Por Pierre d'Elbée
¿Cómo tomar decisiones en un contexto cada vez más incierto? ¿Cómo tomar decisiones en un contexto cada vez más incierto?
¿Hacia qué futuro profesional nos dirigimos? No es fácil responder a esta pregunta, dado lo mucho que ha cambiado el panorama en los últimos años. La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) hace temer que muchas competencias sean sustituidas a corto o mediano plazo. En nuestro país, ¿cómo evolucionará el clima social, cada vez más tenso? ¿Y cómo distinguir lo esencial entre el torrente de información que nos inunda a diario? Aquí un panorama para tomar decisiones.
Las consecuencias de esta creciente incertidumbre no son solo prácticas, sino existenciales. La IA parece, sobre todo, poner en tela de juicio nuestra contribución al mundo, al hacer las cosas más rápido y mejor que nosotros, incluso en actividades intelectuales y creativas que hasta ahora estaban reservadas al ser humano.
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De ahí surge un profundo sentimiento de desestabilización. ¿Qué contribución podemos seguir aportando a nuestro planeta? ¿Estamos condenados a convertirnos en espectadores de un mundo que ya no necesita nuestras competencias? Nos encontramos ante una incertidumbre global, persistente y difícil de analizar.
Renunciar a saberlo todo
Se dice que Leibniz fue el último genio universal capaz de dominar el conjunto de los conocimientos de su época. Después de él, ese sueño de un saber enciclopédico ya nunca más sería accesible hasta la llegada de la IA, que hoy, en tiempo real, pone al alcance de la mano un inmenso acervo de conocimientos, en todos los ámbitos.
Ya Montaigne abogaba por una mente bien formada más que por una mente bien llena: integrar la sabiduría en el saber, el sentido en la erudición. Para él, un juicio ilustrado prima sobre el conocimiento acumulado, lo que supone espíritu crítico y discernimiento para distinguir lo importante de lo accesorio. La última palabra del saber no sería, pues, el conocimiento bruto, sino la acierto con la que se comprende el mundo y se actúa sobre él.
Simplificar
Según Paul Valéry, "todo lo que es sencillo es falso; todo lo que no lo es es inutilizable". Hay que encontrar, pues, el justo equilibrio entre la simplicidad que engaña y la complejidad que paraliza. En un mundo incierto, el peligro no es simplificar, sino olvidar que se está simplificando: hay que tener presente que la realidad es mucho más compleja de lo que percibimos. Combinar el matiz con la simplificación es dar muestras de sabiduría: "Solo tenía sentido común decía Saint-Simon de Luis XIV, pero tenía mucho". El sentido común no es la simplificación ingenua de una situación compleja, sino una forma de discernimiento encarnado.
Sentir
En situaciones de incertidumbre, hay que recurrir a todos los recursos de nuestro yo más profundo para seguir adelante a pesar de la ambigüedad. A quienes se veían obligados a tomar una decisión difícil en tiempo real, el general Colin Powell les daba este consejo: "Primer paso: utilicen la fórmula según la cual P = 40 a 70, siendo P la probabilidad de éxito cuando el porcentaje de información obtenida alcanza el nivel de 40 a 70. Segundo paso: en cuanto el porcentaje de información supere ese rango de 40 a 70, actúen con el instinto".
Si bien esta última fórmula se refiere a los recursos de energía y pasión, se puede aplicar fácilmente a la intuición, a nuestros conocimientos difusos, esas "pequeñas percepciones" que captan las señales débiles en situaciones complejas. Porque, en la incertidumbre, la decisión es tanto mejor cuanto más combina un juicio objetivo con una sensación subjetiva. El compromiso que ponemos en una decisión tomada a pesar de la incertidumbre mejora sus posibilidades de éxito, aunque "objetivamente" no sea la mejor.
La prudencia
La prudencia, nos dice Aristóteles, se refiere a "lo que podría ser de otra manera", es decir, a las situaciones cambiantes, poco previsibles, nuevas y abiertas. En este contexto, el phronimos el hombre prudente es capaz de deliberar y decidir sin garantías ni modelos. A falta de certeza, busca la rectitud.
El hombre prudente de hoy es aquel que busca un equilibrio viable discerniendo lo que importa aquí y ahora, ajustando su actuación a la realidad en tiempo real. No sustituye su juicio por un algoritmo. Su competencia decisiva no es aspirar a un conocimiento exhaustivo, sino juzgar bien. En un mundo incierto, he aquí una virtud por redescubrir.
Fuente: Aleteia.








