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EL LIBERAL . Santiago

Repensando el fenómeno de la violencia de género

Por Lic. Juan Barraza- Sociólogo.

(Foto ilustrativa de google)

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30/03/2026 00:12 Santiago
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La violencia de género ha pasado desapercibida a lo largo de muchos años. El eje central con el que se puede identificar y comprender el fenómeno de la violencia de género en la pareja se relaciona con el contexto de un orden social y cultural que la estructura y la legitima. Las relaciones desiguales de poder se cultivan de forma asimétrica, vertical y jerárquica y, en este marco, es donde se han estructurado las relaciones entre las mujeres y los hombres.

Para situar la temática, se ha de entender que la violencia de género que se produce en el ámbito de la pareja, no surge de forma repentina, sino que es un proceso progresivo y lento que va desgastando y minando a la mujer de forma paulatina.

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Leona Walker (1980), expuso el ciclo de la violencia, donde conceptualizó de forma teórica los procesos y las fases que ocurren dentro de una relación de violencia de género en la pareja. El modelo teórico explicativo de la violencia de género que propuso la autora se centra en tres fases:

En la primera fase se encuentra la "acumulación de la tensión". En este contexto, el varón ejerce violencia verbal hacia la mujer. La relación se vuelve cada vez más tensa y distante y la agresividad verbal, en muchas ocasiones, será interpretada por la mujer como pequeñas muestras de cariño. Cuando se habla de agresividad verbal se está refiriendo a todos los actos que el varón ejecutará para tener la relación bajo su control. En este sentido se encuentra: control de horarios y lugares, control de redes sociales, control de vínculos sociales, etc. El objetivo principal del agresor es el de aislar a su pareja, además de controlarla y desconcertarla. Este tipo de agresiones verbales se pueden producir tanto en público como en privado; sin embargo, van a tener connotaciones y resultados totalmente distintos. Cuando se encuentren en un lugar público, el agresor intentará humillar a la mujer, criticar su forma de vestir y deshumanizarla.

Cuando se encuentren en un espacio privado el agresor instará a la mujer a dejar de ver a sus amistades y familiares a base de descalificaciones hacia estos. El papel de la mujer es el de buscar apaciguar la situación, intentando realizar cambios comportamentales para que las situaciones de violencia disminuyan. Esta herramienta de autoprotección de las mujeres las sitúa en un contexto de vulnerabilidad que hace que ellas crean que tienen la culpa de las reacciones de sus parejas.

En la segunda fase se encuentra la "descarga de la violencia". Se empiezan a hacer visibles las primeras agresiones físicas. Estas agresiones pueden ir dirigidas hacia objetos o hacia el cuerpo de la mujer. Este contexto de violencia hace que la mujer desarrolle estrategias intuitivas para saber en qué momento va a suceder esa descarga de violencia. Estas estrategias se traducen en sintomatología que es detectable si las mujeres acuden a un centro médico, ya que pueden ser tantas cuestiones de tensión muscular, problemas para conciliar el sueño, estrés crónico, desórdenes alimentarios, tabaquismo, entre otras.

La última fase es la de "la luna de miel", en esta fase se encuentra un cambio repentino en el varón, que buscará el perdón de su pareja. Se verán cambios comportamentales que se traducirán en pequeños obsequios y regalos a la pareja y en la búsqueda de justificaciones externas a sus actos, como, por ejemplo, el alcoholismo, la situación laboral, las riñas familiares, las drogas, etc.

En el momento en que el agresor ve que todo está bajo su control y que vuelve a tener la confianza de su pareja, se repetirá el proceso y el ciclo desde la fase número uno. Hay que tener en cuenta que, la persona que ejerce la violencia es quien controla este ciclo de la violencia. Es decir, el agresor es quien decide cuando se pasa de una fase a otra y cuánto tiempo durará esa fase.

(Foto: Lic. Juan Barraza- Sociólogo).

A medida que va pasando el tiempo, la estadía entre las fases se reduce en temporalidad y la intensidad de la violencia aumenta. Llegará un momento en que la fase de la luna de miel desaparece y las únicas dos fases que existirán será la de momentos de tensión y la de explosión de la violencia.

El perfil del agresor y la víctima, es necesario puntualizar que no hay un perfil de agresor ni de víctima específico para la violencia de género, ya que es un fenómeno multicausal dónde ambos agentes pueden presentar unas características sociodemográficas, psicopatológicas o de personalidad diferentes. Sin embargo, ha habido diferentes autores que han puesto el foco en el perfil criminológico del agresor de violencia de género. Se ha expuesto científicamente que hay características básicas en los agresores que se centran en la tendencia a la atribución externa de sus actos, a sesgos cognitivos y pensamientos distorsionados, dificultades de comunicación, irritabilidad y una falta de los impulsos.

En relación con las mujeres, se suele producir una justificación de la violencia que se ejerce sobre ellas. Les invade el sentimiento de culpa por la situación en la que viven, de tal forma que acaban cayendo en la manipulación del agresor, no viendo la realidad en la que están viviendo. En muchas ocasiones, hay una constante evaluación de la situación por parte de las mujeres que siempre ven una pequeña esperanza del cambio de su pareja, apreciándose de forma selectiva algunos aspectos positivos del agresor.

Por último, es importante tener en cuenta que la Violencia de Género no solo la ejercen las parejas, exparejas o personas ligadas a las mujeres por vínculos afectivos, sino que va mucho más allá, superando el entorno cercano de una mujer, ya que la violencia de género puede ser ejercida por cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier lugar.

La Organización Mundial de la Salud define la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada». Esta definición no hace alusión a personas concretas ni a ningún tipo de vínculo afectivo, sino a los actos de violencia de género en sí que se ejercen sobre las mujeres por el mero de hecho de ser mujeres.

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