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La recomendación de nutricionistas y endocrinos sobre la sal: "Cinco gramos al día y que sea yodada"

Por Ana García Quesada.

- 04:32 Para vivir mejor

Es la bestia negra de la nutrición. Desde hace décadas escuchamos que debemos desterrarla de nuestras cocinas por sus efectos negativos sobre la salud. "No es un mito. De hecho, las muertes atribuibles a un exceso de sal en nuestra dieta superan a las provocadas por el tabaco o el alcohol en muchos países", dice a NIUS el Dr Francisco Botella Romero, coordinador del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). "Pero a la vez la sal es imprescindible para nuestro organismo", añade. El problema está, como casi siempre, en los excesos".

"Lo recomendable es tomar entre 5 y 6 gramos al día", explica el endocrinólogo y nutricionista Antonio Escribano. "Eso es como una cucharadita de café pequeña. Lo preocupante es que ingerimos mucha más de la que necesitamos y lo hacemos sin darnos cuenta porque está en numerosos alimentos que comemos, empezando por el pan, los embutidos, las conservas, los snacks, la bollería, etc. "La sal del salero y la que usamos al cocinar solo suponene el 20% de la que ingerimos. El otro 80% está en todos esos alimentos que la llevan. Aunque lo pretendamos es casi imposible tomar poca sal con nuestra forma de vivir en el mundo occidental", apostilla Botella Romero.

¿Qué pasa si consumimos mucha sal?

"El exceso de sal aumenta el volumen plasmático, eleva la tensión arterial y acelera los procesos de arterioesclerosis que dañan nuestro corazón. Hay estudios que la relacionan incluso con la mayor incidencia de algunos tumores del aparato digestivo", explica el experto de la SEEN.

"También afecta al riñón. A este órgano se le complica mucho la vida cuando tiene que estar gestionando una cantidad de sal alta y en realidad, todo lo que es la estructura del metabolismo, cuando hay un exceso de sal, al organismo le supone un auténtico problema tener que eliminarla. Quiere la cantidad necesaria pero no más", indica Escribano.

¿Y si tomamos poca?

"El cuerpo humano dispone de potentes mecanismos hormonales para ahorrar sal, fundamentalmente el sistema renina-angiotensina-aldosterona, por lo que una situación de déficit de sal, en condiciones normales, es extremadamente rara; máxime cuando está omnipresente, como decíamos antes, en alimentos procesados de consumo habitual", arguye Botella Romero. "Otra cosa distinta es el déficit de sal que ocurre en casos de sudoración abundante y prolongada (Por ej: ejercicios de larga duración en ambiente caluroso y húmedo) o de pérdidas extraordinarias (diarrea, abuso de laxantes o diuréticos) en los que puede llegar a ser un serio problema, que cursa con deshidratación, hipotensión arterial y afectación del sistema nervioso central".

"La sal es cloruro sódico, y el sodio es imprescindible para que la sangre mantenga el agua dentro de la sangre. Es decir, si no tenemos sodio, el cuerpo no retiene agua y el 66% de nuestro cuerpo es agua. Quiero decir que necesitamos el sodio para mantener el volumen plasmático en nuestras células", asegura el especialista.

"Cuidado con la moda de estar todo el día bebiendo agua, con la botellita de un lado a otro", alerta Escribano. "Esa gente puede llegar a tener un exceso de agua en el organismo, con lo cual la relación de sal que está en su plasma baja y tienen una hiponatremia que se llama, y eso provoca problemas que pueden ser graves".

"La sal es necesaria en su justa medida porque tanto el sodio como el cloruro son los electrolitos más abundantes en el cuerpo humano y sus átomos con carga eléctrica actúan sobre el sistema nervioso y la musculatura y regulan tanto el volumen como la presión de la sangre", detalla.

¿Hay un tipo de sal mejor que otra?

"No. Existen preparados más o menos gourmet, tipo Sal del Himalaya, Sal Negra, Sal Maldon; o con distintas especias añadidas, que son igual de perjudiciales para la salud y mucho más caras. Así mismo, existe la posibilidad de usar sustitutos de la sal común, como son el cloruro potásico o el cloruro amónico; de venta como sal de régimen, que no tiene un efecto negativo sobre la población general o las personas hipertensas; pero ha de usarse con mucha precaución en personas con enfermedad renal o hepática. Solo deben tomarse cuando lo aconseje su médico." "Como recomendación para la población general, es preferible consumir sal yodada", avanza Botella Romero.

¿Por qué se recomienda tomar sal yodada?

"El yodo es muy importante en la nutrición humana y es muy escaso en los alimentos. Yodo solo existe en el pescado marino y en la leche, que lleva algo porque alimentan a las vacas con harina de pescado, pero son contados los alimentos donde se puede encontrar. Sin embargo es un nutriente esencial para el buen funcionamiento de la tiroides. Para que una glándula tiroidea sana pueda hacer su trabajo y producir hormonas tiroideas de forma correcta, debe recibir un aporte suficiente de yodo con la dieta.  "El déficit de yodo en adultos da lugar a hipotiroidismo y bocio (crecimiento exagerado de la glándula tiroides), y si se da durante el embarazo puede afectar al desarrollo del cerebro fetal, afectando a la capacidad intelectual del niño", advierte el endocrinólogo.

"Por eso, para garantizar un consumo suficiente de yodo en la dieta, la Organización Mundial de la Salud pensó ¿dónde podemos poner yodo para que la población general lo ingiera de forma fácil y barata? Y optó por añadirlo a la sal. Es una opción lógica, porque todo el mundo toma sal y además, técnicamente, es muy fácil de añadir", explica el endocrino de la SEEN. "Digamos que la sal yodada es una medida de salud pública a nivel mundial. En España también se aplica. La recomendación es que la población general consuma sal yodada en lugar de sal común de mesa, que no tiene yodo".

Poca sal, pero yodada

"Hay un poco de contradicción, a veces la gente no entiende que si estamos diciendo que la sal es mala, ¿cómo estamos recomendando tomar sal yodada? Pues lo que recomendamos es que esos 5 o 6 gramos de sal que debemos ingerir sean yodados. No es que se tome cuanto más sal mejor. La sal yodada, como sal, es igual de mala que la sal común, pero puesto que hemos de usarla para cocinar y para conservar alimentos, la sal que usemos debería ser yodada para evitar las enfermedades derivadas del déficit de yodo, asegura Botella Romero.

"Yo recomendaría que la gente se hiciera una simple analítica y midiera los niveles de yodo en su organismo y a partir de ahí que introdujera en su dieta la sal yodada de forma diaria o con una menor frencuencia. A ver si nos estamos pasando de cantidad y, por evitar un déficit, creamos un superávit. Porque la falta de yodo provoca hipotiroidismo, pero el exceso de yodo puede aumentar la actividad de la glándula tiroides y producir hipertiroidismo. En determinadas poblaciones, donde se sepa que hay déficit de yodo, sí recomendaría, por precaución la sal yodada de forma generalizada", concluye Escribano.


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