×

Andrés Chazarreta cobra “vida” en una escultura de Roberto Eberlé

El escultor santiagueño explicó el proceso de realización del busto del “Patriarca del Folclore” que hoy está en el Archivo Histórico de Santiago del Estero.

- 02:21 Viceversa

El escultor santiagueño Roberto de Jesús Eberlé esculpió el busto de don Andrés Chazarreta, que está ubicado en la entrada del recientemente inaugurado Archivo Histórico de Santiago del Estero (se lo puede ver desde la vereda, en calle Mitre, entre 24 de Septiembre e Independencia, en donde fuera la casa del “Patriarca del Folclore”).

Eberlé recibió a EL LIBERAL en su atelier situado en su casa de Los Flores y concedió una entrevista en la que explicó la técnica que utilizó para elaborar el busto de quien fuera músico, investigador y difusor de la música folclórica argentina.

¿Cómo fue que nació la idea de hacer este busto de don Andrés Chazarreta?

Fue por iniciativa de Juan Manuel Viaña, el director del Archivo Histórico de la Provincia. Él se contactó conmigo y me encargó el busto. Él quería el busto resuelto de un modo similar al de un busto de Juan Felipe Ibarra que está en el interior del Archivo Histórico de Santiago del Estero. Ese busto de Ibarra fue hecho, hace muchos años, por don Roberto Delgado. Entonces, él (por Viaña) se contactó conmigo sabiendo que yo había sido amigo de “Tuti” (como llamaban al escultor Roberto Delgado) y que podía realizar un trabajo acorde a las características del busto de Ibarra.

¿Qué técnica utilizaste y qué elementos?

Utilicé la técnica del moldeado escultórico que me enseñara mi maestro “Tuty” Delgado. El busto fue moldeado en arcilla, moldeado en yeso y vaciado en cemento. Se hace un modelo en arcilla. Se lo hace al busto tal cual lo vez. Se lo resuelve en arcilla colocando adentro un soporte de hierro con taco de madera para estabilizar la arcilla cuando se carga. Se le va dando forma, básicamente, con la mano y con herramientas de mano como los devastadores y las estecas de diversas formas. Luego de eso, cuando el modelo está terminado, se procede a realizar el molde de yeso. Utilizo el yeso París. El yeso París es de un granulado muy fino. Es el yeso adecuado porque al tener un granulado fino permite la máxima captación de los detalles.

Por ejemplo, el yeso París puede captar una huella digital.

¿Luego, qué pasos se siguen en ese proceso de creación?

El paso siguiente es el moldeo. Y una vez que se tiene el molde se desarma el modelo en arcilla. Luego, dentro del molde, como es de yeso y el yeso es un material poroso, se lo impermeabiliza con un material casero que “Tuty” me enseñó a preparar y que se llama Estearina que no es otra cosa que cebo de vela con querosén. Se hace una especie de grasa y eso se aplica al molde con la función de sellar los poros. Una vez que se tiene eso, se aplica con brocha una capa fina de un cemento más bien diluido con arena fina, en una proporción de uno en uno. Luego, se aplica una capa más gruesa cuyo espesor oscila entre uno o dos centímetros de cemento concreto. Es para darle mayor consistencia y cuerpo a esa primera capa. En algunas partes, a veces, se le puede agregar un poco de hierro para sumar resistencia. Una vez que el cemento fragua hay que esperar entre cinco y siete días.

Y si uno quisiera aplicar color, es muy importante dejar secar bien.

¿Qué dimensiones tiene el busto?

Tiene 75 centímetros de alto por 1.40 de ancho y 1.35 de espesor de profundidad.

¿Sobre qué imágenes de Chazarreta has trabajado y cuál fue tu gran desafío?

He trabajado con seis imágenes. Como sucede con la historia de toda persona, hay muchos momentos y uno de los desafíos es escoger cuál momento de la vida vamos a elegir. Yo opté por la imagen más clásica para que se lo identifique.

¿Qué tiempo te llevó hacer el busto?

Estos trabajos, de modelado, llevan un mes. Las veces que me ha tocado tomar esto trabajos he tratado de que sean con el margen de tiempo suficiente para respetar los pasos de la técnica. Por ejemplo, los días de fraguado de cemento los tengo que respetar.

¿Esa imagen clásica del busto de Chazarreta que trabajaste lleva un mensaje?

No, ningún mensaje. Ahí, el parámetro ha sido el realismo; o sea, el mayor realismo posible. El mismo rostro de don Andrés ya dice muchas cosas. El pedido del director del Archivo Histórico de la Provincia fue que hiciera algo realista porque se quería hacer algo concordante con el busto de Ibarra que está en el interior del Archivo Histórico.

¿Cómo defines tu estilo de trabajo como escultor?

Me inclino por un realismo vinculado, si se quiere, al expresionismo o impregnado de metáforas. En este momento me viene a la cabeza un artista español, Antonio López, a quien conocí por don Mario Cerón. He visto las obras de López que me conmueven terriblemente porque no es un realismo fotográfico.

Él tiene una obra, “La Gran Vía”, que es un paisaje urbano de Madrid. Él estuvo pintando durante mucho tiempo. Uno ve eso y da la impresión de que es una foto, pero no es una foto. Lo que más me ha conmovido es que no hay una sola persona. El realismo que yo pretendo hacer es eso. En el caso del busto de Andrés Chazarreta, que fue un encargo, la técnica del modelado era la propicia para eso. 

Un atelier en el que la metáfora y el realismo conviven en varias obras


Roberto Eberlé, en su casa de Los Flores, tiene su atelier en un espacio de 10 metros de largo por 4,25 de ancho. En la planta baja (hay un entrepiso en el que tiene sus elementos para dibujar) están cuidadosamente ubicados varias de la esculturas que ha realizado, desde un busto e Roberto “Tuty” Delgado, su maestro, como también otras de Juan Felipe Ibarra, Juan Domingo Perón, Ernesto “Che” Guevara, Juan Ignacio San Martín (ingeniero, militar y político argentino que gobernó Córdoba entre 1949 y 1951) y Johannes Erwin Eugen Rommel (general y estratega militar alemán conocido como «El Zorro del Desierto»).

Trabajos con mensajes directos o a través de metáforas están ubicados en ese espacio que es su lugar en el mundo. Hay una cruz en la que aparece crucificado un ciudadano común, como un símbolo de la exclusión social y que denominó “Oración”.

Tiene allí su escultura “Parición de una utopía”, una alegoría acerca de que lo débil vence a lo fuerte. Pero, la casa de Eberlé es perfectamente identificable en la Manzana 18 de Lo Flores. Es que, en el ingreso, las paredes están revestidas con un trabajo escultórico en el que sobresalen el sol y la luna. Metáfora y realidad que definen un estilo de vida y de arte.

¿Qué parámetros artísticos tienes en cuenta con los trabajos que salen de tu sola inquietud?

Aparecen esculturas como “Parición de una utopía” (la tiene en su atelier) que está resuelta con un parámetro realista, pero es una metáfora; o aparece esa tortilla santiagueña transformada en un fusil, una escultura que se llama “Metamorfosis”.

Es un realismo que trata de ir más allá de la realidad, de hacer metáforas con una técnica realista. Yo trata de ir por ese lado. En cuanto al dibujo voy por ese lado, aunque en el dibujo me animó más a un realismo más expresionista. Ahí el realismo no es tan riguroso, soy un poco más suelto que en la cultura. También incursiono en la historieta, un arte que me gusta muchísimo por la capacidad que tiene de llegar a mucha gente, por la combinación de lo gráfico con lo escrito, que potencia más el mensaje. En una escultura, al significado hay que condensarlo en una forma tridimensional y, por ahí, no cualquiera decodifica eso. En una historieta hay más pistas para ayudar a una decodificación y a una reflexión en torno al mensaje. 

“El arte es como un barniz de belleza a mi angustia”


Roberto de Jesús Eberlé nació en La Banda. Es profesor de Historia y docente, en esa asignatura, en el Instituto Superior del Profesorado Provincial N° 1, en la Escuela Técnica “Santiago Barabino” (La Banda) y en el Colegio Juan Núñez del Prado (Santiago).

¿Cómo nace tu inquietudpor el arte y como lo concibes en el cotidianeidad?

Mi inquietud por el arte, felizmente, yo puedo decir que nace naturalmente. Desde chico me gustaba dibujar. El arte es uno de los ejes de mi vida. Yo tengo que vivir para hacer arte. El arte mitiga la angustia existencial de saber que voy a morir y que después no voy a vivir. Yo no tengo la suerte de ser creyente. No tengo fe en otra vida. Yo termino esta vida y punto. Por más que yo esté feliz, en este momento de mi vida lo estoy, pero basta con que pase por mi cabeza la idea de que en algún momento no voy a estar y eso me angustia. Y ahí viene el rol del arte: el arte es como un barniz de belleza a mi angustia. A esa angustia le doy un formato atractivo desde lo poético, desde lo visual y eso me ayuda a sobrellevar es angustia existencial. O sea, no es una angustia puntual, de que ha fallecido un pariente o tengo un problema de salud y estoy triste, sino que es esta es una angustia de saberme mortal. Para mí, la gran justificación del arte es esa. Eso es lo principal. Me salva. Gracias a eso no sé lo que es estar aburrido. Hay una película, “Náufrago” (con Tom Hanks), en donde está una persona sola, de pronta encuentra una pelota y hace arte. Crea un ser al que llama “Wilson”. Le hace una carita…ya no está solo. Al arte lo siento así, como una herramienta que me sirve para mitigar la angustia existencial. No anula la angustia existencial, sé que voy a morir, pero es como un barniz: no lo tapa, lo hace más digerible.

¿Todos esos trabajos que tienes en tu atelier son como tus “Wilson”?

Sí, sobre todo aquellos que surgen e mi iniciativa. Los que me encargan, no. Mi asignatura pendiente es enseñar todo lo que me han enseñado. Por suerte, estoy próximo a construir, en diagonal a mi casa, donde podré transmitir todo lo que he aprendido. l


Más noticias de hoy