Por Eduardo Lazzari, historiador.
Vicente Almandos Almonacid: el Cóndor Riojano, héroe de dos guerras Vicente Almandos Almonacid: el Cóndor Riojano, héroe de dos guerras
La conquista del espacio aéreo ha sido uno de los ideales máximos de la audacia de la humanidad por superarse a sí mismo desde los mismos tiempos del inicio de la civilización. Y en la Argentina se convirtió la aeronavegación en un impulso modernizador que caracterizó las primeras décadas del siglo XX poniendo al país como pionero en la región continental. La bonanza económica hizo también su tarea facilitando la expansión de los vuelos en todo el territorio, lo que se consolidó con la construcción y habilitación de centenares de aeródromos y aeroclubes a lo largo y a lo ancho del territorio nacional.
Pero también el contexto histórico de los primeros años de los 1900 llevaron a los brutales enfrentamientos de las dos guerras mundiales. La lucha por los ideales en los distintos bandos que se enfrentaron tuvo por protagonistas a miles de argentinos. Varios pilotos de aviación nacidos en el país se convirtieron en héroes de guerra de distintas naciones en esos tiempos. Sus historias son apasionantes y en general, muy poco conocidas. Hoy el protagonista es Vicente Almandos Almonacid, un riojano audaz.
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Su origen y su formación técnica
El "Cóndor Riojano" nació en la ciudad de Chilecito el 24 de diciembre de 1880, aunque algunos dicen que pudo ser en 1882 u 83, en el hogar formado por don Vicente Almandoz Almonacid, antiguo gobernador entre 1877 y 1880, y doña Esmeralda Castro Barros, sobrina de Pedro Ignacio, cura firmante del Acta de la Independencia. Vicente era el séptimo de ocho hermanos, y hacia 1888 la madre se traslada con sus hijos a Buenos Aires, donde el joven estudia en el Colegio Nacional; luego ingresa a la Escuela Naval Militar, de donde se retira para comenzar la carrera de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. Este tiempo anticipa su espíritu inquieto y su extrema curiosidad.
Los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo fueron la ocasión para la llegada de una delegación de pilotos y aviones franceses que se sumaron con sus acrobacias a la fiesta. Entusiasmado con las piruetas aéreas, en 1913 Vicente diseña un aeroplano y lo presenta en la base aérea de El Palomar, llamándolo "Aeromóvil". Un comité técnico lo aprobó luego del vuelo realizado por Raul Goubat, pero no recomienda su fabricación industrial. Decide entonces viajar a París, donde se entrevista con Alexandre Gustave Eiffel, el célebre constructor de la Torre, quien lo anima a registrar su invento, lo que hace el riojano con el N° 10.5868 en la Oficina de Patentes de Francia.
El ingeniero Almonacid luego se presentó, no hablando una palabra en francés, en el aeródromo de Farman, cerca de Versailles, y fue confundido con un experimentado aviador, por lo que le dieron el mando de un sofisticado avión. Subió a la carlinga, se puso frente al comando y despegó, logrando el dominio del aeroplano. Al aterrizar fue recibido con ovaciones por quienes desde entonces fueron sus colegas. El 13 de octubre de 1913 recibió el brevet (licencia de vuelo) como piloto aviador internacional.
Un héroe de guerra francés nacido en los llanos riojanos
1914 comenzó la Gran Guerra. Almandos se enroló en la Legión Extranjera y fue admitido como piloto militar. Fue destinado al cuerpo aéreo 35, en apoyo del 32° Cuerpo de Ejército galo. Se destacó por su habilidad y fue el primer piloto en realizar un raid aéreo nocturno como misión de guerra. Él mismo contará su experiencia: "Entré de soldado aviador, y fui incorporado a una escuadrilla que operaba en el campo atrincherado de Paris. ¡Poco peligro, che!... Y entonces empezamos a hacer vuelos de noche sobre la gran urbe. ¡Muy emocionante, che, y no exento de peligros!... Pedí que me enviasen al frente de batalla y conseguí que me agregasen a la 27 escuadrilla a la que ahora pertenezco".
El 21 de marzo de 1915, luego de un efectivo bombardeo en Bélgica contra el ejército alemán, es ascendido a sargento con este comentario en su foja de servicio: "Vicente Almandos Almonacid, argentino, alistado para la duración de la guerra. Piloto lleno de entusiasmo y audacia. Bajo el fuego más violento siempre ha terminado su reconocimiento con el más profundo desprecio del peligro. En varias oportunidades su aparato fue alcanzado por los proyectiles. Ejecutó solo, con un ingenioso dispositivo de su invención, varios bombardeos nocturnos sobre objetivos alejados". El 3 de julio, al caer prisionero el legendario piloto Roland Garros, el riojano lo reemplaza y sus compañeros lo bautizan como el "Buitre de las Sierras". Propone al alto mando un sistema de lanzabombas que ubica a las bombas bajo las alas y no en el fuselaje.
No llegó a oficial por no renunciar a la ciudadanía argentina, pero es nombrado comandante de la flotilla aérea 29, destinada a bombardeos de larga distancia nocturnos. Se recuerda aún su legendaria persecución aérea a pistola de un alemán, al que logró derribar. Patentó sus inventos en Bélgica, Italia, Francia e Inglaterra. Vale recordar que esos ingenios mecánicos los había propuesto cinco años antes en El Palomar. El 1° de mayo de 1919 fue condecorado como Caballero de la Legión de Honor como ejemplo de resistencia, abnegación y destreza. Participó en el desfile de la victoria, pasando por debajo el Arco del Triunfo parisino. Gran Bretaña lo premió por haber superado las mil horas de vuelo. A fines de ese año regresó a la Argentina. Fue recibido por una multitud y habló su comprovinciano Joaquín V. González, quien lo llamó "Centinela de los Andes". El Congreso argentino sancionó en forma unánime la ley 10.989, que lo incorporaba como oficial del Ejército Argentino. Increíblemente nunca se hizo efectivo ese nombramiento.
El fundador de la aviación comercial argentina
El 29 de marzo de 1920 Almandos despegó en un biplano Spad del aeródromo de Los Tamarindos, en Mendoza, lugar del último vuelo de Jorge Newbery. Fue el primer cruce nocturno sobre los colosos de los Andes, a más de ocho mil metros de altura, aterrizando luego de tres horas en Viña del Mar, en la quinta Vergara, donde hoy se realiza el famoso festival de música. A los pocos días, el 9 de mayo se casó con Dolores Güiraldes, con quien tendría cuatro hijos.
Junto al entonces coronel Enrique Mosconi creó el Instituto Aerotécnico Argentino el 1° de diciembre de 1924 y fue su primer presidente. Dos años después, funda el Instituto Aeronáutico Argentino, reuniendo a todos los pioneros del aire. En 1925 la francesa Compagnie Génerale Aeropostale contrata a Almandos para el trazado de rutas aéreas en el país. El riojano puso como condición que la filial que operara en la Argentina debía ser una empresa independiente con mayoría de capitales nacionales. Así nació el 5 de septiembre de 1927 la "Aeropostal Argentina Sociedad Anónima", que lo contó como socio, director, gerente y jefe técnico.
En poco tiempo, Aeroposta unía los extremos del cono sur con vuelos desde Buenos Aires a Asunción, Montevideo y Santiago de Chile, y a todos los rincones argentinos. Esta empresa contó como su piloto jefe a Antoine de Saint-Exupéry, el legendario escritor autor de "El Principito", quien comenzó la operación de los aeropuertos patagónicos. Junto a él trabajaron en Aeroposta Jean Mermoz y Henry Guillaumet. Esta epopeya está relatada por Saint-Exupéry en su libro "Tierra de Hombres".
En 1946 le preguntaron a don Vicente si Aeroposta tuvo alguna subvención estatal, y él respondió: "Absolutamente ninguna. Mientras yo dirigí su funcionamiento no le costó al Estado ni un solo centavo, y eso que tuvimos que instalar desde Posadas en el Norte hasta Rio Gallegos en el Sur, diez aeropuertos de costosa construcción y mantenimiento. Durante el tiempo que yo estuve a su frente, esa línea tuvo un 100% de regularidad y seguridad". Fue considerada como la primera línea del mundo y se la citaba como ejemplo.
El fundador de la aeronáutica militar paraguaya
Al estallar la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, Almandos Almonacid ofrece sus servicios, en nombre de la libertad y la justicia, al pueblo guaraní. Su viaje a Asunción fue muy resonante, ya que en cada puerto sobre los ríos Paraná y Paraguay, el riojano era destinatario de muestras de cariño. El gobierno paraguayo lo nombra Comandante del Arma Aérea, y así se relata su actuación: "Apenas se hizo cargo del Comando del Arma Aérea, mandó editar un folleto para ilustrar a los pilotos sobre la conducta a desarrollar en la guerra del Chaco Boreal en las misiones de caza. Creó la Dirección General de Aeronáutica y la de Material y Suministros, aparte de echar las bases del Primer Grupo de Aviación en Campaña". En esa guerra se produjeron los primeros combates aéreos de la historia americana. Fue ascendido a mayor y condecorado como Comendador de la Orden Nacional del Mérito.
El patriota diplomático
Vicente Almandos Almonacid fue nombrado cónsul y conservador de la casa de Boulogne Sur Mer donde murió el Libertador José de San Martín, cargo que ocupó durante seis años. Allí publicó un libro llamado "Reflejos del Sable de San Martin el Grande". Frente a la invasión nazi, abandonó Francia en octubre de 1941. Fue nombrado cónsul en Concepción, Chile, y regresó definitivamente al país en 1945. Fue socio del Jockey Club y del Yacht Club Argentino. Apenas fundada Aerolíneas Argentinas, uno de sus aviones fue bautizado con su nombre.
El "Rastreador de Estrellas" falleció el 16 de noviembre de 1953 en Buenos Aires a sus 72 años. El velatorio se realizó en la Unión de Ex Combatientes Franceses, entidad que había presidido y fue sepultado en el cementerio de Olivos, en las afueras de la capital argentina. En su provincia natal llevan su nombre calles, avenidas y un aeropuerto, y en el resto del país hay calles, escuelas y plazas que lo recuerdan. En Santiago del Estero una calle cercana al aeropuerto se llama "Aeropuerto Capitán Almonacid". En el Paraguay se han emitido estampillas en su honor
Quiero agradecer a dos argentinos de ley: el historiador Alberto Allende Iriarte, cuyos relatos abrevan en investigaciones y recopilaciones de gran valor sobre este personaje y al periodista Mario Markic, que me abrió los ojos frente a la vida de este ilustre argentino.








