Para vivir mejor psicología

Agorafobia: cuando el sujeto intenta huir de sus propios miedos

Por Lic. Mariano Vega Botter – Neuropsicólogo

-

QUÉ ES LA AGORAFOBIA?

La agorafobia es el miedo a las situaciones en las que la persona percibe que pueda resultarle difícil o embarazoso escapar, o pueda no disponer de ayuda en el caso de sufrir un ataque de pánico (crisis de ansiedad) o síntomas similares a este. Por ello, en este contexto el sujeto que la padece evita dichas situaciones o las soporta con un malestar intenso. El ataque de pánico es un episodio que en un primer momento es inesperado y que cursa sensación de ahogo, taquicardia, mareos, intranquilidad, sensación de irrealidad, así como con un intenso miedo a la pérdida de control (volverse loco o morirse).

DIAGNÓSTICO

Los criterios diagnósticos para la agorafobia según el DSM-IV-TR son: Aparición de ansiedad en lugares donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia, puede no disponerse de ayuda. Se intenta evitar estas situaciones o escapar de ellas, se soportan a costa de ansiedad intensa, o se hace indispensable la presencia de un conocido para que acompañe a la persona afectada. A pesar de que existen dos tipos de diagnóstico de la agorafobia en función de la existencia o no de crisis de pánico previas (agorafobia con o sin historia de crisis de pánico) lo cierto es que los casos de agorafobia sin historia previa de crisis de pánico son muy infrecuentes. En tales casos, es común que a pesar de que los afectados no hayan sufrido una crisis de pánico ellos mismos, hayan oído hablar de ella o la hayan observado en otras personas.

COMPONENTES

Hay que diferenciar la Agorafobia de la Fobia a los espacios abiertos. Éste último se define como el miedo a caerse o a los espacios abiertos en ausencia de apoyo viso-espacial cercano, con lo que caminan cerca de la pared por temor a caerse o temen las señales de espacio y profundidad al conducir. En la agorafobia pueden distinguirse varios componentes: La evitación a situaciones temidas Existen una gran variedad de situaciones temidas y que las personas con agorafobia acaban evitando por las reacciones que desencadenan. Algunos ejemplos comunes son: cines y teatros, supermercados, grandes almacenes, ascensores, también viajar en autobús, tren, avión o barco, andar por la calle, quedarse solo en casa, estar lejos de casa, hasta conducir o viajar en coche. Otro tipo de situaciones son: tomar baños calientes o saunas, hacer ejercicio, subir a juegos de parques de atracciones, tener relaciones sexuales, participar en discusiones, enfadarse, bailar, comer comidas pesadas, ver espectáculos deportivos emocionantes, ver películas dramáticas o de terror y beber café cargado o alcohol. Todas ellas relacionadas por las sensaciones que desencadenan o por la asociación a una experiencia negativa pasada. Las conductas defensivas Sin embargo, las situaciones no siempre se evitan, sino que se pueden afrontar con ansiedad y/o con conductas defensivas para prevenir o manejar la amenaza asociada a la ansiedad/ pánico. Ir acompañado de una persona de confianza o un animal doméstico, tomar medicación, beber alcohol o agua, comer algo, fumar, llevar objetos tranquilizadores, pensar en que se está cerca de un hospital o salida cercana, comprar solo a ciertas horas o escapar de la situación son algunos ejemplos de conductas defensivas. Éstas producen alivio inmediato pero contribuyen a mantener el problema. Mientras que las personas con una agorafobia moderada o grave evitan ambos tipos de relaciones expuestas anteriormente, las personas con trastorno de pánico con agorafobia leve o sin agorafobia tienden a evitar el segundo tipo de situaciones. La ansiedad anticipatoria Preocupación por experimentar un ataque de pánico o una fuerte ansiedad. Es una expectativa o anticipación de que ocurrirá un ataque o una fuerte ansiedad juntamente con la tendencia a temer las sensaciones corporales relacionadas con la ansiedad. El miedo al miedo Las personas con agorafobia tienen miedo a aquellas situaciones en las que pueden tener sensaciones de ansiedad o ataques de pánico. Suele surgir normalmente en situaciones externas temidas y también como consecuencia de las reacciones corporales producidas por el calor, el hambre, la fatiga, el estrés… que desencadenan a la vez reacciones corporales como debilidad en las extremidades, tensión, visión borrosa, malestar intestinal, dolor o tensión muscular o la sensación de nudo en el estómago o en la garganta. Se teme a las situaciones en las que se cree que puede ocurrir consecuencias dañinas o catastróficas de tipo físico (ataque cardíaco, tumor cerebral, muerte, desmayo) o mental (perder el control, volverse loco). Ataques de pánico o síntomas similares La gran mayoría de las personas que sufren agorafobia informan tener o haber tenido ataques de pánico. Éste consiste en un intenso miedo, terror o malestar acompañado frecuentemente con una sensación de peligro o catástrofe inminente y de un impulso a escapar. Los síntomas más frecuentes son: palpitaciones, mareo, dificultad para respirar, sudoración, temblores, el miedo a volverse loco o a perder el control y la despersonalización (extrañeza de uno mismo)/desrealización (irrealidad). Los ataques de pánico varían considerablemente de una persona a otra. Difieren en frecuencia de los ataques), la intensidad, la duración, en las reacciones somáticas, los pensamientos asociados, circunstancias de ocurrencia y predecibilidad (situacionales o espontáneos). Interferencia o deterioro producido por el trastorno En los casos graves las personas con agorafobia pueden pasar la mayor parte del tiempo en casa en compañía de familiares y llegar incluso al aislamiento total. Estas personas se ven incapacitadas para realizar actividades diarias.

SITUACIONES MÁS FRECUENTES A LA QUE TEME UN AGORAFÓBICO

A la persona que sufre agorafobia le da lo mismo si el lugar está abierto o cerrado, si hay mucha o poca gente…, lo importante para determinar si la situación es propiamente agorafobia es la “percepción” que tiene la persona de la imposibilidad de escapar o recibir ayuda en caso de que sea necesaria. Por ello, existen tantos tipos de pacientes agorafóbicos como cabezas “pensantes” hay en el mundo. No obstante, se pude establecer la siguiente lista de situaciones agorafóbicas frecuentes: Temor a estar solo (por ejemplo en casa, en el campo haciendo una ruta, etcétera). Temor a perder el control en un lugar público (en un restaurante, reunión de trabajo…). Temor a estar en lugares en donde la salida pueda ser difícil (como en la fila central del cine o el teatro, conciertos, etcétera).Esperando su turno en una fila. Medios de transporte (avión, coche, metro u otros). Lugares lejos de casa (por ejemplo por no tener localizados los centros de salud)

CAUSAS

El padecimiento de la agorafobia es consecuencia de la interacción de factores internos del individuo (rasgos de personalidad, etcétera) y factores externos (factores ambientales). De la combinación de ambos, podemos señalar el siguiente conjunto de factores de riesgo o causas de la agorafobia: Elevado rasgos de ansiedad (tendencia a interpretar las situaciones como amenazantes). Antecedentes familiares con trastornos de ansiedad. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir algunos trastornos emocionales como la agorafobia. Edad entre 18 y 35 años. Estar sometido a una situación estresante. Haber experimentado episodios con intensos niveles de pánico. Si los factores de riesgo son importantes no lo son menos los factores de mantenimiento que dificultan la desaparición del problema. Las conductas de evitación/ escape de las situaciones temidas son el principal factor de mantenimiento de la agorafobia, ya que no permiten al paciente adquirir estrategias para controlar la ansiedad, enseñándole al mismo tiempo que evitarlas es el mejor método para dejar de sentirla. También las ganancias secundarias (como por ejemplo mayor atención o compañía por parte de otros) actúan como principales factores de mantenimiento del mismo.

CONSECUENCIAS

La agorafobia tiene repercusiones negativas importantes para el individuo que la sufre, interfiriendo de forma significativa en su calidad de vida. Muchos pacientes con agorafobia sienten cómo su día a día se va limitando cada vez más, ya que dejan de realizar actividades que antes les gustaban por temor a la aparición de la ansiedad. Entre las principales consecuencias de la agorafobia destacan: Interferencia laboral (bajo rendimiento, pérdida de empleo). Interferencia social: dejan de quedar con amigos y de asistir a actos sociales, y se resiente la relación de pareja. Limitaciones para viajar: lo que implica una reducción de actividades gratificantes y en los casos en los que viajar sea necesario, problemas laborales. Problemas emocionales: dependencia hacia otros, sentimientos de culpa, baja autoestima, etcétera. Trastornos psicopatológicos: depresión, problemas de ansiedad, dependencia a sustancias (especialmente a ansiolíticos, etcétera).

TRATAMIENTO

El objetivo del tratamiento de la agorafobia es conseguir que el paciente se enfrente a las situaciones temidas controlando sus síntomas de ansiedad. El tratamiento neuropsicológico más eficaz es la terapia cognitivo conductual, que en algunos casos debe combinarse con el tratamiento farmacológico indicado por el psiquiatra. Desde la psicoterapia se entrena al paciente en la adquisición de las habilidades necesarias para la exposición programada y controlada a la situación temida. Entre dichas estrategias se incluyen el control de las sensaciones físicas de ansiedad derivadas de la agorafobia mediante técnicas de relajación, la gestión del pensamiento antes, durante y después de la exposición, así como el entrenamiento en habilidades cuya ausencia puede exacerbar los síntomas de la ansiedad (por ejemplo entrenamiento en habilidades sociales en el caso de un paciente en el que la ausencia de las mismas incremente sus niveles de ansiedad). Es muy importante que el paciente con agorafobia aprenda a no evitar ni escapar de estas situaciones, pues de lo contrario se sensibilizaría al miedo. Por ello, dichas situaciones deben jerarquizarse entre paciente y neuropsicólogo según el nivel de ansiedad que el afectado experimente al exponerse a las mismas. Incluso es frecuente que en los primeros momentos de la psicoterapia, el neuropsicólogo necesite del apoyo de un acompañante terapéutico (AT) para acompañar al paciente a exponerse a dichas situaciones.

 
Compartí
esta nota

También te puede interesar