Por Sergio Rubin.
¿El ataque del presidente de EE.UU. a León XIV es el comienzo del final político de Donald Trump? ¿El ataque del presidente de EE.UU. a León XIV es el comienzo del final político de Donald Trump?
Se le atribuye a José Stalin haber preguntado hacia el final de la Segunda Guerra Mundial "cuántas divisiones tiene el papa" como una manera de desconocerles poder real a los pontífices porque él medía el poderío en términos militares. Pero la historia demostró durante la Guerra Fría la influencia moral y religiosa que puede tener un Sucesor de Pedro como fue el caso de Juan Pablo II en el desmembramiento del imperio soviético.
Pese a un omnímodo -y extremadamente cruel- poder, Stalin no descalificó a ninguno de los dos pontífices -Pío XI y Pío XII- que reinaron durante los más de 30 años en que condujo los destinos de la URSS. Como tampoco lo hicieron otros líderes en la historia moderna. Hasta que irrumpió esta semana Donald Trump con una sucesión de críticas severas en términos personales a un papa, curiosamente el primero nacido en su país.
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Porque el presidente estadounidense no se ciñó a contraponerle al pontífice argumentos de por qué creía que la vía armada era la única posible para acabar con el régimen tiránico de Irán -que anhela la aniquilación de Israel (con armas nucleares reales o potenciales) e impulsa el terrorismo-, lo que habría sido parte de un legítimo debate sobre la resolución del conflicto. Sino que lo vapuleó por oponerse a la guerra.
En una primera intervención en su red Truht Social, lo acusó de "ser débil en materia de delincuencia -en alusión a la crítica papal a su política migratoria- y "pésimo en política exterior", dijo no querer "un papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares" y busque "complacer a la izquierda radical" y consideró que "le está haciendo mucho daño a la Iglesia católica" al actuar como "un político".
El mandatario había completado su interrupción con una imagen hecha con inteligencia artificial en que aparecía con una vestimenta con túnicas que se asemejaba a Jesús imponiendo las manos a un enfermo, lo que provocó el repudio incluso de exponentes evangélicos y católicos más conservadores que lo apoyan y que llegaron a considerar la representación como una blasfemia o, al menos, idolátrica.
Al día siguiente, en vuelo de Italia hacia Argelia, León XIV sorprendió cuando fue consultado por los periodistas ante los dichos de Trump porque dejó de lado el estilo conciliador que lo venía caracterizando y les respondió que "no le tiene miedo" al gobierno norteamericano y que la Iglesia "tiene la obligación moral de ir contra la guerra" dado que "el Evangelio es claro" en ese aspecto.
El inédito cruce, la polvareda que levantó y el deseo del papa de no querer entrar en un debate con el mandatario, pareció aplacar las cosas. Pero tres días después Trump volvió a la carga con otro mensaje: "¿Podría alguien decirle al papa León XIV que Irán mató al menos a 42 mil manifestantes inocentes y que el hecho de que tenga una bomba nuclear es absolutamente inaceptable?".
Después, Robert Prevost criticó a los que "ridiculizan a quienes hablan del calentamiento global", un cuestionamiento del que no puede escapar Trump porque el sayo le cabe perfectamente porque había desacreditado el fenómeno como "la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo" (en sus dos presidencias retiró a su país del Acuerdo de París).
Tras manifestar su desacuerdo con EE.UU. por el hundimiento de embarcaciones vinculadas al narcotráfico frente a las costas de Venezuela porque "con la violencia no vamos a ganar", León XIV lamentó ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede que "la guerra vuelve a estar de moda" en medio de la captura de Nicolás Maduro.
Luego de que por la intervención de Washington se cortara el envío de petróleo venezolano a Cuba, expresó su preocupación por el agravamiento de la crisis económica y consecuentemente social en la isla. "Invitó a un diálogo ( ) para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano", dijo.
En medio de la ofensiva norteamericana-israelí en Irán y el sur del Líbano, la amenaza de Trump de "aniquilar toda una civilización" -por la persa- si el régimen no cumplía perentoriamente con sus exigencias, llevó a León XIV a pronunciar la crítica más dura al decir que semejante advertencia era "verdaderamente inaceptable".
El pontífice tampoco pasó por alto los ruegos en los Estados Unidos para que las fuerzas norteamericanas se impongan en la guerra, al señalar que Dios "no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza" y citó al profeta Isaías: "Aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé; sus manos están llenas de sangre".
En fin, tampoco León XIV quiso integrar el Consejo de Paz de Trump y ni bien llegó al límite de edad reemplazó como arzobispo de Nueva York al cardenal Timothy Dolan, gran amigo del republicano, y puso en su lugar a un clérigo preocupado por los migrantes. Dicen que lo que detonó la explosión verbal de Trump fue que tres cardenales lo criticaron en el principal programa político de TV de Estados Unidos: "60 Minutos".
En su furia, Trump llegó a decir que León XIV debería estar agradecido con él porque no era candidato a papa, pero que los cardenales lo eligieron porque "pensaron que sería la mejor manera de lidiar" con él. Al fin y al cabo, nadie podría decirle que era un latinoamericano anticapitalista resentido con EE.UU. como parte de la derecha norteamericana acusaba a Jorge Bergoglio.
Más allá de los méritos de Robert Prevost, ¿su elección no fue en ese sentido una genialidad geopolítica de Francisco, que era su gran impulsor? ¿Fue su última "travesura"? ¿En qué medida esta pelea con el papa perjudicará a Trump especialmente en la derecha religiosa que lo venía apoyando? ¿Será el principio del fin político de Trump?
¿O los papas son inofensivos como creía Stalin?
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