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El oficio más hermoso

Por Carmen Ochoa. Para EL LIBERAL.

- 06:55 Para vivir mejor

Para el escritor Eduardo Galeano, el oficio más hermoso que describe en su libro “Contraseña”, es el de la partera, la mujer que lleva adelante uno de los trabajos más antiguos de la humanidad: el de traer vida al mundo. Una emocionante labor que, antiguamente, se transmitía como un saber ancestral, con conocimientos que trascendían de generación en generación, como si asistir cada nacimiento fuera un ritual íntimo y femenino. En la actualidad, esos saberes no solo continúan vigentes, sino que se profesionalizaron. “Las parteras autónomas deseamos que el saber empírico y ancestral pueda mantenerse vivo para que no se pierdan, pero se debe lograr un delicado equilibrio para poder unir lo sagrado con la ciencia y que ningún aspecto sea aniquilado”, afirma Olivia Dean, cofundadora y docente de la escuela de parteras Mayéutica.

Según cálculos de la Federación Latinoamericana de Obstetras (FLO), en Latinoamérica ocurren cerca de 10,5 millones de nacimientos al año asistidos por más de 65.000 parteras. Por eso, uno de los mayores retos en el sistema es reconocer su capacitación, su profesionalismo, y su rol como un eslabón clave para mejorar la salud materna y para que más mujeres recuperen el protagonismo en su propio parto. “Cuando el oficio de la partería se profesionalizó, y fue absorbido por la medicina, la mujer se encontró en el lugar de ‘paciente’. Este hecho cambió todo, y comenzó a mirar afuera en busca de respuestas. Sin embargo, la organización del hospital es jerárquica, actúa con protocolos, y el protagonismo es difícil de sostener en un lugar que no es el propio, con otras reglas y otros tiempos. Al parto se lo piensa como un hecho médico y peligroso, cuando no lo es. Un parto fisiológico, en mujeres y bebés sanos, es de los eventos más seguros que existen en la naturaleza”, confirma Olivia.

Acompañar y maternar

Olivia no solo abrazó la profesión de partera, sino que los nacimientos estuvieron siempre muy presentes en su propia vida, gracias a la llegada de sus siete hijos. “Siempre quise ser madre, y este sentimiento vino con mi esencia, por eso pude fluir sin sentirlo como una carga o un peso. Cada hijo fue elegido conscientemente, sin mandato externo”, cuenta. A diferencia de los partos que hoy acompaña, sus bebés nacieron en un sanatorio, asistidos por un obstetra sin relacionarse con parteras. “Mi encuentro con la partería fue atípico. Primero me formé como Terapeuta en Regresión a Vidas Pasadas, luego me especialicé en Regresión al Nacimiento y ahí entendí profundamente la implicancia y el efecto que tiene en nuestra vida el proceso que vivimos en el útero, el nacimiento y los primeros tiempos. Así que me decidí a trabajar en el presente, abriéndome camino en la partería”, recuerda.

Sus primeros pasos los dio como Educadora Prenatal y luego Doula, hasta profesionalizarse como partera tras haber estudiado en la fundación y escuela norteamericana Via Vita Midwifery School. Luego completó su formación con un diplomado en Partería Tradicional Mexicana y trabajó en el Centro de Nacimientos Better Birth, en Utah, Estados Unidos. Hoy, además de esperar a su primera nieta y seguir acompañando a sus hijos, Olivia dicta cursos para la universidad NYU, y para su propia escuela, además de asistir partos.

En base a su experiencia, para Olivia no alcanza con tener una madre y un bebé vivo durante el alumbramiento, ya que la experiencia vivida por esa mujer es lo que hará la diferencia. “Hay que devolverle el nacimiento a la mujer, que entregó su poder al mundo médico. Cuando la mujer se adueña y se hace cargo de su parto, la experiencia obtenida será trascendental para afrontar la crianza con esa confianza en sí misma. Una mujer que no está empoderada es susceptible a que otros tomen las decisiones por ella, y así queda lastimada por lo vivido. Si miramos la historia del nacimiento veremos que, en épocas antiguas, la mujer paría sola o junto a otras mujeres, pero lo hacía con su poder, en autonomía” resalta Olivia, mientras trabaja por un cambio de paradigma y asegura que esta transformación está llegando de la mano de las mismas mujeres, que son las que más se informan para poder elegir en libertad cómo, dónde y con quién parir. “¡El nacimiento es sagrado! Así como nacemos, vivimos. El nacimiento y la muerte son umbrales, pasos de una dimensión a otra, momentos muy especiales, y si estamos atentas podemos percibir la sacralidad de ambos procesos. Además, el proceso del nacimiento está sostenido por la oxitocina, la hormona del amor, y esto lo sentimos todos los que estamos presentes”, comparte.

La partera hace la diferencia

Más allá de la sacralidad del nacimiento, la misma partera representa un sinfín de simbolismos durante uno de los momentos de mayor vulnerabilidad de las mujeres. Su figura femenina acompaña como una madre o una hermana, brinda contención, seguridad y empatía, frente a la despersonalización que sufre la madre durante el parto, donde el protagonista pasa a ser el bebé y ella una paciente. “El rol de las parteras es mantener viva ‘la magia’, la misma que tuvieron cuando eran las que conocían los secretos de las mujeres y que, con el don de la escucha, lograban dar los mejores consejos. Aquellas que, por haber vivenciado el parto, eran capaces de ayudar y dar seguridad a otras mujeres. Aspectos fantásticos por los que eran consideradas sabias o brujas, dependiendo de quién opinara y en función de qué intereses” señala en un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el doctor Bremen de Mucio, asesor regional de salud materna del Centro Latinoamericano de Perinatología, Salud de la Mujer y Reproductiva (CLAP), dependiente de la OPS.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas (UNFPA), las parteras están donde el sistema no siempre llega y, muchas veces, se vuelven la única opción para asistir a las embarazadas que, por razones económicas, geográficas, culturales u otras, no pueden optar por otro tipo de prestación médica. Sin embargo, en el contexto actual no siempre son mujeres de escasos recursos las que elijen la asistencia de una partera. “Las mujeres que adoptan el parto en casa son personas muy bien informadas, que cuestionan el sistema y optan por tener una experiencia natural y, muy decididas, prefieren este modelo asistencial. También son mujeres que tuvieron una mala experiencia en el hospital y eso las llevó a replantearse todo. La atención del embarazo y el parto, a través de una partera, es más minuciosa y detallada, las consultas pueden durar dos horas y se llega a conocer muy bien a la familia. Muchas son las mujeres que necesitan esta atención integral, donde se habla de todo y no solamente se toman los signos vitales y se realizan estudios de rutina”.

Ver a la mujer como un todo, ser compañera, empoderarla y brindar apoyo es parte del trabajo de la partera. Cualidades que, entre mujeres, brota naturalmente como en una fraternal hermandad y más frente a uno de los momentos más sensibles de la vida. “El trabajo de parto y postparto es un momento en que la mujer debe abrirse completamente para permitir el proceso. Y esta evolución, natural y fisiológica, se da en múltiples niveles: ocurre en el cuerpo, es puramente hormonal, pero también emocional y espiritual. Todo influye en el momento: el lugar, quiénes están presentes, sus creencias y sentimientos, la intimidad, la confianza, el soltar. Por eso, el entorno es de máxima importancia y, la manera en que una mujer es tratada en su parto quedará grabado para siempre. Aquí las parteras pueden hacer la diferencia”, opina Olivia.

El derecho de las mujeres durante el parto fue un tema de debate nacional que dio como resultado la ley 25.929, también llamada Ley de Parto Respetado y que, entre otros derechos, garantiza que se respeten los tiempos del proceso de nacimiento y se facilite la participación de la mujer como protagonista de su propio parto. Sin embargo, con o sin ley, no siempre es respetada. “Mi primer hijo nació por cesárea (inne-cesaria). Lo que más me lastimó fue el maltrato de la partera, sus comentarios negativos. Todo lo que ocurre en la sala de partos queda grabado a fuego. Después de eso busqué otro equipo completamente distinto para parir, sobre todo poniendo atención a los detalles y tuve seis partos normales” recuerda Olivia, quien –como partera– prioriza reconectarse con los aspectos sagrados de la maternidad.

Más allá de las atenciones sanitarias, Olivia afirma que si entendemos que somos seres espirituales, podemos deducir que hay un mundo energético/espiritual que influye en todos los aspectos de nuestra vida. “Reconectarse es traer ese mundo a la conciencia, conectarse con esos aspectos, ya que un aspecto importante que guía a la mujer en el parto y la crianza es la intuición. En ciertos momentos y culturas no se la tiene en cuenta, sin embargo es el conocimiento más directo. A medida que la empezamos a usar y entender, podemos acceder a lugares más profundos y verdaderos”, sostiene.

Considerado como un “Rito de Pasaje”, a través del parto la mujer ingresa a una nueva realidad: la maternidad. Sin embargo, si esta ceremonia es malograda, los siguientes pasos también pueden llegar a dificultarse. Por eso, la presencia de una partera bien instruida, que acompañe con empatía y cercanía, podría evitarlo. Porque, en el momento de dar a luz, no sólo somos pacientes, somos mujeres que estamos trayendo una nueva vida al mundo.



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