y les parece que el tabaco no afecta tanto a los pulmones. Pero la realidad es que tanto tabaco como alcohol pasan factura y la juventud no nos hace inmune a ellos. Lo ha demostrado el estudio publicado recientemente por la Sociedad Europea de Cardiología en el European Heart Journal.

Según esta investigación, ambas sustancias, incluso aunque se consuman en pequeñas cantidades, provocan daño arterial precoz.


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Y eso quiere decir que con los años ese consumidor tiene más probabilidades de sufrir un infarto o una angina de pecho.

QUÉ REVELA EL ESTUDIO

Para comprobar de qué forma el tabaco y el alcohol afectan a la salud cardiovascular de los adolescentes, los investigadores estudiaron a 1.266 participantes de 13, 15 y 17 años y midieron concretamente un parámetro:

La velocidad de la onda del pulso carótida-femoral (OVP). Una medida que los médicos utilizan habitualmente para estudiar el daño arterial y la rigidez de los vasos sanguíneos.

Comprobaron que los adolescentes que bebían o fumaban, o que hacían ambas cosas a la vez, tenían la OVP aumentada.

Lógicamente, a mayor cantidad de cigarrillos y alcohol, más aumentado estaba este parámetro.

CÓMO AFECTA FUMAR Y BEBER A LAS ARTERIAS

Lo que ha demostrado este estudio es que estas drogas envejecen de forma temprana las arterias:

Las arterias no son cañerías rígidas, pero si están en buen estado son flexibles.

El alcohol y el tabaco hacen que pierdan esa flexibilidad, y una señal clara de que esto ha ocurrido es que el flujo sanguíneo pasa a mayor velocidad (es justo el parámetro que ha medido el estudio) porque las arterias se han hecho más resistentes, como si estuvieran envejeciendo.

Y si envejecen de forma precoz, el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares aumenta. Lógicamente, esto no quiere decir que eleve el riesgo de infartos en adolescentes (el daño arterial es progresivo, no se produce de un día para otro), pero sí eleva la predisposición en un futuro.

La buena noticia es que este daño es reversible; distintos estudios han demostrado que si se deja el tabaco y el alcohol en estas edades tempranas se recupera la salud arterial, cosa que resulta más difícil en edades más avanzadas cuando las arterias ya están muy deterioradas.

LOS JÓVENES Y EL CONSUMO DE TÓXICOS EN LA ARGENTINA

Si bien la prevalencia de tabaquismo ha disminuido 25% desde el año 2005 en la Argentina, todavía fuma el 22,2% de la población mayor de 18 años y crece el uso tanto de tabaco como de cigarrillos electrónicos en los jóvenes. El problema no es sólo la asociación actual del tabaquismo con enfermedades cardiovasculares, diversos cánceres, EPOC y neumonías sino también las oscuras perspectivas sanitarias que se ciernen a futuro, si continúa el consumo al ritmo actual.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que, de no cambiar los patrones de consumo de tabaco, en 2030 podrían morir 8 millones de personas al año por patologías asociadas al cigarrillo, la mayoría en países de ingresos bajos y medios. En cuanto a la Argentina, se producen más de 40.000 muertes anuales vinculadas al tabaco, a razón de 589 hombres y 327 mujeres por semana, de acuerdo con una estimación de 2016. Es cierto que el consumo de cigarrillos está bajando en los adultos, pero preocupa su aumento en los adolescentes.

En este contexto, la Sociedad Argentina de Cardiología, junto con la Fundación Argentina de Cardiología y la World Heart Federation, impulsan la campaña 25×25, que tiene como objetivo disminuir el 25% de la mortalidad cardiovascular para el año 2025. Para contribuir a ello, la campaña se propone reducir un 30% el consumo de cigarrillos. Aunque el tabaquismo está disminuyendo en los hombres adultos, el hábito de fumar se está acentuando en los jóvenes y las mujeres. La OMS calcula que 100.000 jóvenes comienzan a fumar cada día en el mundo y lo hacen a edades cada vez más tempranas. En la Argentina, se estima que el 22% de los jóvenes de escuelas secundarias fuma. La edad de inicio al tabaquismo en los niños argentinos ronda los 13 años y el 3% de los chicos de hasta 14 años –más niñas que niños- fuma a diario.

Al problema del tabaquismo juvenil se suma actualmente una “epidemia de vapeo”. Los jóvenes adoptan cada vez más el uso de cigarrillos electrónicos, que se presentan muchas veces como sustitutos inofensivos, pero contienen, en verdad, no sólo un líquido que se vaporiza sino también sales de nicotina.

El consumo excesivo de alcohol es una preocupación mundial. De acuerdo con un informe de la Organización Panamericana de la Salud, Chile es el país con más alto consumo en América Latina, seguido por Argentina (9,6 y 9,2 litros anuales per cápita, respectivamente). El consumo de alcohol en la región americana es un 40% superior al promedio mundial, y crece en las mujeres.

En la Argentina, el consumo de alcohol es alto no sólo entre los adultos sino también en los adolescentes, que comienzan a beber a los 13 años en promedio. El 50% de los estudiantes de nivel medio muestran un consumo problemático de alcohol, de acuerdo con la última encuesta realizada a nivel oficial, y más de 8.000 argentinos mueren cada año por enfermedades vinculadas al alcohol.

El consumo de alcohol en las llamadas ´previas´ es un tema más grave que el del bullying y la obesidad infantil en nuestro país, no se trata tanto de prohibir el consumo como de trabajar en la educación de los padres y los chicos para prevenir el consumo de alcohol que, además, es la puerta de entrada a otras adicciones y que se asocia con el de tabaco en los jóvenes.

Se sabe que el consumo crónico de alcohol se vincula con la cardiomiopatía dilatada no isquémica y con la hipertensión. En cuanto a la fibrilación auricular, los especialistas advierten que hasta las dosis más bajas de alcohol resultan peligrosas. Más aún: estudios mostraron que los resultados de la ablación son peores en pacientes que abusan del alcohol que en aquellos que no toman o que beben en forma moderada.

Las cifras son alarmantes e invitan a la reflexión: ¿qué podemos hacer para invertir esta tendencia y que nuestros adolescentes dejen de ser consumidores potenciales? Desde la Sociedad de Cardiología de Santiago del Estero estamos en condiciones de asegurar que se debería actuar desde dos ópticas: Por un lado, ser muy estricto con el cumplimiento de la normativa vigente, que ya restringe el acceso a estas drogas a los adolescentes. Debería haber permisividad cero en este sentido y que un joven de 14 años no tuviera tanta facilidad como tiene hoy en día para adquirir alcohol o tabaco. Por otro lado, no basta con prohibir porque a un adolescente cuando le prohíbes algo tiende a hacer lo contrario. Lo que hay que hacer es ofrecerles otras alternativas positivas y saludables como el deporte que les atraigan y les ayuden a adoptar buenos hábitos y no caer en otros como el alcohol y el tabaco. Es clave realizar campañas educativas en este sentido.

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